Andrea González Mesén.29 noviembre

Puede que muchas lo hayamos visto sin percatarnos de lo que realmente era y muchas veces confundirlo con el acné. La rosácea es una coloración rojiza en las mejillas.

En algunos casos pueden presentarse pequeños granitos o bombitas que hace pensar que se trata de acné. Sin embargo, si se observa de forma detenida se pueden ver pequeños vasos sanguíneos justo debajo de la piel.

Los casos más graves, puede afectar la barbilla, la frente, la nariz, las orejas y otras superficies de la piel. Puede afectar los ojos, los párpados y causar engrosamiento de la piel sobre la nariz.

¿Qué lo genera? No se sabe a ciencia cierta. Sin embargo, hay teorías que indican que en parte podría ser una condición genética, ya que puede darse en familias.

Se relaciona la rosácea con el sistema inmunológico, debido a que su aparición va en muchas ocasiones de afectaciones autoinmunes como la diabetes tipo 1 y la esclerosis múltiple.

Los medicamentos (como los antiinflamatorios tópicos) y los antibióticos pueden reducir el enrojecimiento y la inflamación, pero no hay cura.

La Universidad de Harvard afirma que muchas personas logran reducir los signos de rosácea modificando su dieta al evitar los alimentos que la desencadenan.

La rosácea afecta a más de 14 millones de personas en los Estados Unidos, incluidas algunas celebridades, como Bill Clinton y la difunta Diana, princesa de Gales. Y si bien no es peligroso, puede tener un impacto cosmético significativo.

Se cree que la cafeína, la exposición al sol, los alimentos picantes y los factores hormonales pueden desencadenar el desarrollo de la rosácea o empeorarla una vez que está presente. Sin embargo, un nuevo estudio desafía la conexión entre la cafeína y la rosácea.

¿Más café, menos rosácea?

Un estudio reciente analizó los datos de salud de las encuestas realizadas a 83,000 mujeres durante más de una década y encontró que quienes tomaron cuatro o más tazas de café por día tuvieron significativamente menos probabilidades de reportar un diagnóstico de rosácea que aquellas que bebieron poco o nada de café.

La ingesta de cafeína de otros alimentos o bebidas (como el chocolate o el té) no tuvo ningún impacto en la probabilidad de desarrollar rosácea.

Se cree que la inflamación impulsada por el sistema inmunológico juega un papel importante en la rosácea.

Muchas personas con rosácea (o antecedentes familiares de la enfermedad) que les gusta el café pueden evitarlo debido a la idea generalizada de que el café lo empeorará. Los hallazgos de este estudio sugieren que eso no es cierto.