Sofía Alvarado.16 febrero

Un juicio largo, mediático y que todos vimos en televisión. A muchos les rompió el corazón escuchar los relatos de los testigos, saber que una bebé inocente se quedó sin mamá y ver la tristeza e impotencia de los padres. A mí, que la conocí, me lo rompió aún más.

Andrea fue mi compañera y amiga en la universidad.

Hoy me parece increíble estar escribiendo sobre este tema, buscar su nombre en internet y leer todo lo que aparece de ella. Con Andrea compartí mis primeras clases de periodismo, se suponía que ella tenía que estar escribiendo las noticias y no ser la protagonista de un suceso.

Ella no se merecía lo que le pasó. Ni ella ni nadie. Es tan molesto y doloroso haber estado a su lado sin lograr ver las señales de alerta.

Recuerdo la primera vez que la vi, ella era ese tipo de mujer que cuando entra a un lugar todas las personas la vuelven a ver. Tenía mucha presencia y una sonrisa muy peculiar. Era arriesgada, muy divertida y siempre andaba con un grupo de amigas. Andre era muy popular, muy querida y todo mundo tenía que ver con ella.

Para el proyecto final de un curso, debíamos visitar una empresa de publicidad. Andrea nos mencionó que conocía a alguien que trabajaba en una de estas empresas que nos podría ayudar. Era su novio, Marvin Brenes.

Cuando llegamos a la empresa en Escazú. Él nos recibió y se mostró como una persona amable, simpática y sonriente. Nunca olvidaré cómo él la miraba y lo bien que la trataba en público. Incluso recuerdo haberle dicho a Andre que él se veía muy enamorado de ella. ¡Me duele haber pronunciado esas palabras!

El tiempo pasó y ellos continuaron su relación. En ocasiones me comentó algunas vivencias que tenía con Marvin, en las cuales no noté nada fuera de lo común de una relación de pareja. Pero de algo yo sí estaba segura, él era su primer amor y definitivamente ese amor muchas veces marca.

Yo nunca presencie una agresión. Tampoco algún maltrato.

Un día conversando, Andrea me dijo que quería ser mamá, ese era uno de sus grandes sueño. En ese momento, yo no la apoyé, me parecía que aún era demasiado joven para asumir la maternidad y que su prioridad debía ser terminar la universidad y concretar otros proyectos de su vida. Irónicamente, ahora que yo soy mamá, me alegro de saber que al menos Andrea tuvo la dicha de conocer el amor verdadero de un hijo antes de irse.

Cuando me enteré que mi amiga estaba embarazada y que iba a ser madre pronto, fuimos perdiendo contacto. Ella abandonó la universidad y conversábamos poco por mensajes, siempre me decía que todo marchaba bien. Jamás imaginé lo que estaba por venir.

Al tiempo se casaron. Pasaron los meses y la bebé nació. Comenzaron a aparecer rumores de que Marvin maltrataba a Andrea y que abusaba físicamente de ella. Eran secretos a voces que nadie se atrevió a confirmar ni mucho menos a denunciar.

Finalmente, el 29 de marzo del 2017 recibí una llamada en la tarde de un compañero de la universidad contándome que Andrea había fallecido. Al inicio se habló de que fue producto de una caída, pero siempre hubo otras versiones.

Recuerdo que lloré, estaba devastada al enterarme que una joven con una vida por delante y que acababa de ser madre, había perdido la vida... o, mejor dicho, se la habían arrebatado.

El día de su funeral todos vistieron de blanco. Era Semana Santa así que fue una misa diferente a la que estamos acostumbrados. Al finalizar sus padres se despidieron de ella. Sus familiares, sus mejores amigos y las personas más cercanas también estuvieron presentes.

Las palabras de cada uno de ellos me conmovieron profundamente y cuando la vi en el ataúd pudimos notar que su muerte no había sido por una “caída en el baño”.

El recorrido hasta el cementerio parecía una pesadilla, un mal sueño. Mi compañera de clases, con quien reí, aprendí y compartí, hoy estaba en ese ataúd.

Existe una frase que dice “de amor nadie se muere”. Sin embargo, a Andrea la asesinó su primer amor, un hombre que traicionó los deseos de Andrea de formar una familia juntos y que pasó de ser su novio a su homicida.

Marvin Brenes fue condenado por el femicido de Andrea Fernández. Foto: Alonso Tenorio.
Marvin Brenes fue condenado por el femicido de Andrea Fernández. Foto: Alonso Tenorio.

¿Cómo es posible que algunas veces tenemos situaciones de violencia en nuestra cara y no nos damos cuenta?

O tal vez las vemos y las dejamos pasar, justificando que es “normal”. Yo creo que en este tipo de situaciones todos tenemos un poco de culpa, los femicidios pocas veces se dan de un día para otro, siempre hay señales previas, insultos, humillaciones, faltas de respeto, pero tal vez no sabemos cómo intervenir o ayudar correctamente.

Hay actitudes y tratos a los que debemos prestar atención como:

  • Que nuestra pareja controle la manera en que vestimos.
  • Ciertos tratos y palabras (loca, sapa, tóxica, enferma, inútil) si usted le reclama por algo en lo que usted sabe que tiene razón.
  • Empujones, golpes leves, juegos bruscos o bromas humillantes y pesadas.
  • Un trato denigrante, exigente (¿Dónde está mi comida?, ¿Por qué no ha planchado mi ropa? ¡Vamos a tener sexo y se calla!).
  • Humillaciones constantes respecto a su físico, diciéndole que está gorda, está fea, que le dan asco sus piernas, realizar comparaciones inadecuadas con otras mujeres.
  • También existe la agresión económica: negar dinero para comida, para salir a ver a su familia, etc., con el fin de privar su libertad.
  • Amenazas con los hijos, de quitárselos, de no ayudar más económicamente.
  • Que revise sus correos, celular, redes sociales, abusando de su espacio personal.
  • Controlar sus horarios, tomarle el tiempo del trabajo a su casa.
  • Cuando él decide el momento en que se tiene sexo y cuándo no.
  • Decidir por usted, no dejar que usted tenga opinión en nada.
  • No dejar que tenga amigos, aislarla de su familia, todo para que esté completamente bajo su control.
  • No permitir que usted se arregle, salga, se corte el pelo o se maquille.
  • Actitudes celosas o posesivas, acusarle constantemente de ser infiel.
  • La culpa de sus comportamientos violentos o le dice que se lo merece.

Si su pareja se disculpa y afirma que la conducta agravante no se volverá a repetir, pero usted teme que no será así. Por momentos, se pregunta si el maltrato no es sólo producto de su imaginación; sin embargo, el dolor emocional o físico que siente es real. Si esto le suena familiar, podría ser víctima de violencia doméstica.

Si usted se identifica con alguna de estas alertas ¡NO DUDE EN PEDIR AYUDA! Usted es una mujer valiosa, capaz, que puede salir de esto y no necesariamente sola, puede llamar al 911 y solicitar ayuda, al INAMU (teléfonos: 2255-1368 / 2233-7895 / 2283-0657). Ahí le brindarán ayuda psicológica, legal, incluso económica. No deje en manos de una persona agresora su vida.

La única manera de romper el ciclo de violencia doméstica es actuar. Comience por hablar con alguien sobre el abuso, ya sea con un amigo, un ser querido, el proveedor de atención médica u otra persona cercana.

Al principio, es probable que le resulte difícil hablar sobre el abuso. Pero debe comprender que no está sola y que hay expertos que pueden ayudarle. Probablemente se sentirás libre y recibirá el apoyo que tanto necesita.

Algunas veces el estatus o las apariencias nos ganan la batalla. Pero nunca hay que dejar de insistir, de tratar de ayudar a otras personas o de salir por nuestros propios medios, porque lo que está en juego es nuestra vida, nuestra felicidad y todos merecemos ser felices y tener una vida digna.

Una crianza machista, una sociedad que manipula con costumbres conservadoras, que sigue juzgando y violentando los derechos de la mujer, todo esto y más son causantes de la muerte de Andrea y de muchísimas otras más que no lograron salir del círculo de violencia. No callemos más, ni sigamos justificando la agresión, porque cada día aunque se hacen cientos de marchas pidiendo “Ni una menos” siempre son más las mujeres que mueren en manos de sus parejas.

Fuente: Daniela Morales, sicóloga (tel.: 7102-5001).