Andrea González Mesén.8 agosto

El arte en Medellín está literalmente en cada rincón de la ciudad. La vida nocturna es muy activa y la gastronomía pone a prueba a cualquiera.

Lo primero que me dijeron tenía que hacer cuando llegaba a esta ciudad era probar la Bandeja Paisa, el plato típico de la ciudad. Preguntando me recomendaron un sitio que se llama Mondongos, cerca del parque del Poblado.

La dieta y el remordimiento por comer de más se quedó en la casa. Ir con hambre es un requisito. Realmente es bastante grande. En un plato arroz blanco, un huevo frito, carne molida de cerdo, un plátano maduto entero, una papa y un buen pedazo de chicharron con concha.

En un tazón aparte, un caldo de “fríjoles” (como los cubases para los ticos). Un trozo grande de aguacate, un banano y dos arepas pequeñas completan la porción.

Al principio no entendía para qué el banano, pero me contaron que los locales suelen partirlo y comerlo en las sopas. Para terminar: un café.

Caminar es una excelente idea después de aquella comida. Los alrededores de Poblado es excelente, cerquita está el Parque Lleras que se rodea de bares y pequeñas tiendas de diseñador.

Si bien hay un montón de lugares donde ir mi tiempo fue corto y seleccioné algunos sitios que me parecieron imperdibles.

Pueblito Paisa

Empecé por el Pueblito Paisa, a unos pocos kilómetros del centro de la ciudad. Es realmente una réplica de una comunidad paisa hace años. Todo el movimiento se recoge rodeando la plaza principal. La iglesia no puede faltar, junto a ella los edificios con pintorescos colores.

Es un lugar excelente para tomarse una fotografía. Sus edificios son pequeñas tiendas de recuerdos y además se puede entrar a una casita museo. El pueblo se encuentra en el Cerro Nutibara, una montañita protegida como pulmón de la ciudad en la que se pueden ver personas realizando ejercicio o haciendo pic nic.

En la cima hay un mirador desde donde se puede ver casi todo Medellín. Este museo natural también cuenta con el Parque de las Esculturas, un espacio donde se exhiben de forma temporal obras contemporáneas. Este pueblito también cuenta con varias opciones de restaurantes que abren sus puertas a partir de las 11 a. m.

Plaza Botero

Sumergida en el corazón de la ciudad, pasando el tranvía y muy cerca de la zona conocida como el Hueco está Plaza Botero o Museo de las Esculturas, que alberga 23 figuras de bronce creadas y donadas por el artista colombiano Fernando Botero.

Adan y Eba, El gato, El perro, El hombre a caballo, El espejo, El y Ella, son algunas de las figuras imposibles de dejar pasar. Las estructuras de bronce vacío conviven en todo el parque con dos fuentes, una de ellas el cacique Nutibara, y además de cuatro zonas con árboles.

El parque comparte su perímetro con el Palacio de La Cultura Rafael Uribe Uribe, toda una obra de diseño arquitectónico. Al ser un punto de interés turístico es fácil ver oficiales rondando el parque. Un taxista si me advirtió de los roba celulares, así que las fotos se valen siempre que se preste atención.

Justo frente a esta plaza está el Museo de Antioquia o Museo Botero, llamado así porque fue él quien donó la mayoría de las obras que ahí se muestran.

Realmente vale la pena ingresar. Las donaciones del artista iniciaron en 1975 con la pintura “Exvoto” que en un principio el gobierno deseaba comprar.

La sala Pedrito Botero muestra el gusto de pintor por la historia del arte, el trópico, la religión, la cotidianidad y hasta la historia colombiana.

“Lo he dicho muchas veces, no he pintado una gorda en mi vida. He expresado el volumen, he buscado darle protagonismo al volumen, hacerlo más plástico, más monumental, como si fuera casi una comida, arte comestible. El arte debe ser sensual en ese sentido lo digo”, Fernando Botero, cita una pared.

Este inmueble muestra parte de la historia política y personajes trascendentales de la historia antioqueña. La salida de este museo es a través de su tienda. Imposible no antojarse de un recuerdo.

Museo de Arte Moderno

Otro sitio por visitar es el Museo de Arte Moderno de Medellín. Salas amplias dan cobijo a obras contemporáneas que en su mayoría retratan problemáticas locales y de la región.

Su historia plasmada en cuadros burlescos, risibles, que se mofan de la realidad pasada, cuyo único fin es dejar un peso de conciencia sobre lo vivido, lo sufrido y lo que está por venir.

Una de sus desatacadas obras es la de Daniel Lara Ballesteros, quien a través de la interpretación de los sonidos y vibraciones de los árboles plantea una propuesta casi terapéutica.

En lo personal me pareció fascinante su tienda. Se especializa en ofrecer productos inspirados en las colecciones expuestas. Las noches de museo pueden sorprenderlo, así que antes de ir es bueno revisar el itinerario de actividades. Muy cerca está el Mercado del Río, un lugar perfecto para tomar y comer rico. Muy activo pasadas las 7 p. m.

Parque Arví y teleférico

Al noroeste de Medellín se encuentra el Parque Ecoturístico Arví. Una zona de refugio natural que da espacio para sumergirse en medio de la naturaleza, sentir el aire frío de la montaña y respirar aire fresco.

Para llegar ahí puede subirse en el metro en Medellín y bajarse en la estación Acevedo, ahí sin necesidad de pagar de más puede utilizar el teleférico hasta Santo Domingo. Es todo un espectáculo para quienes nunca habíamos subido en un aparato de estos. Ahí se baja y sube a otro telecable que requiere de un costo adicional para subir directo hasta la entrada del Arví.

Aunque Medellín suele estar caliente, no olvide llevar abrigo, va a estar en la cima de la montaña.

Este recorrido deja ver la realidad de la ciudad que aún lucha por salir de la pobreza y la delincuencia. Se vislumbran miles de pequeñas casas construidas en las faldas de la montaña, cuyos techos de lata son apelmazados por piedras y ladrillos, conectadas por callesillas estrechas cuesta arriba.

Una vez en el parque lo recibirá el Mercado Arví, una plaza donde la comida tradicional de la zona y las artesanías le dan la bienvenida. Aquí merece ir preparado para un picnic, una caminata sobre senderos que lo llevan a miradores naturales, entre otro montón de actividades vinculadas con la naturaleza y la historia de la zona.

Recuerde llevar sombrilla, capa y buenos tenis para caminar.

Santa Elena: silleteros y sancochos

Esta es la comunidad de los famosos Silleteros. La primera semana de agosto de cada año Medellín entra en la semana de las fiesta de las Flores y decenas de ellos caminan por calles decoradas con centenares de flores en el Desfile de Silleteros.

Yo fui a una semana antes de la festividad así que no la pude vivirla, pero pude ver cómo algunas familias se esmeraban por realizar desde días antes su Silleta, que es un rueda enorme con algún diseño elaborado con flores.

Santa Elena queda como a una hora de Medellín, se puede llegar a través del parque Arví y de ahí tomar un bus hasta el centro de Santa Elena.

Una vez en la ciudad es posible visitar granjas de silleteros, sembradíos de flores y si topa con suerte como yo puede ser parte del Festival de Sancochos.

Esta es una foto del Centro Comercial Santa Fé, en Medellín. Listos para el Festival de las Flores.
Esta es una foto del Centro Comercial Santa Fé, en Medellín. Listos para el Festival de las Flores.

Santa Elena aún es una comunidad muy rural de caminos angostos y de lastre. Resulta que tiene una plaza que para este evento se convierte en algo así como un campo ferial, donde desde buena mañana se instalan toldos de plástico y se enciende la leña para cocinar ahí mismo los famosos sancochos.

Aunque las opciones eran más que bastas, resulta que el llamado “trifásico” es el más famoso, su nombre se debe a que la sopa lleva carne, cerdo y pescado. Es algo así como nuestra olla de carne con el caldo amarillo y acompañado de arroz, banano (para picarlo en el caldo) y aguacate.

Lo más divertido de todo esto es ver cómo la gente se divierte con algo tan simple. Son alegres, no necesitan más que un poco de música y un día soleado.

Al medio día se abrieron las ventas del sancocho y era impresionante como en medio de un mar de gente sentada en el zacate se abría campo una y otra vez para dejar pasar a quienes iban a degustar aquellas sopas.

Yo no pude dejar de probar la mía. Eso sí, al igual que la bandeja paisa la porción era considerablemente grande. Creía que lo más difícil era buscar espacio en el suelo para tomar aquella sopa, pero en cuestión de nada estaba rodeada de un grupo de nuevos amigos que aunque son de Medellín, al igual que yo, iban por primera vez al festín del sancocho. Para regresar a Medellín solo es de tomar un bus directo desde el parque de Santa Elena.

Hay otro montón de lugares por descubrir. Dicen que lo más bonito está en las afueras, así que yo me fui a la ciudad de Guatapé, pero eso queda para otra entrada.

¡Suerte en Medellín!