Por: Allan Fernández.  Hace 6 días

La emparejada en los tiempos de redes sociales. ¿Nos volvimos más malportados o contamos con más recursos para cometer fechorías? No lo sé. No me queda más que echar mano a lo que estudio y a lo que escucho en la clínica. Entonces, si tenemos claro que lo que estoy a punto de compartir no detenta el grado de ley universal, podremos, con mucho cuidado, iniciar un ejercicio de reflexión grupal.

Hablando de entretenimientos, deseo empezar proponiendo lo siguiente: aburrirse es importante para el cerebro. En los niños es fundamental vivir periodos de aburrimiento. Los obliga a buscar algo qué hacer, ergo, activa su creatividad. Contamos en nuestro cerebro con un sistema llamado “red neuronal por defecto”, el cual, activado, promueve la creación de escenarios posibles, soluciones al estado actual. Miles de grandes ideas, de esas que cambiaron el curso de la historia, provinieron de personas insatisfechas con su estado actual.

Ahora, no existe algo así como una relación 100% placentera. Nos enfrentaremos constantemente a situaciones que incidirán en nuestro estado emocional. Y ni siquiera me refiero a asuntos propios de la pareja. Vivimos en un entorno en el que diversos factores afectan nuestro equilibrio: la economía, el tráfico, el clima, las noticias, los políticos y fanáticos religiosos, etc. Como podrán ver, del aburrimiento a la insatisfacción podemos brincar en segundos.

Acuñamos el término “microinfidelidad” para designar “pequeños” actos a lo interno de una pareja en la que uno -o ambos- muestran un interés más allá de lo amistoso por alguien externo a la relación, pudiendo ser ese interés físico o emocional. ¿Por qué entrecomillé “pequeños”? Lo hice ya que, por lo general, son pequeños para el que los comete y casi nunca para el otro miembro de la pareja. Confesión clásica en la consulta: “preferí no contarle porque sabía que se iba a enojar”. Fatal. Si sabías que se iba a enojar y no le dijiste, tenés conciencia de que lo que acaba -o está a punto- de suceder, va a dañar, de algún modo, a tu pareja. El cometer dicho “pequeño” acto, pareciera, no te hizo reparar en las consecuencias del mismo.

¿Cuándo un acto se convierte en una microinfidelidad? No creo que podamos establecer una métrica exacta. Diría que una microinfidelidad no es un acto tendiente -necesariamente- a desembocar en una infidelidad clásica, esa que involucra el choque de miembros genitales con algún nivel de cadencia. De hecho, si colocásemos el coqueteo en un extremo de una línea y la infidelidad en el otro, la microinfidelidad estaría un poquito más corrida del lado del “flirteo”.

Se lo que están pensando. Piensan que soy tan pero tan inocente que creo que el coqueteo no aspira a algo más. Pero no, el coqueteo suele ser un medio. Sin embargo, aunque ustedes no lo crean, en algunas personas se convierte en un fin en sí mismo. Quiero decir que he escuchado a decenas de personas que con el rush de adrenalina resultante de estar mensajeándose con quién no deberían hacerlo, se sienten más que satisfechos. No faltarán los y las que incluso aseguran que las microinfidelidades más bien favorecen la emoción de la pareja. “Es como la pornografía, pero más interactivo”, confesó alguien alguna vez en mi consultorio.

No necesitamos un doctorado en psicología para percibir cuándo nuestra pareja está perdiendo interés en el proyecto. No deseo ofrecer ejemplos, para no alimentar la paranoia de nadie, pero se que ustedes saben a qué me refiero. Tampoco se requiere un alto grado de intuición. Conocemos el estado usual de nuestra pareja, sus actos, sus reacciones, sus rituales. Cuando dicho comportamiento cambia, más que buscar el modo de revisar el celular del otro -práctica muy mal vista y legalmente peligrosa-, tendríamos que sentarnos a conversar. Sin dramas, sin hiperventilaciones, sin paranoias. Como adultos, buscando siempre el bienestar de ambos.

¿Y lo del sentido común? Pues bien. Insisto con mis consultantes en que todos estos problemas de pareja a los que nos enfrentamos, se habrían evitado si utilizásemos con más frecuencia nuestro sentido común. Si a mí me molestase que mi pareja hiciera algo, yo tendría que abstenerme de hacerlo. Puro y llano sentido común. “No hagás lo que no te gustaría que te hicieran”. Mi hija lo entendió antes de ingresar a la primaria.

El infiel se aburre rápidamente, solo funciona cuando las cosas marchan a su favor. Y cuando esto deja de suceder, su aburrimiento y su insatisfacción estimulan su “creatividad”, la cual utiliza para convocar a más personas a su aburrida e insatisfecha vida. Dependiendo de la situación, planteará escenarios de diferentes tamaños: micros y macros. Se engañan y engañan a otras personas. Les falta madurez. Les sobran carencias afectivas. “Los jugadores solo te aman cuando están jugando” (Fleetwood Mac).

Allan Fernández, Psicólogo Clínico / 8835-5726 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez