El Mercurio/GDA/Chile.16 marzo

Desde el año pasado la chilena Juliana Campana, de 31 años, no compra blazers, blusas ni vestidos para ir a su trabajo; los alquila. Una de sus piezas favoritas, dice, es una chaqueta de animal print que consiguió hace poco en una empresa en Chile que ofrece el servicio de renta de prendas para el día a día. El negocio es cada vez más común en el mundo.

Y es que el alquiler de ropa, hasta ahora una actividad limitada a trajes de fiesta, se está extendiendo a la moda de diario. El sistema se ha popularizado principalmente en EE. UU. y Europa, aunque también ha empezado a surgir en Asia.

En noviembre pasado, la firma H&M dio a conocer su servicio de alquiler de ropa en una de sus tiendas de Estocolmo. Es algo que ya había anunciado la marca Urban Outfitters unos meses atrás en EE. UU. y que ya existía en España, donde en los últimos años se han abierto al menos seis empresas que alquilan desde camisas hasta jeans.

El diario Singapore Business Review informó que los alquileres de ropa de diario también estaban creciendo en ese país, con al menos ocho empresas de este tipo creadas desde 2018. El desarrollo de compañías como la neyorquina Rent the Runway (RTR), pionera en el alquiler de ropa de diario –activa desde 2009–, también da cuenta del auge. En los últimos años, esta empezó a crecer anualmente a un ritmo del 40%.

Nueva generación

“Yo quería tener un clóset variado pero a la vez sostenible”, dice Juliana Campana. “Siempre me preocupó el tema de cómo generar menos basura, pero me di cuenta de que también podía aportar al planeta con un consumo más consciente, y que eso también aplicaba a la ropa”, cuenta.

La preocupación por el medioambiente por parte de las nuevas generaciones es justamente uno los principales impulsores de la tendencia, explica Mariana Pattaro, fundadora de Recloset en Chile, que ofrece planes de suscripción que van desde los $17.50 mensuales, membresía que se puede pagar a través de la donación de prendas.

“Mis clientas son mujeres jóvenes que vienen buscando una forma de consumo más sustentable”, dice Pattaro. “Hoy se habla del calentamiento global y eso produce un conflicto con nuestros estilos de vida. Creo que tener un clóset colaborativo hace que muchos jóvenes sientan que aportan a reducir el impacto de la industria”.

Varias vidas

Las cifras de las Naciones Unidas son claras: “La industria textil, la segunda más contaminante del mundo después de la petrolera, produce el 20% de las aguas residuales y el 10% de las emisiones de carbono en el mundo”, según su sitio web.

Por ejemplo, unos jeans requieren 7.500 litros de agua, un recurso cada vez más escaso. La lógica detrás de arrendar ropa de diario sería, entonces, prolongar la vida de muchas prendas y así ayudar al planeta.

En Suecia, de hecho, comprar ropa de forma desenfrenada tiene un término: köpskam, cuya traducción es algo como ‘la vergüenza por comprar más ropa de la necesaria’.

La tendencia ha llevado a varios negocios de alquiler de vestidos de fiesta a incluir prendas para el día a día. La generación millennial (nacidos entre 1981 y 1999) ve con más conciencia qué compramos y desechamos, y ha demostrado querer cambiar el rumbo de su estilo de consumo.

Este tema ha sido abordado por Alexandria Ocasio-Cortez, la congresista más joven de la historia de Estados Unidos, con 30 años de edad, quien fue criticada en Twitter por usar ropa de diseñador para asistir al Congreso. Para sorpresa de sus seguidores, ella reveló que las prendas eran alquiladas, una opción que, según dijo, considera rentable y ecológica.

Se estima que el mercado de arriendo de ropa crecerá un 10% anual en el mundo hacia 2023, debido a una mayor conciencia medioambiental, según la consultora Research Nester.