Por: Allan Fernández.  29 junio, 2016

No importa cuántos años lleve recibiendo consulta. Existen enigmas que aún no logro contestarme. Uno de ellos: ¿por qué desearías estar con alguien que no sea afín a vos? Será que me excedo en practicidad, pero no le veo el sentido. ¿No sería más fácil intentar formar una relación con alguien que comparta mis gustos y búsquedas? Sí, yo sé. Si buscamos un clon puede que nos aburramos pronto.

Esta anécdota la he compartido algunas veces con mis queridos consultantes. En aquellas épocas prehistóricas en las que aún no habían inventado el Kindle, cuando tenías que esperar a ser atendido, no te quedaba más que:

1. Socializar con la persona que estaba sentada a la par tuya, o

2. Leer lo que tenían a disposición.

Mis destrezas sociales nunca han sido mi fuerte. La opción 1., para este que escribe, casi nunca es una opción. La opción 2., con todo y los riesgos que conlleva, es casi siempre la elegida. Algún día, en alguna sala de espera de algún consultorio odontológico, tenían una selección de revistas totalmente ajenas a mis intereses. Desde "El fascinante mundo de la ortodoncia", hasta la nada atractiva "Mecánica Popular", pasando por "El Estado de la Nación" de hace más de una década. Un par de ejemplares de "Atalaya", algún catálogo de jeans colombianos "levanta traseros" y el infaltable "Escuela para Todos". Cuando estaba a punto de desistir y ponerme a hablar con el señor sentado a mi lado, observé, escondida bajo las revistas, una agenda vieja. Sí, raro, yo sé. Una agenda de hacía varios años, sin usar. Era una de esas agendas que traen frasecillas "célebres" para cada día. Como sabía que pronto me atenderían, elegí un día "random" (como dicen ahora los jóvenes). No recuerdo el día que surgió. Sí recuerdo perfectamente la frase: "SI DESEAS ESTABLECER UNA RELACION AMOROSA, DEBES ENCONTRAR A ALGUIEN CUYOS DEFECTOS TE MOLESTEN LO MENOS POSIBLE" (Anónimo).

Créanme, esa frase fue más importante que el par de calzas que me aplicaron. Esa tarde salí con la boca sedada y la mente intranquila. Lo curioso de este epifánico tropiezo era que esa noche me tocaba ir a "marcar" (dícese del ritual de ir a visitar a la persona que estás cortejando, usualmente a la casa de los suegros). Pasé toda la noche observando a mi novia de aquella época. Lo que observé... no es necesario ventilarlo por acá.

Si a tu pareja le gusta salir a correr 12 kms. a las 4am y a vos te gusta acostarte a las 3.30am, allí aparece un elemento a considerar. ¿Está mal que alguien quiera correr con ese frío? No, claro que no. ¿Está mal que alguien sea más productivo de la media noche en adelante? No, tampoco está mal. Si a vos lo mejor que te puede pasar es terminar cada año en alguna playa y a tu pareja le gusta asistir a los servicios religiosos del 31, los cuales van terminando como al mediodía del 1ro., allí encontramos un posible factor desequilibrante. ¿Está mal lo uno u lo otro? Es obvio que no. Todos tenemos derecho a que nos guste lo que nos gusta.

Resulta evidente que la diversidad de visiones de mundo enriquece el espacio compartido. Sin embargo dicha diversidad no debería colocarnos en lugares opuestos. Todos tenemos defectos. Algunos ya los notamos. Otros solo los notan los que nos rodean. A mi esposa le parece una pérdida de tiempo que yo gaste dos horas de mi vida viendo la final de futbol de la segunda división. ¿Cómo no darle la razón? Sin embargo, en la medida que nos aseguremos que nuestros espacios compartidos no corran peligro, esas dos horillas a mí me entretienen y le dan a ella la posibilidad de hacer algo que le guste mucho. Yo no necesito que ella se siente conmigo a padecer tan folclórico espectáculo balompédico. Para considerar casarme necesitaba un rasgo fundamental en la futura “Sra. de Fernández” (ella odia que yo la vacile con tan ridículo título): requería de alguien independiente, por ende madura y, para que el proyecto no costara mucho, que no perdiera la paz por mis miles de defectos y que a su vez pudiera aceptar mis opiniones.

Pues sí, a mi esposa le gustan las películas dramáticas europeas, contesta las llamadas de su celular por altavoz, ama la música tropical, se duerme hasta muy tarde, etc. Sin embargo, todo eso, sumado, no contrarresta todo lo que ha compartido conmigo a través de los años. Su paciencia. Su solidaridad. Su sana compañía. Su nítida forma de mostrar interés. El hecho de que no le guste ir al Festival de la Luz. Es que hasta se ha sentado ratitos a ver baseball conmigo!

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8835-5726 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez