Andrea González Mesén.1 abril, 2020

Hace exactamente un año inicié un voluntariado en Reino Unido. El trato era trabajar en un colegio a cambio de un lugar donde vivir y alimentación. Si bien sabía que la cuchara británica es un poco diferente, nunca me imaginé que al cabo de un tiempo disfrutaría de todas mis comidas sin una sola porción de carne.

Debo confesar que yo era parte de esa gran masa de costarricenses que no concebía un día sin pollo, carne, cerdo o pescado. Sin embargo, la decisión de abandonar por completo estos deliciosos gustos al paladar no fue mía, sino de mi bolsillo.

Cuando se vive de ahorros o con el presupuesto limitado no queda de otra que tallarse la faja. En el recorte de gastos se fueron todas las carnes. Comprar una lata de atún se volvió exclusivo para celebraciones especiales y ni qué se diga de carnes frescas.

En un año, la única vez que comí pollo fue para cuando mi familia me fue a visitar. Claro, tenía que lucirme.

Poco a poco el espacio que dejó la proteína animal la fueron supliendo vegetales frescos y ensaladas que me regalaban en la granja donde trabajaba, y cuando tenía suerte un huevo frito, de las gallinas de la granja del colegio.

Debo ser franca, para una “ex meat lover” el proceso no es fácil, desearán con todas sus ganas comer una buena chuleta con cebolla o unas buenas costillas de cerdo, babearán con solo recordarlo y hasta es posible que sueñen con ellos.

La buena noticia es que todo pasa. El cuerpo se empezará a sentir mucho más agradecido por lo verde y fresco; y en poco tiempo su mente, paladar y su propia cuchara empezarán a experimentar nuevas explosiones de sabor que también mantengan feliz a su bolsillo.

Ahora creo que aquella experiencia fue un proceso de preparación para lo que estamos viviendo muchas familias consecuencia de la emergencia por el coronavirus. Recortes en salarios, desempleo e incertidumbre nos obliga a restringir nuestras dietas, sin ser esto sinónimo de dejar de disfrutar de un buen plato de comida.

Mi más reciente gustito fue un sushi vegano con sopa miso, ¡quien dijo que ser vegetariano es aburrido! Póngase creativo y explore usted también un mundo de sabores por descubrir.