Yessica Suárez.6 abril

En el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, día que se reconocen los múltiples aportes y beneficios del deporte en nuestra salud tanto física como emocional, no quiero hacer una lista de beneficios de la actividad física y el deporte (porque muchos ya los saben). Quiero contarles un poco de mi relación con él.

Después de la adolescencia fue cuando cambié los helados por las tenis, me agarré fuertemente del deporte para mantenerme cuerda en una etapa de la vida que estaba un poco complicada: entrenaba todos los días varias horas, una, dos o hasta tres veces, y aunque no creo que haya sido una buena decisión (porque nada en exceso nos beneficia), sí creo que cada deporte nuevo que probé me enseñó algo:

1- El tenis me enseñó a ser estratégica. No sólo se trata de pasar la pelota, se trata del cómo y hacia dónde, definir nuestras metas.

2- La natación me enseñó a estar presente y concentrarme en el ahora, a coordinar.

3- El ciclismo (indoor o no) me enseñó a bajar la cadencia (el ritmo de pedaleo) para lograr llegar hasta el final.

4- El running me enseñó que la mente siempre se agota antes que el cuerpo.

5- El entrenamiento con pesas (o ir gym) me enseñó a ser fuerte, no solo físicamente sino mentalmente.

6- El yoga me enseñó a respetar mis procesos y a “abrir el corazón”, entregarme al momento.

7- El entrenamiento funcional me enseñó que esa es la meta final (al menos para los que no vamos a competir): no una estética, un peso o una talla, sino a sentirme bien todos los días con lo que mi cuerpo es capaz de hacer y con su progreso, a su ritmo.

El deporte y la actividad física (aunque no son lo mismo) para mí no es una obligación, es una oportunidad de mejorar, de darme tiempo para mí misma, para mejorar mi salud, despejar mi mente e incluso construir lazos, crear comunidad.

Solo hay que intentarlo, probar varias veces hasta que encontrar cuál de todas las formas de ejercitarse se ajusta más a nuestros gustos, capacidades y metas.