Cristina Mora Jiliuta.27 marzo

Joven, empoderada, con una maestría, experiencias internacionales, educada en la igualdad desde que era niña... aguantó golpes de su ex pareja. Eso pasa.

Él le decía que era culpa de ella, que lo hacía porque la amaba demasiado y no podía controlarse. Le decía que tenían una relación explosiva y que eso era parte del encanto.

Un ciclo de violencia puro y duro. De esos que figuran en libros de texto, en cifras de reportajes. Escuchar esas vivencias de boca de una víctima de violencia doméstica es duro: es ponerle cara y entender cómo algo así le pasa a una mujer y a miles más todos los días.

Ella logró salir del ciclo y sobreponerse a lo que le ocurrió gracias al apoyo del Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU). Se los cuento con el permiso de ella, porque es el caso más cercano al que tengo acceso y porque creo que solo así se puede entender un poco más la magnitud de lo que vive una víctima.

Mi amiga asegura que en el INAMU le tendieron la mano, la ayudaron a entender lo que le había ocurrido y la orientaron para poder seguir adelante. Vive agradecida, pero no solo por la ayuda que le dieron a ella, sino por la que le dan todos los días a tantas mujeres, cuyas historias escuchó y junto a las cuales logró hacerse más fuerte. Ella sabe que sin ayuda no habría logrado salir de donde estaba y que esas mujeres con las que compartió historias, tampoco.

Algunas personas en Twitter se indignaron por la propuesta del candidato evangélico Fabricio Alvarado de cerrar el INAMU y se dedicaron a contar cómo las había ayudado la institución.

Cuando escuchamos por primer vez la propuesta de Fabricio Alvarado, candidato a la presidencia de Costa Rica, de cerrar el INAMU, hablamos y me mostró su preocupación.

Ella me dijo que solo estando allí dentro, con necesidad de ayuda, de hablar, de contar lo que vivió y obtener consejo de profesionales para salir de ello es posible comprender la importancia VITAL de esta institución.

Cerrar el INAMU es una sentencia de muerte para las mujeres en Costa Rica”, me dijo. Y tiene razón.

Me contó cómo conversó con sociólogas, psicólogas, trabajadoras sociales y ellas le dieron un trato personalizado, se preocuparon realmente por su situación -incluso más que su propia familia.

“Literalmente me dieron la mano, lloraron conmigo, me dieron terapia y asesoría legal. Y como sabían que venía sola, dos personas me dieron hasta su número personal para apoyarme...Son mujeres que te dan la mano. No es un trabajo, no es una institución, es un refugio”, expresó.

Sus palabras me hicieron un nudo en la garganta. Un refugio. No podemos dejar a las mujeres en Costa Rica sin refugio.

Está demostrado que la única manera de sostener a una mujer en un proceso de denuncia de violencia intrafamiliar es con acompañamiento. En un proceso judicial así hay muchos estereotipos, muchas personas que la harán sentir culpable y le dirán que está exagerando, para instalarla a abandonar el proceso. Si no cuenta con profesionales que la orienten y le ayuden, puede ser una estadística más: está demostrado que casi un 80% de las mujeres que denuncian no vuelven al juzgado para presentar pruebas si no tienen acompañamiento y el caso queda impune.

La ayuda del INAMU va más allá: a mi amiga le encontraron una abogada y la pusieron en contacto con una ONG cercana a su casa. Le preguntaron sobre cómo quería seguir con su vida, la prepararon para hacerlo y la empoderaron para recuperar su independencia. El INAMU ve a la mujer como lo que es; un individuo.

Sustituir al INAMU con un Instituto de la Familia le quita esa individualidad a la mujer y puede, en algunos casos, incluso obligarla a conciliar con su agresor. Eso es lo más peligroso.

Imaginen a una mujer agredida por su esposo que acude a un Instituto de la Familia y en el que le dicen que debe perdonarlo y seguir con su agresor porque solo así puede mantener unida a su familia. Obligarla a continuar una relación así pone en peligro su integridad.

Imaginen una institución en la que como mujeres no valemos: solo se puede ser alguien si se es parte de un núcleo familiar.

En Costa Rica existen varias instituciones articuladas que velan por los diferentes actores de nuestra sociedad: los niños y niñas, adolescentes, personas adultas mayores, hombres, etc.

¿Y qué pasa cuando la violencia que sufrimos las mujeres no está en el marco de una familia?

¿Qué pasa cuando una mujer tiene un novio que la agrede todos los días y ella vive con miedo de que la mate? Esta violencia no se da dentro de un marco familiar, no existe matrimonio. ¿En ese caso ya al Instituto de la Familia no le compete?

¿Y en el caso de violación por parte de un desconocido? ¿Como no fue un familiar quien violó a la mujer, no puede acudir a la institución?

¿Y si una mujer sufre acoso sexual o laboral por parte de su jefe? ¿Como no es su familiar, ya no puede acceder a ningún tipo de ayuda?

¿Y qué pasa con las niñas que en explotación sexual o trata, que están alejadas de sus familiares? Este instituto tampoco tendría por qué velar por ellas ya que el abuso no se da en el ámbito familiar.

Son muchas las situaciones de violencia que no se dan en ámbitos familiares. Por eso es tan peligroso este cambio que plantea el Partido Renovación Costarricense. A las mujeres se les obliga a perder su individualidad y se les enmarca como parte de una familia tradicional en la que además, usualmente se les ha asignado a la fuerza el rol de cuidadoras.

Pierden el espacio para el empoderamiento y para el desarrollo de sus características como profesionales. Es sin duda una manera de enfrascar a la mujer en el rol de madre y cuidadora y de seguir perpetuando los roles de género de los que tantos años de lucha nos ha llevado salir.

¿Ven por qué es necesario que haya un Instituto de la Mujer en nuestro país?

Costa Rica ha visto un aumento de muertes de mujeres por el hecho de ser mujeres (femicidios). Este 2018, mataron a 7 mujeres, cinco de las cuales eran madres. Para marzo del 2017 la cifra fue de cuatro mujeres. ¡Nos están matando y es cada vez más frecuente!

Transformar el Instituto Nacional de las Mujeres en el Instituto de la Familia y la Equidad es la sentencia de muerte para cientos de mujeres que viven en territorio costarricense. Así de categórico y peligroso.

Conocido por sus contradicciones, Fabricio dijo días después que no pretende un cierre: que busca reorientar estratégicamente la institución. Es decir: va a cambiar su reglamento, sus objetivos, sus estatutos y reemplazar a las personas que trabajan allí. Si esto no se les parece a un cierre, yo no sé lo que es cerrar.

"Es culpa del INAMU"

En redes sociales he leído a decenas de personas decir que es culpa del INAMU que a las mujeres nos estén matando los agresores. Culpabilizan a la institución el aumento de los femicidios.

Dejemos una cosa clara: que a las mujeres nos estén matando NO es culpa del INAMU. Es culpa de los agresores que nos matan.

Es culpa de habernos criado en una sociedad que nos enseña que los hombres por naturaleza son más violentos, que nosotras no debemos provocarlos, que quizá lo hicieron porque tuvieron un mal día o quizá porque fue la mujer la que los hizo reaccionar así.

Es culpa de las personas que creen que la mujer solo se protege si es parte de una familia. No. Las mujeres somos individuos y tenemos derechos.

Es frustrante leer este tipo de comentarios porque tenemos el machismo tan interiorizado que no nos damos cuenta de que a los hombres se les educa desde el privilegio del poder y la fuerza, se les impide mostrar sus sentimientos porque se les dice que son sinónimo de debilidad y se les asocia con una serie de estereotipos en los que es señal de hombría y virilidad dar golpes, beber mucho, tener muchas mujeres como propiedad y ser el proveedor del hogar. Estamos criando hombres frustrados. Hombres que por esta misma frustración que no perciben, terminan usando la fuerza. Así es como nos terminan maltratando y matando.

¿Ustedes se imaginan pensar en cerrar el INAMU en un país donde mueren aproximadamente 28 mujeres al año, en manos de sus parejas? ¿En un país en el que se presentan 132 solicitudes de protección TODOS LOS DÍAS?

Es que el INAMU no es solo un instituto al que acudimos cuando nos maltratan: es una institución con políticas de prevención, de empoderamiento para las mujeres, que realiza campañas de educación para señalar conductas machistas y tóxicas.

Enumero algunas funciones y resultados del INAMU. El resto lo pueden ver en su página web.

  • Cada año atienden a más de 2.027 mujeres en situación de violencia.
  • Han capacitado a más de 57 mil mujeres con programas de educación sobre sus derechos económicos, sexuales y reproductivos.
  • Crearon, de la mano de varias instituciones, la Ley de Relaciones Impropias.
  • Impulsaron la Política Nacional para la Atención y la Prevención de la Violencia contra las Mujeres (que por cierto ahora incorpora el trabajo con población infantil y adolescente para promover cambios hacia la no violencia y la igualdad en alianza con el MEP).
  • Ofrece becas para mujeres estudiantes de bajos recursos para impulsarlas a seguir formándose.
  • Pone a disposición de las mujeres consultorios jurídicos gratuitos para que tengan acceso a asegurar el cumplimiento de la ley de Paternidad Responsable y en casos de violencia de género.
  • Impulsaron el emprendimiento de más de 11 mil mujeres con subsidios para llevar cursos y establecer sus proyectos de vida.

No es una institución perfecta, tiene múltiples fallas e irregularidades; no actúa en todos los rincones y a veces el seguimiento que se da a los casos es inadecuado. Pero no es justo que por una mala experiencia de alguien conocido se dejen de visualizar todos los casos en los que sí ayudaron y sí salvaron vidas. También sé de sus superávits de los últimos años, en donde los fondos no se están girando de manera expedita y no están impactando siempre donde más los necesitan. Tiene fallos que deben arreglarse, necesita fortalecerse y mayor orden. Pero sigue siendo una institución vital.

La institución es la respuesta del Estado costarricense ante su obligación de tratar temas de violencia intrafamiliar, acoso en espacios públicos y violencia simbólica hacia la mujeres, que recibimos un trato desigual a pesar de representar a la mitad de la población de Costa Rica.

Cuando el INAMU se creó, aprobado en 1998 por la Asamblea Legislativa, lo hizo para ser “un instituto orientado a buscar un cambio en la sociedad para acabar con la discriminación de la mujer y ayudar a las menos favorecidas”.

No podemos dejar a las mujeres en Costa Rica sin refugio.

Sería como firmar una sentencia de muerte. Un voto para Fabricio es también una firma de apoyo a esta sentencia de muerte.