GDA .3 septiembre

Ocurre cuando las arterias que suministran sangre al músculo cardíaco se endurecen y se estrechan debido a la acumulación de colesterol u otros materiales. A medida que avanza el problema, fluye menos sangre al corazón, lo que puede provocar dolores de pecho y, en el peor de los casos, un infarto.

Se trata de la enfermedad coronaria o aterosclerosis. Hasta ahora estaba ampliamente aceptado que la genética tenía un rol importante en su aparición, pero un estudio presentado recientemente en el Congreso Mundial de Cardiología, llevado a cabo en en París, reveló que el estilo de vida sería más determinante.

La investigación descubrió que el sedentarismo, el tabaquismo, la presión arterial alta, la diabetes y el colesterol elevado tienen una influencia más fuerte que la genética en la aparición de la enfermedad coronaria en personas menores de 50 años.

El hallazgo es relevante si se toma en cuenta que esta afección aparece cada vez con mayor frecuencia en este grupo etario. De allí que los investigadores se interesaran en estudiarla.

Gonzalo Martínez, académico del Departamento de Cardiología de la Facultad de Medicina de la U. Católica, lo reafirma. “Con esto se visibiliza un problema que es real”, dice.

“El infarto o los ataques cerebrovasculares (consecuencias de la enfermedad coronaria) están ocurriendo en menores de 50 años, algo que vemos cada vez con mayor frecuencia en la práctica clínica”, afirma.

Hoy, dice el médico, se sabe que el 15% del riesgo de la patología está dado por los genes. “Pero es interesante descubrir que esa posibilidad es mucho más marcada en quienes tienen factores de riesgo tradicionales y, lo que es peor, que la suma de todos estos es mucho más peligrosa”.

Hábitos vs. genes

En el nuevo estudio participaron 1.075 pacientes menores de 50 años, de los cuales 555 padecían enfermedad coronaria. Los investigadores compararon sus factores de riesgo asociados al estilo de vida y su carga genética con los de otros 520 voluntarios sanos. Los datos se analizaron bajo un sistema de puntuación de riesgo.

En ambos grupos, la posibilidad de desarrollar la enfermedad aumentaba exponencialmente por cada riesgo adicional: tres veces más con un factor de riesgo, siete veces con dos factores y 24 veces con tres factores. Pero además, cuando los investigadores compararon el estilo de vida con la carga familiar, los resultados arrojaron que si bien la genética podía ayudar a predecir la aparición de la enfermedad, su importancia decrecía conforme aumentaba el número de factores de riesgo asociados a los hábitos.

“Los hallazgos demuestran que los genes contribuyen a la enfermedad coronaria, pero en pacientes con dos o más factores de riesgo de estilo de vida, la genética juega un papel menos decisivo”, dijo el doctor João Sousa, cardiólogo del Hospital Dr. Nélio Mendonça (Portugal) y autor principal del estudio.

Mauricio Fernández, cardiólogo de la Clínica Alemana, dice que el estudio también proporciona una fuerte evidencia de que las personas con antecedentes familiares de enfermedad cardíaca deberían adoptar un estilo de vida saludable, ya que sus hábitos podrían contribuir aún más al desarrollo de problemas cardíacos.

“Esto nos dice que si tengo una carga genética, pero además le agrego que soy fumador y sedentario, por ejemplo, la posibilidad de tener un evento cardíaco es muy alta”, dice Fernández. “La suma de los dos es muy potente”, agrega.

En su opinión, el hallazgo también sugiere que el personal médico debe poner más énfasis en controlar los factores de riesgo de este grupo de pacientes. “Identificar a estas personas y hacer que modifiquen su estilo de vida puede determinar que logren saltarse su historia familiar. Ellos deben ser controlados con mucha más energía”, concluye el médico.

''Los hallazgos sugieren que los comportamientos saludables deberían ser la mayor prioridad para reducir el riesgo de enfermedad cardíaca, incluso en los pacientes con antecedentes familiares".

Copyright Grupo de Diarios América - GDA/El Mercurio/Chile