Allan Fernández.28 enero

Los padres queremos que nuestros hijos se parezcan a nosotros. Es así, lo confiesen o no. Sentimos en nuestros hijos una especie de extensión de nosotros. Y lo son, genéticamente hablando, pero no solo por eso. Cada uno de ustedes -y yo- provenimos de un árbol genealógico. A través de la savia de dicho árbol -para algunos será un roble o una secoya, para otros una matilla ahí toda hecha leña-, nos fueron traspasados sueños, cosmovisiones, síntomas y leyendas. Vean que hasta nos “zampan” un apellido. Somos... en cuanto procedemos de otros. Esos otros, de modo consciente o no, nos heredaron: propiedades, deudas, mitos, sueños no cumplidos, ideales, etc.

¿Cómo se asegura el sistema que sus reglas sean transmitidas? Diseña “tuberías” por las que la información correrá, de arriba hacia abajo. El sistema educativo juega un rol fundamental, pero no es la primera fuente de acceso. La familia, al llegar uno a la escuela, ya se ha encargado de instalar cientos de aplicaciones -y uno que otro virus- en nuestro sistema operativo.

Un par de colegas norteamericanos, Carlson y Sperry, publicaron, a fines del siglo XX, un libro titulado: “La pareja desordenada”. (mala traducción de “The Disordered Couple”). La premisa del texto es la siguiente: toda relación amorosa parte de un pacto -en algunos casos consciente, en la mayoría inconsciente-. En este pacto, cada uno cuenta con la esperanza de ser “socorrido” por el otro. Dicho de otro modo: cada miembro de la pareja, reconociendo las dificultades inherentes de su existencia, busca a alguien cuyas habilidades les permitan “lograrlo”, convirtiéndose en una especie de ser completo: 2 se convierte en 1.

Hasta que no lea el libro no podré emitir criterio. Lo que sí puedo asegurar es que, luego de todos los años que llevo sentado en la silla de mi consultorio, esto que proponen se escucha con suma frecuencia. El -la- consultante, al momento que vuelve a ver mi dispensador de “kleenex” -no creo que requieran publicidad, pero no sé cómo llamarlos-, inicia, más o menos así: “esto se siente como si le arrancaran a uno un pedazo”. Recién graduado pensé que lo decían de un modo poético. Hoy creo saber de donde proviene esta dolorosa percepción sensorial...

Según el informe del Pew Research Center (2014), en Costa Rica el 87% de los ciudadanos aseguran profesar la fe cristiana -católicos incluidos-. Haciendo números así a la carrera, si la muestra estudiada es representativa -espero que sí-, esto quiere decir que de cada 10 personas que asistieron a mi consulta, a recuperarse de algún quebranto amoroso, 8 provendrán de “familias cristianas”.

Vamos al texto base de la cristiandad. En Colosenses encontramos esta joya: “Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el Señor. Esposos, amen a sus esposas y no sean duros con ellas” (tiene usted razón, al esposo no le solicitan someterse). Y esta del Génesis, ¿qué tal?: “De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre, el cual exclamó: Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará mujer porque del hombre fue sacada”. Como no entendí por qué Adán le llamó “mujer“, busqué su raíz etimológica.

“Mujer” proviene de “mulier” (latín): blandengue, aguado. Eso algún peso debe generar, a nivel de imaginario social. No me extrañaría que esta “explicación histórica” a las mujeres las inste a esmerarse en ser elegidas por alguien de quién -en el mejor de los casos- se convertirán en un pedazo, o a los hombres les enseñen que sus futuras parejas son apartados de ellos, miembros, anuentes y hasta obligadas a aceptar sus designios. Adán y Eva no serán los padres de la raza humana, pero sin duda representan el arquetipo de la dependencia emocional.

En estos momentos, alguien, luego de empuñar el rosario -si es católico- (los cristianos no sé qué utilizan), piensa: “obvio que esas frases pertenecen a un lenguaje que debe ser contextualizado. Nadie las toma de modo literal”. ¡¡¡Perfecto!!! Entonces, ¿por qué algunas partes sí las toman literalmente, como, por ejemplo, la definición de familia? Nos enfrentamos a un broncón: algunas partes de la biblia son metafóricas y otras literales. ¡Pónganse primero de acuerdo!

Siglo XXI... ya estuvo bien de tantos mitos neurotizantes.

Allan Fernández, Psicólogo Clínico / (506) 8835-5726 / Facebook / Blog personal