Irene Rossi.5 septiembre

Klimt contemporáneo de Freud, ciertamente experimentó las influencias de la psicoanálisis. Fue de hecho en 1901 que Freud escribió “Psicopatología de la vida cotidiana” en una Viena de finales de 800’ en donde nacen nuevas conquistas científicas, biológicas y descubrimientos en el ámbito medico. Ésta nueva corriente, irrumpe para quedarse y se declara portadora de un nuevo observar lo que está escondido, poniendo así el acento sobre temas de Eros, Psiche, y de las energías de vida y muerte.

Una de las obras maestras de un Klimt simbolista maduro es “Vida y muerte” del 1908-1913, una potente alegoría de ambos conceptos donde aparece visiblemente la dicotomía entre el significado y el significante, entre lo que parece y lo que es interpretable, entre colores y espacios. Por un lado la muerte del otro lado la vida, dos perfectas mitades de un mismo motivo que se manifiestan de la mejor manera. La vida en sus diferentes facetas, el nacimiento, el crecimiento, la muerte. En esta representación Klimt no quiere considerar la muerte perteneciente a la vida sino la considera como algo de extraño, algo lejos, aislada.

Obra de arte de Klimt
Obra de arte de Klimt

Del lado izquierdo La Muerte: una calavera que se mofa volviendo su cuerpo hacia la vida, está vestida con un mantel de tintas frías azules y moradas, decorado por innumerables cruces. A la derecha ocupando más de la mitad de la obra, abriendo así un sentido de esperanza al observador, encontramos La Vida representada por un coágulo de cuerpos entrelazados, una célula multicolor compuesta por nueve seres, la mayoría mujeres y dos hombres de éstos un niño. Estos están en un estado de no vigilancia, están dormidos, gozan de un sueño seráfico. Enredados los unos con los otros como si fueran un saco amniótico, simbolismo máximo de La Vida, no pueden darse cuenta de la presencia de la muerte no miran, no ven, tienen los ojos cerrados. La vida es serena y todos los personajes parecen abrazarse los unos con los otros en un abrazo inquebrantable con una actitud de protección reciproca como de fuerza solidaria que une la vida y la protege de la amenaza de la muerte. Esta célula de la vida brilla de motivos decorativos orgánicos y geométricos siguiendo el estilo muy propio del pintor.

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Freud nos recuerda como es imposible dividir el Eros del Thanatos (vida y muerte), las dos fuerzas pulsantes que mueven el individuo, y como éstas están íntimamente unidas, siempre presentes la una en la otra. Se enfrentan en un universo atemporal sin ninguna referencia de tiempo o espacio.

Klimt cumple un proceso de abstracción y simplificación; las componentes figurativas se reducen a la descripción de pocos elementos que definen el cuerpo, todo el resto es decoración que fluye armoniosamente sobre la superficie bidimensional del cuadro. Ésta es la fuerza y singularidad de Klimt, aquella que expresa los dramas y los misterios de la vida a travez de un estilo decorativo y estético que alivian las tensiones.

Esta obra de arte se encuentra en el Museo Leopold de Viena, aquí se conserva la más grande colección del mundo de las obras de Egon Sciele, extraordinario estudiante de Klimt.