Allan Fernández.28 octubre, 2015

¿No les parece a ustedes que las relaciones de pareja se parecen a Halloween? Procedo...

Disfrazarse parece ser el punto más atractivo, tanto de niños como de adultos -aquellos que se permiten actuar como niños-. El 31 de octubre nada es suficientemente estrafalario, ridículo, impropio. Tal pareciera como si algunas personas utilizan esta festividad para dar rienda suelta a su deseo de trasvestirse. En el fondo, como bien decía Jean Baudrillard, uno de mis filósofos favoritos: "todos somos travestis". Todos queremos lucir lo que no somos. Todos pensamos que lo que somos no es suficientemente llamativo. De ahí que querramos, al cubrir nuestra imagen, ocultar lo que en realidad somos o, al menos, cómo creemos vermos.

El inicio de casi cualquier relación amorosa se parece muchísimo a una mascarada. El día que vas a salir con esa persona que tanto te gusta, te vas a disfrazar. "Nada que ver", piensa alguien en este momento. "Yo siempre me muestro totalmente trasparente". Si usted no ha logrado pasar de la primera salida, bien podría deberse a esa ciega fe en la trasparencia. Seamos honestos. La seducción requiere de edición. Cuando yo salí por primera vez con la que hoy es mi esposa, afirmé, sin ningún miramiento, mi pasión por el teatro, pasión que no termina de aflorar, casi 25 años después. Ese día me metí las faldas. Muy probablemente me rasuré. Le di descanso a mis tennis y, demostrando un total compromiso, incluso me puse un pantalón sin huecos. Si eso no es compromiso, entonces no se qué será.

Todos nos disfrazamos, consciente o inconscientemente. El éxito que se obtenga de esos primeros encuentros, guardará relación con cuánto lograste acercarte al ideal de esa persona que tanto te gusta. Yo por mi esposa hasta fui a escuchar a Rubén Blades! No, no se ofenda. Me parece bien que a usted le guste dicho artista. Solo espero que no le moleste que a mí no. Pedro Navaja me tiene harto.

Recuerden sus primeras salidas con esa persona que tanto les gustaba. ¿Te corrió la silla cuando te sentaste? ¿Te molestó que tirara la puerta de tu carro? ¿Demostró interés al escuchar tus historias? ¿Te dejaba hablar? ¿Sabía usar los cubiertos correctamente? ¿Llamó a su mamá en medio "date"?

Si la persona con la que salís realmente te interesa -ergo, te atrae-, esas primeras salidas fueron un baile de disfraces. Ese no eras vos. Intentaste parecerte a quien pensabas que podría serle atractivo a esa persona que te atraía. Y eso no está mal. Si observan el reino animal, reino al cual pertenecemos, existen cientos de estrategias de seducción (las plumas del pavo real, el pecho hinchado de algunas aves, la violencia mostrada por los alces al enfrentarse a sus pares, etc.). Esa primera noche, yo quería hablar del nuevo disco de Metallica, pero tuve que lucir mi conocimiento -recientemente adquirido- en la obra literaria del tal García Márquez. Esa noche tenía que sonar a alguien que en ese momento no era. Espero, luego de compartir con ustedes tan íntimas confesiones, que quede clara la relación entre Halloween y esas primeras salidas.

Si lograste salir airoso de esos primeros encuentros, y esa persona "compró" tu actuación, viene el momento decisivo en la relación: ¿trato o truco? Cuando ya te quitaste el disfraz, cuando ya no tenés que seguir leyendo a García Márquez, cuando podés de nuevo ponerte tus tennis, cuando finalmente podés confesar que todas las canciones de Rubén Blades te suenan igual... de aburridas, toca empezar a revisar qué depositó esa persona en tu bolsa de dulces y qué le pusiste vos.

¿Qué pusiste en la bolsa del otro? Habría que tener cuidado. Lo que esa persona encuentre en su bolsa tendrás que acuerparlo. ¿Prometiste seguir intentando sostener la actuación de las primeras salidas? TRUCO! No vas a poder. Nadie ha podido. ¿Prometiste empezar a mostrar tu verdadero ser como una señal de compromiso e interés real? TRATO!. Ahora, revisá tu bolsa. ¿Encontraste algo? ¿Podés aceptar que ahora sí empezarás a conocer a esa persona en su dimensión real? TRATO. ¿Fantaseás con la idea de que esa persona continuará intentando sostener la mascarada que permitió la emergencia del enamoramiento? Te autoaplicaste el TRUCO! o, puesto en jerga psicológica, te autoengañaste.

Hoy, 24 años después de haber conocido a mi esposa, continúo tratando de hacer cosas que ella admire. Incluso intentaría leer de nuevo “Cien años de soledad” y, si tengo que hacerlo, hasta intento bailarme alguna de Rubén. El éxito de esto que hemos construido, reside en el hecho de que ya no TENGO que hacerlo. Ahora lo hago por que DESEO hacerlo, porque ella lo merece y porque hacerlo no me quita nada realmente esencial.

Allan Fernández, Psicólogo Clínico / (506) 8835-5726 / Facebook / Blog personal