Andrea González Mesén.4 julio, 2016
Dormir, siestas
Dormir, siestas

Una siesta breve, de no más de 20 o 30 minutos, puede aumentar el estado de alerta, la concentración y la atención por hasta cuatro horas; además, aumenta en un 10% la capacidad de aprendizaje. Así lo afirma Matthew Walker, psicólogo e investigador de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos (EE.UU.), quien ha realizado varios trabajos en torno al tema.

Estos minutos de descanso durante el día son necesarios para evitar que se sature el almacenamiento de información en la memoria a corto plazo. Son favorables para dar espacio a nueva información y poder asimilarla de mejor manera.

Si bien es un espacio reparador, la Escuela de Medicina de Harvard y la Clínica Mayo corroboraron en investigaciones paralelas que la siesta debe durar entre 20 y 30 minutos. De lo contrario, puede causar somnolencia.

En esta misma línea, la Fundación Nacional del Sueño de EE.UU. recomienda dormir ese lapso en el día, "para mejorar el estado de alerta y el rendimiento sin quedar aturdido o que interfiera con el sueño nocturno". Precisamente, la idea es no llegar a la fase de sueño profundo, lo que provoca que al despertar la persona sufra dolor de cabeza o la sensación de "cuerpo cortado".

Una siesta corta también protege al corazón. Así lo plantea una investigación publicada en la revista Archives of Internal Medicine, en el cual observaron que dormir 30 minutos en la tarde, por lo menos tres veces a la semana, reduce en 37% el riesgo de muerte por una enfermedad cardiovascular.

"La siesta produce el mismo efecto que una aspirina o el ejercicio, pues da una sensación de tranquilidad y reduce la presión arterial", afirma el doctor Dimitrios Trichopoulos, de la Escuela de Salud Pública de Harvard y autor del trabajo.

Se ha visto que reduce el estrés, ya que durante ese breve periodo de sueño se libera la hormona de crecimiento que, entre otras funciones, inhibe los efectos del cortisol, hormona responsable del estrés y de la debilidad del sistema inmunológico.

Cuestión de hormonas

Que el sueño baje justo después de almuerzo no tiene nada que ver con lo que se ha comido. La siesta responde a un fenómeno fisiológico, según explica el doctor Jorge Lasso, neurofisiólogo de la Unidad del Sueño del Hospital del Trabajador en Chile.

"Tenemos un ritmo biológico que nos mantiene despiertos o dormidos a lo largo del día. En eso influyen algunas hormonas, como los corticoides, que tienden a aumentar en las mañanas y sufren una caída entre las doce y las cuatro de la tarde. Eso es lo que produce la sensación de somnolencia", afirma.

Eso explica, por ejemplo, que los accidentes sean más frecuentes en ese horario, al igual que en la madrugada (entre las cuatro y las ocho de la mañana).

El gran problema en la actualidad es que la dinámica de las sociedades modernas no da espacio a la siesta. En países como Japón o EE.UU. hay empresas que han establecido normas al respecto, y con buenos resultados en cuanto a productividad.