Allan Fernández.6 septiembre, 2015

Plantea el gran pensador griego Aristóteles, en una de sus célebres obras -"Metafísica"-, que la vista, por sobre el resto de nuestros sentidos, goza de gran privilegio, ya que gracias a este poder "ver", construimos los objetos -vivos e inanimados- que nos rodean, podemos observar sus especificidades. Los notamos. Aquel que pensó por primera vez que "todo entra por los ojos", quizás era un asiduo estudioso de la filosofía.

Les propongo un pequeño ejercicio: cerremos los ojos y recordemos qué sentimos la primera vez que vimos a nuestra actual pareja... eso sí, seamos honestos. No salgamos con el típico "al principio ni te noté". Conocer a esa persona implicó, en ese momento, construirla dentro de nosotros (en nuestro cerebro diríamos los menos románticos, en el alma dirán los más inspirados). Luego, si hicimos lo correcto y esa persona nos lo permitió, pudimos, en cada encuentro, re-conocerla... conocerla de nuevo y, gracias a esto, permitir que sus características, rasgos y peculiaridades, se convirtieran en parte de nuestro mundo. Sus filias y sus fobias, como bien las llama el músico Fito Páez.

¿Cómo podría haber notado yo la presencia de esa persona, si no fue gracias al sentido de la vista? Se que algunos recordarán la sensación de haber escuchado su risa, o, conectando aún más con nuestro lado instintivo, su aroma, pero es muy probable que, acto seguido, esa risa y ese aroma nos llevó a "buscar" al ser que emitía dicho sonido u olor. Tuvimos que VER. Era necesario.

Son ya varios años los que he tenido el honor de recibir a cientos de visitantes, los cuales, asisten a mi consulta a resolver sus conflictos amorosos, sus "enredos". En un gran número de ellos, principalmente los que sufren de falta de atención, esta frase aparecerá tarde o temprano: "siento que ya no me determina, ya no me ve igual", o, si el que asiste es el que perdió el interés, "creo que he dejado de admirar a mi pareja".

El término "ad-miración" es maravilloso. Etimológicamente ad-mirar implica observar de cerca, observar con atención. Su definición conlleva experimentar la sensación de fascinación. Cuando admiro algo, todos mis sentidos hacen de dicho objeto lo único importante. Fascinarse implica abstraerse. Se que me encuentro fascinado cuando todo lo demás pierde importancia. Esta extraña sensación la observamos con suma frecuencia en los niños y, solo como hipótesis, podría relacionarse con el estado de enamoramiento, el cuál no debe ser confundido con el de amor.

El anglicismo "fan" puede ser traducido tanto como "aficionado", así como "fanático". ¿Qué es un fan? Alguien que se aficiona, alguien que desea saber todo sobre alguien -o sobre algo-, alguien que coloca algo -o a alguien- en un lugar de privilegio. Un entusiasta, un adepto, un amante. ¿Entienden ya hacia dónde me dirijo?

Si eso que admiro del otro es temporal, todo parece indicar que aquello por lo que hoy admiro aesa persona, dejará de ser causal de admiración en el futuro. Admirar la belleza estética, admirar la potencia atlética, admirar la capacidad de aguantar el estar de fiesta sin parar, admirar el trabajo de alguien o sus posesiones, nos condena, tarde o temprano, a experimentar el dolor que genera reconocer que aquello que nos fascinaba, podría dejar de ser importante. He aquí una gran enseñanza del Budismo: todo lo temporal será causa futura de sufrimiento.

¿Quieren saber qué admiro yo de las personas que admiro, he admirado y muy probablemente continúe admirando? Su propia capacidad de admirarse. Cuando conozco a alguien apasionado, alguien que continúa buscando, que continúa deseando, dichos rasgos despiertan inmediatamente la sensación de admiración. Cada vez que me he tropezado con alguien así (desde los buscadores espirituales hasta mi esposa, pasando por mi hija y uno que otro pensador), no tengo ningún reparo en convertirme en su fan.

¿Sentís que tu pareja está dejando de ser fan tuyo? Antes de montarte una escena tragicómica, preguntáte si has dejado de sentir admiración. Yo, cada vez que observo a alguien que deja de admirar, pierdo el interés en continuar admirándolo, y por ende, en dedicarle tiempo. Y, viéndolo desde el otro punto de vista, ¿estás dejando de ser fan de tu pareja? ¿Estás perdiendo el interés? ¿Estás dejando de admirar-lo(a)? Preguntáte en qué cambió esa persona... y en qué estás cambiando vos.

Allan Fernández, Psicólogo Clínico / (506) 8835-5726 / Facebook / Blog personal