Mónica Morales.19 septiembre

Los linfomas son un tipo heterogéneo, diverso y amplio de cáncer que afecta, mayormente, al sistema linfático, el cual se encarga de defender al organismo contra agentes externos. Sin embargo, es común que se vean afectados otros órganos.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 450.000 casos de linfomas se detectan al año, a nivel global.

Existen dos clasificaciones de los linfomas. La primera corresponde a los no Hodgkin, los cuales se catalogan de acuerdo con el tipo de célula (T o B). Alrededor del 80% de los LNH son de células B grandes, incluidos los foliculares; en Costa Rica la incidencia de este linfoma es de 6,6 por cada 100.000 habitantes (368 casos nuevos por año).

La segunda clasificación corresponde al linfoma de Hodgkin, el cual es uno de los tumores más curables. Por lo general, se diagnostica cuando la persona tiene entre 20 y 40 años de edad.

Diagnóstico oportuno

Los especialistas hacen énfasis en la importancia de un diagnóstico temprano, el cual es fundamental para mejorar el pronóstico del paciente. Entre las pruebas más relevantes destacan:

  • Examen físico completo: incluye examinar todas las posibles áreas con nódulos. 
  • Historial médico del paciente, incluyendo los síntomas. 
  • Biopsia: de los ganglios linfáticos inflamados o de otras áreas anormales detectadas previamente. 
  • Análisis de sangre: ayudan a conocer cuán avanzado está el linfoma. 
  • Estudios por imágenes: como tomografía axial computarizada, para ver el detalle de los nódulos linfáticos y/u otros órganos implicados. 
Síntomas del linfoma
Síntomas del linfoma
Tratamientos innovadores

Las opciones de tratamiento para un linfoma folicular o no Hodgkin dependen de varios factores, entre ellos: el tipo y estadio, preferencias del paciente y estado general de su salud. Actualmente, existen los siguientes tratamientos:

  • Quimioterapia: es el principal para los linfomas no Hodgkin, incluido los foliculares. 
  • Radioterapia: tratamiento principal individualizado para los LNH muy localizados. Se administra después o en complemento a la quimioterapia. También, se recomienda para aliviar a pacientes con enfermedad avanzada. 
  • Terapia dirigida e inmunoterapia: las terapias dirigidas apuntan a los genes o proteínas específicas del cáncer o a los tejidos que contribuyen a su supervivencia. Este tratamiento bloquea el crecimiento y la diseminación de las células cancerosas y limita el daño de las células sanas. Los anticuerpos monoclonales son la principal terapia dirigida que se usa en estos casos.  

Según comentó la doctora Alejandra López, gerente médico de hematología de Roche Centroamérica y Caribe (CAC), las terapias dirigidas están compuestas por anticuerpos monoclonales, elaborados a partir de organismos vivos, que se dirigen a las células malignas y bloquean su crecimiento y diseminación. Además, limitan el daño de las células sanas; por su lado, la inmunoterapia, contempla el uso de ciertas sustancias producidas por el cuerpo o fabricadas en un laboratorio especializado, para mejorar o restaurar la función del sistema inmunitario en su ataque contra las células cancerosas.