Allan Fernández.9 diciembre, 2015

A mí mi esposa me gustó desde que la conocí, allá por los noventas, al coincidir en la universidad. Como ya les confesé en otro momento, por mi esposa hasta asistí a conciertos de músicos de salsa. Yo tenía que asegurarme estar presente. La presencia, en términos de conquista, lo es todo. Esa estrategia de “voy a hacer que me extrañe” no le ha resultado casi a nadie. Devotamente la acompañé a una serie de eventos a los que no habría asistido de no ser por ella. Me volví figura infaltable en los teatros josefinos, sin ser el teatro un espectáculo que me atraiga demasiado. Es probable que si me hubiera invitado a algún retiro espiritual habría ido... afortunadamente mi esposa no es religiosa.

En algún momento, sin tener muy claro el por qué, empezamos a ser mejores amigos. Para mí era todo un honor. Ya con ese grado había logrado mucho más de lo que había presupuestado. Ya era su mejor amigo. Si las cosas hubieran quedado allí, lo habría tomado como una victoria. Pero no. Yo insistí. Le pedí 3 veces que fuera mi esposa. Las 2 primeras no obtuve respuestas favorables. Pero a la tercera lo logré. Otro día les cuento más en detalle. Hoy quiero llegar a otro punto.

La pregunta no se hace esperar: ¿fui realmente su amigo? Teniendo claro hoy que siempre tuve otros propósitos al estar cerca de ella, ¿se me podría considerar un amigo? ¿es eso un amigo, un tipo que simplemente espera el momento adecuado? ¿podés ser amigo de alguien que te guste? ¿Ustedes qué piensan?

Dejando viñetas anecdóticas de lado, hoy deseo señalar algo que escucho en la consulta con demasiada frecuencia: "doc, ¿usted cree que mi expareja y yo podamos ser amigos?". Tengo más de quince años de recibir consulta y aún no me acostumbro a semejante interpelación. Sigo sintiéndome algo incómodo cada vez que siento tener que responder. ¿Qué respondo?, se preguntarán ustedes. Ahorita les digo.

Con la amistad sucede algo, pareciera obvio. La amistad humana excluye el elemento de la sexualidad. Se que somos amigos en la medida que no se percibe tensión sexual alguna entre nosotros. Con tequila o sin tequila, luego de experimentar una decepción amorosa o sin quebranto amoroso como atenuante, no se siente en ningún lado la necesidad de revolcarse a la persona que tenés al frente. Ese ser, esa persona que considerás amiga o amigo, no te atrae. La o lo querés, pero no te atrae. Casi casi podríamos asegurar que tus amigos son como ángeles... no porque siempre están allí, sino porque, según la mitología judeocristiana, los ángeles no poseen género sexual.

Alguien en este momento piensa: "este tipo piensa esto porque está muy viejito. Nadie le ha contado que existe una nueva categoría: los amigovios". Claro que conozco a los amigovios (el término en inglés no lo voy a utilizar, ya que alguien podría sentirse ofendido). Los recibo en consulta con mucha frecuencia. Por lo general me visitan una vez reconocen no poder mantenerse como amigovios. Es que en algún momento caen en cuenta que no les alcanza. Desean algo más y... casi siempre, su amigovi@ no.

No. Lo siento pero no. De haber vivido una relación sentimental hasta la amistad, el camino que separa estos dos estados es largo, sinuoso y algunas veces fatal. No podés ser amigo de alguien que hasta hace unas horas era tu pareja sentimental/erótica. Se que muchos lo han intentado, pero, en su gran mayoría, han terminado malheridos, hiriendo, o malheridos e hiriendo. Esas exparejas que hoy vemos comportándose civilizadamente y hasta con cierto aprecio, son aquellas que, con madurez y responsabilidad, se separaron tanto como fuese necesario para sanar sus heridas. Transcurrido ese tiempo (semanas, meses, años, décadas, una vida entera), y si tu expareja "se apunta", podrían intentar una especie de amistad. Léase bien. Una especie de amistad. Amigos amigos difícilmente terminen siendo. Pero pueden sostener algo cordial y agradable.

Recuerdan párrafos atrás que les iba a confesar qué le contesto yo a mis consultantes, cada vez que me preguntan si podrán ser amigos de sus exparejas en el corto plazo? Pues bien. Si han venido leyendo con atención, habrán descubierto mi respuesta.

Allan Fernández, Psicólogo Clínico / (506) 8835-5726 / Facebook / Blog personal