Andrea González Mesén.3 mayo

Cuando tenía como 12 años tuve la suerte de “pegarme” algo así como el gordito de medio año. Junto a otros cuatro niños viví un intercambio cultural (patrocinado por Baxter) en Noruega. ¡Sí en el círculo polar ártico!, fue una experiencia increíble.

Aquella vivencia duró cuatro semanas, lo suficiente para cambiarme la vida.

Desde entonces deseaba repetir el intercambio, hacer un voluntariado, conocer qué hay más allá de nuestras fronteras ticas.

Este tipo de oportunidades se suelen vivir en la adolescencia, al terminar el colegio o un poco después; sin embargo, la mía llegó al filo de los 30 años de edad. Muy joven para muchas cosas, pero quizá algunos pensarán que no tan joven como para cambiar el rumbo de las cosas... sobre todo, cuando las cosas marchaban bastante bien y estables.

¿Cómo irse de voluntario?

Formas hay miles. Yo lo hice a través de la Asociación Costarricense de Intercambios (ACI), una ONG que busca el crecimiento de la población por medio del involucramiento cultural.

Ellos son parte del International Cultural Youth Exchange (ICYE), cuyo origen fue Alemania y ahora está con fuerza por muchos países del mundo.

No les voy a mentir, el proceso es lento y quizá un poco costoso. Todo depende del país al que quiera ir y el tiempo que desee estar fuera.

En este voluntario hay que pagar, el dinero se le da a una ONG, quien brinda facilidades como la búsqueda del proyecto, hospedaje y alimentación. Es importante hacer números. Para que se haga una idea: mínimo necesitará $7.000 para iniciar.

¿Cuánto dura el proceso?

Entre más pronto se decida mejor. Apenas firme el contrato todo empezará a caminar.

Son de seis a cuatro meses desde ese momento hasta el día en que se hace realidad. De entremés tendrá papeleos, talleres de preparación, solicitud de visa y confirmación del proyecto.

El plato fuerte vendrá con la confirmación de la fecha de partida.

No sé si es consecuencia de la edad, pero no faltará quien le quite el ánimo en el camino y cuestione la idea dejarlo todo y empezar de cero. Si lo vemos con ojos positivos esas personas le ayudarán a poner todas las cartas sobre la mesa y ver claro el panorama de lo que se deja y lo que podría estar por venir. Después de todo, ya no somos adolescentes y algo de nombre nos hemos generado (cada quien en su campo).

Yo me vine para Reino Unido. Apenas tengo seis semanas de haber llegado. Lo más complejo fue encontrar proyecto y, bueno, si hablamos monetariamente puede que se asuste con el proceso de visa para ese país, Costa Rica no tiene consulado británico lo que significa tener que ir a Panamá y luego enviar el pasaporte a Colombia sin certeza alguna de que obtendrá el visado.

Otros países son mucho más simples y económicos.

Sin embargo... ¡de que es chiva, es chiva!

He conocido gente, he paseado, he reflexionado y agradecido. Da oportunidad de ver hacia adelante y bastante para atrás. Todos los días se crece, se aprende y me transformo.

Eso sí, extraño demasiado el pinto y ni qué se diga de los plátanos maduros.

Luego les cuento de mi proyecto ubicado en alguna villa inglesa, un poco lejos la imagen fashionista y majestuosa que proyecta la vibrante ciudad de Londres. ¡Hasta entonces!