Por: Yessica Suárez.  25 febrero

A veces parece que en Costa Rica siempre queremos un tema polémico del cual opinar a diestra y siniestra: eso ha pasado en los últimos días con los cambios que ha decidido realizar el MEP con su Programa de Alimentación y Nutrición del Escolar y del Adolescente (PANEA), pero discutir, en tanto reflexión, nunca es el problema.

Con este post no quiero decir quiénes tienen la razón o quiénes no, solamente daré una pincelada del asunto y luego plantearé un par de preguntas para la reflexión.

Nuestra realidad

El año pasado se publicaron los resultados del Censo Nacional de Peso y Talla, fue realizado en escuelas públicas y privadas a escolares de entre 6-12 años: se censó a una población total de 347.379 estudiantes, a la cual se le hicieron mediciones de peso y talla para calcular y evaluar así el índice de Masa Corporal (IMC) de cada niño y niña.

El IMC es una medida que indica cuán adecuado es el peso de un individuo de acuerdo a su estatura: lo ideal es tener un IMC normal, si hay un IMC fuera de la normalidad se puede clasificar en desnutrición (peso bajo), sobrepeso u obesidad (peso excesivo).

Los resultados arrojados por el Censo indicaron que en Costa Rica el 34% de los niños y niñas tienen exceso de peso (20% sobrepeso y 14% obesidad) y tal vez alguien piense que no es tanto, pero son escolares, ¡no deberían tener exceso de peso, no es normal!

En términos de salud, cuando se alcanza el 10% de la población con una enfermedad se clasifica como un problema de salud pública.

Entonces, hay dos hechos que no se pueden negar:

1- Nuestros niños y niñas no están gorditos lindos: están enfermos, el exceso de peso es una patología que dentro de su complejidad nos hace propensos a padecer otras como diabetes, hipertensión, desórdenes del perfil de lípidos (colesterol, triglicéridos, etc)

2- Sí, ese exceso de peso es un problema que nos incumbe a todos como sociedad. Son nuestros niños, son las futuras generaciones.

Pero, ¿por qué están engordando nuestros niños y niñas?

En esencia y de forma tajante: porque los adultos no estamos tomando las decisiones correctas.

Suena muy mal, lo sé. Pero pensémoslo un poco, los niños aprenden de nosotros y muchas veces tomamos decisiones por ellos (qué meriendas les mandamos, a qué los habituamos, incluso si les dejamos decisiones sobre qué comprar en la soda o en las pulperías).

Estudios y prácticas de la Escuela de Nutrición, de la UCR, han observado algunas tendencias en la alimentación de los escolares: las meriendas son de mala calidad, altas en azúcar y grasas (galletas rellenas, jugos de caja, jugos de paquete, el agua no existe etc); y los escolares están duplicando sus tiempos de comida porque desayunan o almuerzan en la casa, pero también lo hacen en los comedores de las escuelas.

Claro que también hay otros factores que se sumancomo los alrededores de los centros educativos repletos de ofertas de alimentos ultraprocesados, sodas o comedores que no están cumpliendo la legislación vigente, sedentarismo, entre otros.

Entonces, volviendo al inicio y aquí va mi pregunta: ¿Era necesario cambiar el menú de los comedores escolares? Yo creo que sí.

¿En serio nos molesta tanto que las autoridades correspondientes, como el MEP, estén tratando de alimentar bien y de inculcar hábitos saludables a nuestros niños y niñas? ¿De verdad preferimos “chinear” a base de azúcar o chatarra, aunque estemos enfermando a los niños y las niñas ?

¿Qué nos pasa a los adultos?

Esto no se trata de un capricho, esto es un esfuerzo por mejorar la salud de Costa Rica.