Mónica Morales.22 junio

Las mujeres tenemos un papel clave en la salud de todo nuestro núcleo familiar. Generalmente somos nosotras quienes se preocupan por la alimentación sana de cada uno de los miembros del hogar, por inculcar buenos hábitos, e incluso sobre nosotras suele recaer el cuido de las personas con discapacidad.

De acuerdo con la Federación Internacional de Farmacia (FIP), las mujeres son parte fundamental de la cadena de salud, pues en la mayoría de casos de ellas depende la correcta administración de los medicamentos en el hogar; esto porque se constituyen en las cuidadoras formales o informales más cercanas a los profesionales de salud.

“Debemos hacer conciencia del valor de la mujer en la farmacia, en la ciencia y, sobre todo, en el hogar, concientizando sobre la importancia de empoderarlas y de brindarles información para que sigan contribuyendo con la salud desde el interior de sus familias. Esta contribución es crucial, aunque muchas veces es invisibilizada, y ellas cuentan con poco apoyo, por lo que la idea es que trabajemos juntos para mejorar el uso de los medicamentos y la salud en general”, resaltó la doctora Lidieth Fonseca, vicepresidenta de la Junta Directiva de la FIP.

En el caso de la población adulta mayor, que también puede tener un consumo importante de medicamentos dentro del hogar, Fonseca destaca que entre el 57% y el 81% de sus cuidadores son mujeres.

“Estos porcentajes evidencian la importancia de que las mujeres cuenten con apoyo de los farmacéuticos en este rol, para tener la suficiente y adecuada información que les permita tener un impacto positivo. Normalmente, en estas fechas se trabaja en promover más espacios y equidad para las mujeres en la salud y ciencia, pero también debemos visibilizar estos otros roles clave de ellas desde el hogar”, agregó la doctora.

Es indispensable que la mujer tenga una buena educación y concientización en temas de nutrición, salud, administración y adhesión de medicamentos, control de citas médicas, identificación de síntomas de enfermedades, entre otros, tanto para cuidar de ella como para prestarles atención a las necesidades de su familia.

“La evidencia es clara: invertir en las mujeres como parte de la fuerza laboral, o como cuidadoras dentro de la comunidad, refuerza ese acceso equitativo a la salud y es esencial para alcanzar las metas de cobertura universal”, concluyó Fonseca.

Salud de las cuidadoras

Dolor de espalda, insomnio, ansiedad, alteraciones en la vida familiar, cansancio, depresión y disminución del tiempo de ocio son algunas de las consecuencias que padecen quienes dedican su tiempo a cuidar de otro ser humano con alguna dependencia.

Este es un trabajo arduo que provoca sobrecarga física y emocional, tanto así que la mujer se puede convertir en una enferma secundaria y padecer el “síndrome de cuidador”, caracterizado por agotamiento y estrés constante.

Cuanto mayor sea la dependencia del paciente, más serán las consecuencias en la salud de la cuidadora. La responsabilidad puede provocar un estrés financiero, pues muchas mujeres deben dejar su trabajo para volcarse a atender a su familiar.

Una de las afectaciones más comunes que vive el cuidador es el estrés. La psicóloga Claudia Guillén explica que “cuando se produce una situación de alerta, nuestro cerebro envía un mensaje para liberar cortisol. Esta hormona hace que el organismo libere glucosa en la sangre para enviar cantidades masivas de energía a los músculos que nos permitirá huir o luchar; de esta manera el individuo puede manejar eventos que ocasionan mucha presión”.

Por su parte, la psicóloga Andrea Aguirre recomienda tomar períodos de descanso mínimo una o dos veces al año y que sean una verdadera desconexión de la rutina. “Hay que apoyarse en los grupos familiares para que el cuidador principal tenga su tiempo libre y se desvincule”, señala.

“Si esa persona ya está sufriendo el síndrome del cuidador, es momento de hacer un alto en el camino y empezar a tomar acciones para cambiar la situación”, recomienda Aguirre.

Asimismo, investigaciones demuestran que las cuidadoras tienen mayor riesgo de presentar problemas médicos como abuso de alcohol, tabaco y drogas, trastornos de ansiedad, cáncer, diabetes, enfermedades cardíacas, acidez estomacal, infecciones, obesidad, dolores musculares o de cabeza, estrés y depresión.

Por ello, es importante que las personas que velan por otros empiecen a velar también por sí mismas y tengan sus controles médicos al día.

¡Cuide de quien cuida!
  • Coma sano: mantenga una dieta sana y equilibrada que incluya todos los colores y grupos de alimentos.
  • Haga ejercicio: por su salud, debe realizar ejercicio moderado al menos 4 veces por semana. Caminar entre 30 y 60 minutos diarios es una buena rutina.
  • Busque terapia psicológica: conversar con un profesional le ayudará a lidiar con la carga.
  • Visite a su médico: aun si no cree estar enferma, es importante que se realice los exámenes periódicos de rutina.
  • Tome vacaciones: ser cuidador es un trabajo arduo, pida ayuda para tener unos días libres y poder tomar unas vacaciones restauradoras.
  • Descanse: asegúrese de dormir el tiempo necesario para que su cuerpo recargue energías.
  • Dedíquese tiempo: tome algunos minutos para hacer las cosas que le gustan (leer, bailar, ver películas, hacer jardinería, etc.).
  • Relájese: medite, haga yoga, coloree libros o practique la respiración consciente para eliminar el sestrés.

Fuentes: Dra. Lidieth Fonseca, vicepresidenta de la Junta Directiva de la Federación Internacional de Farmacia; Claudia Guillén, psicóloga (tel.: 8488-2649); y Andrea Aguirre, psicóloga del Hospital Clínica Bíblica (tel.: 2522-1000).