Allan Fernández.4 agosto

Tal parece que mostrarse intenso genera algún malestar. Propongo un escenario hipotético: si nos vimos ayer, la pasamos bien y hoy querría repetir la experiencia, ¿qué se supone que debo hacer? ¿Por qué querría dejar de disfrutar de algo tan placentero?. Entonces, ¿cómo controlar la ansiedad, la falta de concentración, la distracción, el insomnio, etc.?

No son dos ni tres las personas que asisten a consulta, los cuales me solicitan ayudarles a entender por qué será que su pareja les recetó el diagnóstico de INTENSOS/INTENSAS. Yo, la primera vez que me interpelaron al respecto, no entendía qué tenía de malo ser intenso. De lo que he comprendido hasta hoy es de lo que se tratará esta publicación.

Las personas intensas quieren estar en contacto todo el día con su “otra mitad”. Acá alguien piensa, “eso no es cierto, con que me escriba cada vez que se conecte a Whatsapp es suficiente”. Pobre la persona que se haya conectado y no haya enviado, al menos, una carita tirando un besito. Ese ser se metió en un broncón gigante. La molestia da paso a la paranoia , “si no entra para comunicarse conmigo, con quién está hablando?”. Ya lo había trabajado en un escrito anterior. Cada vez que desconocemos lo que sucede en la realidad, inventamos alguna explicación, por lo general, pesimista.

"¿Está mal querer pasar tiempo con la persona amada?", se pregunta -me pregunta- alguien en estos momentos. Pues no, claro que no. Sin embargo, tendríamos que definir "pasar tiempo". Intentemos cuantificarlo. ¿Pasar tiempo con la pareja se refiere a una hora al día, dos, doce, veinte? La belleza de contar con una pareja estriba en no perder. Muy por el contrario. Cuando estás con la persona indicada, irremediablemente ganás. Sin embargo, ganar no implica fundirse con el otro. "Yo sabía, al solo leer el título, que se pondría a favor de los tipos que le tienen miedo al compromiso. Pobrecita la esposa de este tipo y la hija. Deben pasar solitas toda la vida". ¿Pensó usted eso? Tranquilícese. No me estoy poniendo a favor de nadie. Estoy tratando de compartir un par de ideas.

Si tu vida no te agrada, si vos no te agradás a vos mismo, entiendo perfectamente que andés buscando a alguien con quién distraerte. ¿Distraerse de qué? De tus responsabilidades. Del esfuerzo que tenés que comprometer para contar con una vida plena y suficiente AMOR PROPIO (la plenitud y el amor propio suelen aparecer juntas). Andás buscando a alguien que te quiera, que te haga feliz, que te entretenga. En síntesis:andás buscando un perro . Tu vida se ha convertido en un proyecto inconcluso y, debido a esto, fantaseás con que alguien venga a finalizar, de buen modo, aquello que te toca a vos. Suena bien, pero difícilmente va a suceder. Es una fantasía. Y es que entre la fantasía y la realidad se encuentran varias dolorosas decepciones de por medio.

Por supuesto que coincidir con una persona que desee construir conmigo es toda una motivación. Si el refrán “el que busca, encuentra” fuese una máxima universal, todo el mundo andaría emparejado. Me gusta mucho más lo que plantea el budismo ZEN: “el mejor modo de encontrar es no buscar”. Muchas veces, buscar es intentar forzar algo que aún no debe suceder. Lo que aparece en tu vida es lo que debe aparecer. Lo que no está allí aún, no está ya que aún no ha sucedido lo necesario para que eso aparezca.

Hace algunos años publiqué algo que causó controversia. Fue algo más o menos así: “las personas desbalanceadas atraen personas desbalanceadas. Las personas que han trabajado en su balance emocional no van a poner en riesgo lo obtenido solo por tropezarse con alguien que les guste. Cuando hayamos alcanzado el equilibrio, resultaremos atractivos para personas equilibradas”.

Continúo pensando lo mismo. El problema no es la intensidad. El problema es la falta de madurez emocional. Es que la verdadera epidemia no es la intensidad, es la inmadurez psicoemocional. Existen muchas personas emocionalmente infantiles: hombres y mujeres. Por fuera parecen personas adultas. Han alcanzado un buen nivel socioeconómico, cultural, financiero, etc. Sin embargo, cuando comparten el por qué desean emparejarse, no termina uno de entender si andan buscando pareja o más bien a papá y/o mamá.

Mala señal el experimentar ansiedad, angustia, pánico o ahogo cada vez que tu pareja no se encuentra cerca tuyo. . Cuando estás con la persona indicada, lo que se experimenta es tranquilidad, seguridad, ganas de construir. En síntesis: paz.

¿Queremos una persona madura la cual amar? Maduremos. Resolvamos nuestras carencias emocionales infantiles. Una persona emocionalmente adulta no necesita una pareja. Desea una pareja para continuar creciendo. La presencia de dicho ser potencia nuestras cualidades y su ausencia no nos destruye.

Allan Fernández, Psicólogo Clínico / 8835-5726 / www.facebook.com/psicologoallanfernandez