Cristina Mora Jiliuta.21 enero, 2016
Catalina Rivera practica karate desde hace 5 años
Catalina Rivera practica karate desde hace 5 años

Una cinta negra le talla la cintura y cada día Catalina Rivera le entrega cuerpo, mente y espíritu a las enseñanzas del maestro Sosai Oyama, creador de la disciplina de karate kyokushinkai.

La expresión japonesa OSU o "perseverar bajo presión" describe perfectamente los motivos por los que Catalina da y recibe golpes cada día de la semana. De contextura delgada y estatura baja, cada centímetro del cuerpo de esta karateka costarricense parece estar forjado con rigor y determinación.

En esta disciplina el combate es real y los golpes verdaderos. A diferencia del tradicional karate-Do, donde la pelea se otorga por puntos de contacto, en kyokushinkai los impactos son de contacto completo y los combatientes no utilizan protección bajo el uniforme (exceptuando espinilleras y pechera para las mujeres y una coquilla para los varones).

Se trata de un arte marcial mucho más enérgico y feroz y en los campeonatos mundiales se han quebrado costillas, partido clavículas y repartido knockouts. Todo, con el fin de alcanzar "la última verdad".

A primera vista, parece no ser un deporte para chicas frágiles: cuando se conoce de cerca, esa teoría se corrobora. Afortunadamente, Catalina de delicada no tiene un pelo: a sus 31 años acumula en su historial tres competencias mundiales (Bulgaria, Japón y Rusia) y ha sido campeona nacional de esta disciplina en tres oportunidades, con solo cinco años de haberse iniciado en este arte marcial.

Con el sudor de la frente logra balancear su vida como deportista de élite con su carrera de abogada y notaria, su papel de esposa y el rol de profesora de karate y de leyes.

Su versatilidad no acaba allí: Catalina también fue campeona del torneo de Body Fitness 2013 en San José y obtuvo el sexto lugar en el campeonato Centroamericano y del Caribe Body Fitness 2013, que tuvo lugar en República Dominicana. Esculpir su cuerpo es también una de sus pasiones.

También le encanta cocinar, es madrugadora y su día comienza siempre con una sesión de ejercicio cardiovascular.

"No soy muñeca"

De niños, su hermano iba a taekwondo y ella a ballet en la misma academia. La pequeña Catalina veía con ilusión las clases de artes marciales que recibía su hermano y le envidiaba aquel uniforme blanquísimo. Más de una vez le pidió a su mamá que la dejara aprender artes marciales, pero en aquella época "la chiquita tenía que ir a ballet, jamás a taekwondo porque ahí son solo hombres", recordó las palabras de su madre.

En ballet no duró mucho, pero siempre le quedó la idea de los deportes de contacto. En el colegio quería ir a kick boxing pero nunca se atrevió porque en la clase solo había hombres y ninguna de sus amigas quería acompañarla. Suplió la necesidad involucrándose en cuanto deporte grupal le ofreció la secundaria: cosechó éxitos en equipos de fútbol, basquetbol y natación.

En el 2009, conoció al que ahora es su esposo -y colega en la abogacía y el deporte- el sensei Mauricio Alvarado, quien tiene 30 años de triunfos en el karate kyokushinkai. Desde el inicio le pidió que le enseñara, pero por mucho tiempo su petición fue ignorada pues Mauricio argumentaba que le daba miedo que saliera lastimada. Finalmente Catalina irrumpió, por insistencia, en la academia que ahora es de ambos y demostró que había nacido para el combate japonés cuerpo a cuerpo.

Confiesa que al inicio fue muy difícil lograr que los hombres contra los que hacía combates de práctica la golpearan: "me trataban como si fuera una muñeca, una princesa, como si me fuera a quebrar". Fue complejo derribar el estereotipo pues sus competidores tenían miedo de lastimarla y eso atrasaba su nivel deportivo.

Catalina explicó que la forma de pelear de una mujer es diferente: "somos más lentas porque tendemos a analizar todos los movimientos, por lo tanto la pelea es más pausada, más calculada".

Son realmente pocas las mujeres que en Costa Rica practican el kyokusinkai. A lo sumo, Rivera calcula que en el país hay unas 25 karatekas y en los torneos nacionales compiten como máximo seis o siete chicas.

En el 2013, Catalina abrió un grupo de mujeres para integrarlas en esta disciplina y mostrarles que el karate no es solo pelea: "Si no les gusta demasiado combatir, pueden practicar las catas o posiciones, mejorar la coordinación, la mente, el tipo de ejercicio con entrenamientos muy pesados. Además comienzan a desarrollar la fuerza y pueden aprender también de defensa personal", señaló.

"En el 2013 fui a mi primer mundial, en Bulgaria. Era la primera vez que iba a pelear con mujeres de mi mismo peso. Gané la primera pelea y la segunda me tocaba contra una karateka rusa, y los rusos en este tipo de karate son algo espectacular. Tenía muchos nervios, pero hice una muy buena pelea. Perdí en los últimos 10 segundos. Después me di cuenta de que ella siempre quiebra costillas y noqueaba a sus competidoras", narró Catalina. Ella desea participar en más competencias a nivel internacional para estar mejor reparada pues en Costa Rica el kyokushinkai es una práctica poco desarrollada y el nivel de competencia no es el ideal, por lo que puede llegar a estancarse.

Las mujeres contra las que se compite a nivel internacional por lo general participan en un promedio de siete torneos al año. "En mi caso solo lo hago en dos o tres, por falta de recursos. La experiencia en campeonatos es el único indicador real de la mejoría de cada karateka", dijo.

Perseverar bajo presión

"A mí el karate me ha cambiado todo: la vida personal y la forma de pensar. Una frase que siempre usamos es OSU. Significa perseverar bajo presión y es una muestra de respeto hacia los demás",

Rivera destacó que el cuerpo siempre puede avanzar más de lo que uno se imagina. "Hay momentos en los que se quiere dejar todo tirado, pero el OSU que se lleva en el corazón invita a seguir. La disciplina que uno adquiere y el no rendirse es algo increíble. Lo veo en mis alumnas, que a pesar de que están cansadas, no se rinden y siguen entrenando", repasó la atleta.

Para este 2016, tiene como meta participar en al menos tres torneos fuera del país. "En los mundiales no me ha ido mal con muy poquita experiencia, por eso quiero tener más preparación para ir al próximo mundial. Me encantaría llegar al top 3 del mundo; ese es mi sueño. Sé que lo que me falta es más que todo competición", cerró la tica.

El karate kyokushinkai es un deporte que hace a las mujeres sentirse poderosas, porque el no puedo no existe: hay que seguir intentando alcanzar la última verdad.

¿Qué es karate kyokushinkai?

Kyokushinkai significa "la última verdad" y quienes practican esta disciplina se esfuerzan por alcanzarla en mente, cuerpo y espíritu. Este estilo de karate tiene por objetivo la eficacia en el combate real, por esta razón es un deporte de contacto completo. Asimismo, destaca por sus intensos regímenes de entrenamiento, dureza y disciplina.

¿Qué beneficios tiene?

Su finalidad es un balance entre cuerpo y mente. Mejora de la flexibilidad, la estimulación de la destreza, fuerza y acondicionamiento físico. Contribuye en la pérdida de peso y aumento de masa muscular, el perfeccionamiento de los reflejos, la autodisciplina, y la habilidad para concentrarse y pensar claramente.