Allan Fernández.16 agosto

El título de hoy procede de una canción del guitarrista John Mayer, de cuya letra deseo extraer un par de reflexiones potencialmente útiles. Hoy no voy a escribir sobre las parejas que terminan e intentan transformar lo que tenían en una especie de amistad, de esas ya hablé en otro momento: “Intentemos ser amigos”. Hoy me voy a concentrar en las relaciones de amantes que finalizan.

Deseo recomendarles una película. Lleva por título “Une liaison pornographique” (en español la tradujeron como “Una relación privada”). No quiero ser “spoiler”, así que solo les contaré que relata la historia de dos personas que desean emprender una relación de amantes. SOLO una relación de amantes. Pero como casi todo en esta vida, no es tan importante cómo empiezan las cosas, sino cómo finalizan. Véanla. Es realmente interesante, sobre todo desde un punto de vista erótico-psicológico.

Que tantas relaciones de amantes surjan de relaciones de amistad previas podría resultar cuestionable. El mismo Facebook vino a complicarlo todo: ahora a cualquier conexión se le llama “amistad”. “Somos amigos en Facebook”. ¿Eso qué significa? ¿Te interesa realmente lo que le sucede a las 4999 personas a las que les aceptaste su solicitud? Por supuesto que no. Odio sonar como un viejito -de algún modo ya lo soy- pero no le podés llamar amistad a eso. O, lo que sí podríamos hacer es restarle importancia a las relaciones de amistad. Ahora todo es una amistad. La persona que te cedió el asiento en el tren es tu amiga. El que frenó para permitirte que cruzaras es tu nuevo amigo y así. Como podrán ver, algo que pareciera semántico tiene su importancia. Pero no entré a criticar los modos en que las redes sociales han venido a transformar las relaciones sociales. A eso pienso entrarle de otro modo y con mucha mayor profundidad. Los mantendré al tanto...

¿Cuál sería el peor desenlace para una relación de amantes? “Que se acabe”, pensarán algunos. No, creo que no. Lo peor que podría suceder es que una de las dos personas quiera algo más y la otra persona no. En la vida real, las emociones de las personas no siempre se sincronizan. De hecho sucede poco y cuando sucede es porque se han vivido en conjunto toda una serie de eventos. Cuando vean la película lo podrán observar con claridad. El amor, o el afecto profundo hacia otra persona, en algunas situaciones más que un potenciador se convierte en un problema. Voy a dejar de referirme a ella ya que se las estoy contando a poquitos...

En ese aciago momento en que los dos ya no sienten lo mismo, se requiere de la fortaleza de los participantes, ya que lo que allí se decida irremediablemente traerá consecuencias -así como lo ya sucedido-. Me gusta mucho una parte de la letra de la canción de John: “cualquier cosa que no sea un ‘sí’ es un ‘no’, cualquier cosa que no sea ‘quédate’ es un ‘vete', cualquier cosa que no sea un ‘te amo’ es una mentira”. Preciosa serie de palabras. Crudas, realistas, apasionadas. Tenía razón Fito Páez: las mejores canciones de amor suelen ser las de desamor. El amor solo tiene dos finales: se transforma o desaparece. De ahí el título. No existen los términos medios. O sos o no sos. O somos o no somos. O estamos o nos alejamos. Psicología de parejas 101, versión principiantes.

Se que al escribir esto voy a recibir algún comentario -quizás por mensaje privado, ya que en este país no es tan fácil observar a alguien asumiendo ser parte de una relación de amantes- de alguien que sí ha logrado que su relación de amantes se mantenga con el tiempo. No lo pondré en duda. Pero que a esa persona le suceda no quiere decir que será el desenlace de toda relación.

¿Me permiten transcribir otro fragmento de la canción? Gracias: “me susurras ‘quedáte conmigo’, porque te has tomado dos tragos. Mañana por la mañana volveré a despedirme para siempre”. Y sí. Todos conocemos esas relaciones en las que nos despedimos 40.000 veces y nos arrepentimos 40.001. Algunas no terminan mal. La gran mayoría sí.

¿Pero saben qué es lo más triste de todo esto? No se necesita ser parte de una relación de amantes para vivir -padecer- de este tipo de dinámicas. He escuchado muchísimos relatos de personas que se quedan por lo poco que reciben, sean matrimonios, noviazgos, compromisos y convivencias. Tuvieron que ir a hablar con este psicólogo para confirmar algo que sé que siempre supieron: lo que sienten no es proporcional a lo que siente la otra persona, a lo que suelo confesarles: “no sé cómo transformar lo que el otro siente por vos”. Será mejor diseñar una retirada honrosa...

Allan Fernández, Psicólogo Clínico / 8835-5726 / www.facebook.com/psicologoallanfernandez