Mónica Morales.4 octubre

¿Ha escuchado que el cerebro de los niños es como una esponja? Ciertamente es una etapa donde entienden cómo funciona el mundo –que no es poca cosa–, sin embargo, el bebé nace con cien mil millones de neuronas, casi el mismo número que cuando se es adulto.

La diferencia está en las conexiones entre estas neuronas, es decir, la sinapsis. Estas conexiones son las responsables de hacer que una persona aprenda desde caminar hasta hablar francés.

Los primeros años de vida son fundamentales, durante la infancia el ser humano forma innumerables sinapsis y se considera que la “edad de hora” de este proceso finaliza alrededor de los 8 años de edad. De ahí que se considere que el cerebro de los niños es una esponja, aunque en realidad es una máquina haciendo conexiones.

Si entendemos los detalles de cómo funciona nuestro organismo, podemos potenciar el desarrollo de nuestros hijos e hijas o allegados pequeños, e incluso entendernos mejor a nosotras mismas. Además, nos ayudará a ser pacientes y empáticas… ya verá por qué.

Debemos saber que el cerebro está formado por dos mitades. Los científicos creen que la mitad derecha del cerebro se utiliza para las cosas abstractas, como la música, los colores y las formas; y la parte izquierda es la que se utiliza para el razonamiento analítico, la matemática, la lógica y el habla.

Este lado izquierdo se empieza a desarrollar a partir de los tres años. Por eso, a esta edad los niños empiezan a preguntar “por qué, por qué, por qué” ante absolutamente todo. Mientras nosotras nos volvemos locas intentando explicar, ellos van armando relaciones lógicas. Pura sinapsis.

También podemos comprender la razón de los famosos berrinches si tomamos en cuenta que la parte del cerebro que entiende razones tarda un poco más en desarrollarse. Por un proceso biológico, a los niños les toma un poco más de tiempo entender por qué no pueden llevar a casa todo lo del supermercado y terminan haciendo un papelón entre los pasillos. Tranquilas mamás, es normal, y conforme el cerebro va madurando, las pataletas van desapareciendo.

Eso sí, hay que poner un poquito de nuestra parte para estimular el cerebro de manera correcta. Continúe leyendo que le tenemos múltiples tips.

En la cabeza de los niños

Desde el nacimiento nuestra mente tiene tres niveles: el cerebro primitivo que es el encargado de las funciones vitales básicas como respirar, comer o dormir; la parte emocional y la parte racional. Estas últimas se van desarrollando según la dotación genética, las hormonas y por el entorno donde crecemos.

Dentro de ese entorno, el afecto que recibimos es fundamental para un desarrollo intelectual pleno. Así que a dar amor por montones a los más pequeños.

De hecho, desde el embarazo aparecen cambios según los estímulos. Por ejemplo, la sensación de seguridad, la voz de la madre, el sonido de música clásica, etc.; todo esto va formando el cerebro desde el útero.

Tras el parto influyen elementos como el ambiente de familia, las miradas cálidas, la atención e interés de los cuidadores, el cariño, la respuesta ante su llanto, etc.

Los primeros meses son un momento de explosión sináptica, se producen múltiples conexiones entre las neuronas debido a la gran cantidad de nuevos estímulos para el bebé. La sensación del agua, el calor del sol, la humedad, el sonido de los pájaros, la lluvia, la leche materna, el contacto con la piel de sus padres, las nuevas texturas: todo es motivo de desarrollo cerebral.

Conforme el niño va creciendo es importante estimular el habla mediante conversaciones, lecturas, canciones; así como irles asignando responsabilidades sencillas y mantenerles una rutina. Al ejecutar y repetir acciones se genera una gran formación y reforzamiento de sinapsis existentes.

Además, en la infancia, la observación y el juego son las principales herramientas para aprender.

Los niños necesitan experiencias para fomentar el movimiento,desarrollar el lenguaje y relacionarse con otros; necesitan también oportunidades para escoger y tomar sus decisiones, por ello es importante darles espacio y evitar darles todo resuelto.

No se extrañe si a partir de los dos años su hijo parece un perico intentando repetir cada una de las palabras que usted pronuncia o si a veces más bien parece un monito haciendo sus mismos gestos y movimientos.

Esto, que es tan divertido para los adultos, es también una gran responsabilidad: les estamos enseñando cómo comportarse y son lecciones que llevarán a lo largo de su vida.

Como notará, el papel de los padres o encargados de la crianza es fundamental en el crecimiento y desarrollo de las personalidades. Se debe guiar el aprendizaje, respetar los ritmos naturales, permitirles que descubran por sí mismos y sobre todo, asegurarles un ambiente lleno de cariño.

El papel de los padres

Como padres o responsables debemos ser conscientes de la importancia del entorno en el desarrollo cerebral óptimo. Hay ingredientes clave para estimular el buen crecimiento de nuestros hijos:

  1. Aportar amor y cariño (sin confundirlo con sobreprotección).
  2. Ayudarles a gestionar las emociones y resolver los conflictos.
  3. Mantenerles una dieta saludable (evitando grasas saturadas y exceso de azúcar).
  4. Promover que realicen actividad física y que jueguen.
La mente de los adolescentes

Hay una razón biológica para que se considere la adolescencia como una etapa de cambio (mal conocida como “etapa de crisis”). Hay que aclarar que no hay nada de malo en los adolescentes, simple y sencillamente, están en un proceso de reestructuración cerebral para fundamentar unas capacidades mayores, como el pensamiento analítico y crítico, el autocontrol y la toma de decisiones.

Esta maduración se realiza progresivamente desde zonas más primarias y posteriores del cerebro, hacia los lóbulos frontales que son las zonas de pensamientos más complejos.

Lo último en madurar en el cerebro es la corteza prefrontal, donde se produce el pensamiento, el control de impulsos y la toma de decisiones. Este desarrollo finaliza alrededor de los 25 años.

De hecho, en los seres humanos, la zona frontal del cerebro es lo último en madurar y este desarrollo inicia en la adolescencia y finaliza alrededor de los 25 años de edad. Esta área es la que realiza funciones cognitivas superiores como el control de impulsos, la toma de decisiones, la planificación, la voluntad, entre otros pensamientos complejos.

Por eso, cuando creemos que los adolescentes son irreverentes, malcriados o solo piensan en sí mismos, realmente es porque están experimentando importantes cambios en su cabeza, se están descubriendo a sí mismos. No obstante, eso no significa que no haya que ponerles disciplina; significa más bien que hay que corregirlos pero con comprensión y amor.

El papel de los padres y guías (profesores, familiares y amigos) es fundamental pues el joven aún carece de todas las herramientas para tomar decisiones maduras y necesita apoyo para enfrentar algunas situaciones que le desbordan y que no puede controlar.

Momentos claves del desarrollo

  1. El primer crecimiento de conexiones nerviosas tiene lugar entre los 2 y 5 años, un período en el que prospera la representación y el lenguaje.
  2. Otro gran desarrollo se da entre los 8 y 10 años, etapa de adquisición de muchos contenidos escolares.
  3. El tercer gran aumento se lleva a cabo alrededor de la adolescencia y tiene que ver con el pensamiento lógico-abstracto.
El origen de las emociones

Comúnmente relacionamos las emociones con el órgano del corazón pero en realidad el cerebro es el responsable de que amemos con todas nuestras fuerzas, sintamos enojo, alegría, tristeza o decepción.

El cerebro tiene un pequeño grupo de células en cada lado llamado amígdala. La palabra amígdala proviene de la palabra en latín "almendra" y se bautizó así debido a su forma.

Según los estudios de científicos, la amígdala es la responsable de las emociones. Este órgano permite asociar las experiencias que vivimos con sensaciones de gratificación o aversión.

Además de generar la alegría y la felicidad, la amídgala es también la encargada de la sensación de miedo y rechazo. Esto es fundamental porque nos indica cuándo luchar o cuándo huir, y –como dato curioso– es una de las responsables de la supervivencia de nuestra especie.

Asimismo, la amígdala afecta la estructuración de recuerdos. Esto porque la asociación de recuerdos está ligado a estados emocionales, que permiten una mayor conexión y fijación del material a recordar. ¿Interesante, verdad?

Y no solo las emociones se originan en el cerebro, también la sensación de saciedad. A veces relacionamos esta sensación con nuestro estómago, pero todo está en la mente. La amígdala –como vemos es una estructura muy poderosa– domina en cuánto comemos pues tiene influencia en la percepción de la saciación.

Así las cosas, el cerebro es el rey de nuestra forma de ser y de actuar. Ahora que lo comprendemos mejor, sabrá cómo enfrentar de manera más positiva los retos de la crianza o del autoconocimiento.

Lóbulos del cerebro

El cerebro tiene 2 hemisferios: el derecho (relacionado con la comprensión de cosas abstractas) y el izquierdo (donde se originan los pensamientos lógicos); cada hemisferio se divide en 4 lóbulos:

  • Frontales: En ellos se procesa el pensamiento consciente, allí se resuelven los problemas.
  • Parietales: Se encargan de la percepción de estímulos relacionados con el tacto, la presión, la temperatura y el dolor.
  • Temporales: Se encargan de la percepción y el reconocimiento de estímulos auditivos y relacionados a la memoria.
  • Occipitales: Se relacionan con los estímulos visuales.

Fuentes: Natalia Martín de la Huerga, neuropsicóloga, psicoterapeuta. / María José Calvo, autora del blo Optimistas educando y amando (http://optimistaseducando.blogspot.com). / Libro “Principios de neurociencia” (McGraw-Hill, 2001) de Eric R. Kandel. / Libro “El cerebro del niño” de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson.