Allan Fernández.2 julio, 2018

Las posibilidades de terminar una relación y que ambas partes estén de acuerdo son escasas. Casi siempre habrá alguno que deseaba continuar, o, al menos, quería evitar el esfuerzo de empezar otra relación. Para algunos amar es demostrar dicho estado. Para otros, es esperar que el otro lo demuestre.

Escena hipotética (conocida por todos): la conversación final de una relación amorosa. Silencios incómodos. Bajonazos de presión arterial. Mocos van, lágrimas vienen. Palabras de más. Exaltación. Drama. Furia. Enojo. Tristeza. Desconcierto. Extravío. Tiempo después, ya no queda más que marcharse, o pedirle al otro que lo haga. Se acabó. Aquello que una vez fue motivo de ilusión, hoy se convierte en fuente de dolor. Es que nadie presupuesta el fracaso de su relación. ¿Razones para que no funcione? Algunas veces no te ayudó el otro. Algunas veces no te ayudó el entorno. Algunas veces no te ayudaste vos.

Ahora sí, entrémosle al famoso duelo. Característica distintiva: DUELE (no fue casual el colocarle “duelo” por nombre). Los duelos duelen. Un duelo que no duela no es duelo. ¿Y por qué duele? Fácil. Duele ya que la ausencia del objeto amado nos recuerda algo terrible: nuestro proyecto fracasó. Allí donde antes colocábamos a ese ser amado, hoy lo que nos quedó es un vacío, una ausencia... un hueco. A los humanos no nos gustan los vacíos. Nos asustan. Nos vuelven pesimistas. Nos entristecen. Nos duelen.

A las 2 o 3 semanas de terminada la relación, sobre todo si la terminaste vos, surge un curioso fenómeno, el cual suelo llamar ”la amnesia de los 15 días”. Cuando llevás varios días de haber terminado, tomando en cuenta que, según vos, contabas con suficientes razones para terminar semejante práctica de masoquismo, sucede algo peculiar: empezás a olvidar por qué decidiste terminar la relación. Los defectos de tu “ex” mágicamente desaparecen, o, más sospechoso aún, se transforman. Aquello que hace un par de semanas te ayudó a alejarte, hoy no lográs recordarlo. Hace dos semanas era una loca. Hoy solo recordás su pasión. Hace 15 días estabas segura que era un agresor. Hoy pensás que quizás solo era un tipo intenso. Hace algunos días te sorprendía su extraño amor por tu suegra. Hoy te genera ternura recordar cómo estaba tan pendiente de la santa señora. Hace dos semanas era la peor pareja sexual de la historia. Hoy es recordado como un ser de luz, desapegado de todo instinto carnal.

En esta fase que recién describí han regresado millones de parejas, esperanzadas en que dos semanas haya sido el plazo necesario para lograr mejores resultados. Pero no. Vuelven a reproducir aquello que no funcionó. Semanas después se constata que sí estaba loca, sí actúa de modo agresivo, sí está enamorado de la mama sí es sexualmente torpe. Es justo en este punto donde algunas parejas empiezan el nada agradable ritual de los pleitos y reconciliaciones. Se embarcan en una dinámica destructiva que raras veces logra mutar hacia algo sano. Cada nuevo pleito se devalúa la relación. Cada nueva reconciliación se degradan los personajes.

¿Y cómo se cura uno del duelo?”, podría preguntarse alguien. No hay forma de curarse, ya que, el duelo, es, en sí, un intento de nuestra mente por recuperar el equilibrio perdido. Atravesar un duelo es ir del dolor a la calma. De la locura a la tranquilidad. Requiere paciencia, valentía, fuerza y sobre todo honestidad.

El duelo pasa por etapas: me entristezco, me enojo, me autorecrimino, me resigno y me restablezco. ¿Cuánto dura este proceso? En algunos, semanas. En otros, meses. En algunos, años. Dependerá de la seriedad con que se toma y los recursos emocionales con que cuenta el doliente. Todos querríamos no tener que enfrentar un duelo. Algunos incluso han llegado a pensar que la persona con la que estuvieron ni siquiera merece semejante monto de dolor. Sin embargo, aquello que fue importante y hoy ya no está, requiere de un duelo como proceso de recuperación.

¿Cómo sabemos que hemos atravesado un duelo? Cuando ya no está presente el odio, ni el resentimiento. ¿Cómo podemos lograr que el duelo no se extienda? Respetándolo. Cada vez que te acercás a ese objeto que perdiste interrumpís el proceso del duelo. Cada vez que observás el muro de facebook de la expareja, frenás el proceso. Cada vez que intentás ser amigo de tu expareja, sin haber permitido que el duelo se desarrolle, te estás condenando a un duelo innecesariamente prolongado. Cada vez que pasás a visitar a tu exfamilia política, solo lográs que el sufrimiento persista.

Duelo es pérdida. Se pierde la relación. Se pierde la pareja. Se pierde la familia de la pareja. Se pierden amigos. Se pierden lugares de reunión. Se pierde. Pero no todo debe ser pérdida. No deberíamos perder dignidad, amor propio, autocompasión.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8835-5726 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez