Por: Allan Fernández.  8 junio

¿¿¿Cómo???, pero, ¿no es este el que escribió “En Defensa de la Soltería”? Diay, ¡¡¡Que se decida!!! Pues sí, sucede que yo soy quién escribió eso. Así que si gusta se sienta con calma y me permite justificar el por qué de tan incendiario título.

Varios pensadores, filósofos, científicos sociales y hasta literatos han venido denunciando, desde hace mucho tiempo, el influjo que la sociedad genera en nosotros. No solo somos seres sociales, sino que pensamos, sentimos y hasta anhelamos lo que el sistema desea que pensemos, sintamos y anhelemos. Desde los que sostienen que somos simples conejillos de indias, en manos de inescrupulosas élites de poder, hasta los que consideran que nuestra única solución es irnos a vivir a alguna comuna bien hippie y autosostenible.

Algo es seguro: aquello que deseamos alguien lo deseo por nosotros. Solemos pensar que lo que buscamos en nuestra vida es producto de nuestras necesidades. Pero no es así. La mente humana -no entrenada- es ridículamente influenciable. En mis tiempos de facultad nos asombrábamos con la publicidad subliminal. Hoy en día, las campañas publicitarias ya no necesitan hacer el esfuerzo de solapar una imagen para crear una pseudo-necesidad. ¿No me creen? Recuerden al tipo que estuvo a punto de ser presidente de nuestro país. Conclusión: si realmente fuésemos conejillos de indias, hoy en día somos mucho más amaestrables que en otros momentos. Somos conejillos de menor calidad... cognitiva.

¿Cuál es el propósito de una vida humana? ¿Trabajar? No. Eso es demasiado básico. ¿Procrear? Parece que cada día resulta menos atractivo. ¿Conocerse a profundidad? Algunos incluso lo consideran un mal a evitar. ¿Emparejarse? Detengámonos aquí un momento. ¿Qué dice de una persona el que se encuentre -o no- en una relación?

¿Es realmente tan difícil emparejarse? ¿Con la cantidad de gente que nos rodea? ¿Con el obsceno número de redes sociales y portales para conocer personas? No lo creo. Estamos rodeados de “usuarios“, “perfiles“ y “avatares”, conectados todo el día y en constante interacción. Que de toda esa cantidad de homo sapiens merodeando nuestra periferia no surja alguna persona medianamente interesante me parece difícil de aceptar.

Yo tengo una hipótesis. No se me ocurrió a mí. Solo cobró sentido en algún momento de reflexión: en esta sociedad contemporánea, si no lográs que alguien quiera estar con vos -de algún modo-, empezás a sentirte juzgado. Te ponés paranoic@. Pero voy a ir un poquito más allá: si no estás con alguien que podás “lucir”, poco importa si contás con un trabajo prometedor, una familia equilibrada, un sitio donde vivir y una serie de pasiones por alimentar. Tu educación, tu apariencia física, tus expectativas e intereses valen poco si no lograste, con todo eso, engatusar a alguien para que te acompañe en momentos de soledad y/o aburrimiento.

¿Recuerdan a las famosas “trophy wives? Bueno, no se han extinto. Existen miles aún. Las esposas jovencitas de tipos hechos leña pero con alto poder adquisitivo. Pues bien, pienso que muchas -subrayo: MUCHAS- personas andan buscando -y aceptarían- a alguien, casi que a cualquiera, ya sea que se asuma como trofeo o que acepte tomarnos como tales. Nos volvimos objetos fotografiables. Se de personas que ayer no durmieron, anhelando el momento en que puedan cambiar la foto del Whatsapp por una en que no salga únicamente el/la insomne.

Bien lo decía un querido profesor de antropología cultural: privilegiamos el TENER por el SER. Se trastocaron los valores. TENER pareja es la meta, a toda costa, a cualquier costo, sin importar cuánta dignidad u orgullo haya que empeñar con tal de lograr tan “sacro” objetivo existencial.

Privilegiemos el SER. Aprendamos a SER equilibrados, ecuánimes, completos. Dejemos de SER objetos de uso, desechables, diseñados para llenar el vacío de alguien que, a falta de SER, no le queda más que TENER que buscar atención en redes y espacios sociales.

La soltería es un fracaso... para el que no ha aprendido a amarse. Para el que lo que los otros piensen es lo más importante. Para el que es constantemente dominado por sus carencias afectivas. Para el que no TIENE su destino claro. Para el/la que su soltería significa “NO SER”.


Allan Fernández, psicólogo clínico / 8835-5726 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez