Sofía Alvarado.21 febrero

Existen señales que pueden ayudar a distinguir el apetito emocional, del apetito físico y real. Si usted es de las personas que cuando tiene días malos, busca comer alimentos grasos o dulces, haga una pausa y pregúntese ¿De verdad necesito comerme esto? Porque posiblemente, la única razón por la cual su cuerpo le está pidiendo este tipo de alimentos, sea para poder sobrellevar las emociones negativos que está teniendo ese día, a esto se le conoce como apetito emocional, y realmente el no saber controlarlo, podría ser muy perjudicial para su salud.

A diferencia del apetito físico, que tiende a aparecer de manera gradual, la persona comienza a sentir hambre pero puede esperar para comer, lo cual da algo de tiempo para escoger prudentemente y saciar el apetito con algo saludable.

Comer por estrés por lo general provoca un antojo de algún alimento con azúcar, grasas y alto en calorías (como el chocolate, por ejemplo). Sin embargo, cuando se está físicamente hambriento, la persona está dispuesta a considerar varias opciones que satisfagan su apetito físico, lo que significa que es más probable que tome una mejor decisión.

Una vez satisfecho el apetito físico y cuando el estómago está lleno a gusto, es señal de que ya se ha comido lo suficiente. Sin embargo, cuando las emociones son el motor, es fácil ignorar lo que dice el estómago y se come mucho más tratando de sentirse mejor. Comer por estrés puede levantar el ánimo momentáneamente, pero después, con la misma rapidez, el sentimiento de vergüenza y culpa aparecen.

Con el fin de lograr y mantener una dieta saludable le proponemos algunas ideas para poner en práctica y así evitar la conducta de comer emocionalmente o por estrés:

Llevar una agenda de comidas: Una agenda de comidas puede ser realmente útil para que vea qué es lo que provoca que coma por estrés. Cuando sienta la necesidad de comer, tome nota de qué tanta hambre siente con una escala del 1 al 10 (1 = me desmayo de hambre; 10 = estoy tan llena que ya no me entra la ropa). Después anota cómo se siente en ese momento.

- Admitir sus sentimientos: Si usted es consciente de que las emociones son lo que detonan que coma por estrés, entonces ¿Por qué no aceptarlo? Es bueno sentirse a veces enojado, solo o aburrido. Los sentimientos pueden ser desagradables, pero no son peligrosos y no siempre necesitará “repararlos” comiendo.

- Trabajar en habilidades de adaptación: Cada vez que come como reacción al estrés, es un recordatorio de que no puede controlar sus emociones. Cuando le afecte el estrés, intente preguntarse: “¿Qué es lo peor que puede pasar si no como?” Si, su nivel de estrés podría aumentar un poco, pero el sentimiento pasará. Practique tolerar sus emociones o encontrar otras maneras de hacer frente a su estrés.

- Encontrar alternativas de comida: Tómese unos momentos para reflexionar sobre sus sentimientos y piense en formas para resolver su problema. Haga una lista de las cosas que puede hacer en lugar de comer, como salir a caminar, escuchar música o meditar.

- Olvidar los malos hábitos: Quienes comen a causa de sus emociones continuamente refuerzan la idea de que la mejor forma de tratar las emociones negativas es con comida. Al igual que otros malos hábitos, comer por estrés ocurre antes de que tenga oportunidad de pensar en ello. Por lo tanto, necesita olvidarse de los malos hábitos y ponerse a hacer algo diferente cuando tiene un mal día.

- Esperar hasta que pase: Las personas que comen por estrés a menudo temen que, si no satisfacen las ansias de comer, el antojo empeorará. No obstante, cuando practican tácticas dilatorias, a menudo se sorprenden de que el antojo simplemente desaparece. En vez de rendirse inmediatamente a las ansias, hágase la promesa de que esperará unos minutos y dejará que el antojo desaparezca.

No se deje dominar por sus sentimientos, ni por la comida, basta con tener un poquito de fuerza de voluntad para saber afrontar esas duras situaciones de la vida cotidiana.

Fuente: Ana Cristina Gutiérrez, nutricionista de Herbalife