Shirley Ugalde.4 noviembre
Femicidio en Costa Rica
Femicidio en Costa Rica

A inicios de diciembre del año pasado, Eva Morera –quien fue asesinada el viernes anterior por su expareja–, compartía un post en Facebook donde mostraba su indignación por los femicidios ocurridos en el 2018. Ya para ese momento, 24 mujeres habían sido asesinadas por parejas, exparejas, amigos o familiares cercanos por condición de género. “¿Cuántas más tienen que morir?”, se preguntaba Eva. Ese año acabó con una cifra de 26 femicidios.

Lamentablemente, esta vez fue Eva la protoganista del último cruento feminicidio, uno en el cual se incumplió una medida cautelar que pesaba sobre el asesino y padre de su hijo. El femicidio íntimo o asesinato de mujeres por parte de parejas, exparejas, pretendientes, amigos o familiares, no respeta edad ni condición social. Ciega la vida de mujeres y deja huérfanos a infantes indefensos y profundamente traumatizados.

Como sociedad, nos sentimos impotentes y escandalizados y eso se refleja claramente en las redes sociales. Sin embargo, en ellas es posible vislumbrar la perversa socialización cultural que determina y normaliza las relaciones de control y poder que la sociedad patriarcal asigna a mujeres y hombres, donde ellos tienen normalizado el ejercicio del control, la violencia y el poder sobre los cuerpos de las mujeres, “sus” mujeres, y ellas tienen intronizado que esos desplantes de poder y control son formas de amor.

Es urgente establecer un nuevo contrato de relaciones y vinculación donde se erradiquen los mensajes sexistas y violentos que nos inundan en videojuegos, juegos, chistes, libros, publicidad, medios de comunicación, etc. Hay que desmontar la normatividad social que está latente alrededor del control de los cuerpos femeninos y de la violencia física y sexual contra esos cuerpos.

Tenemos que estar atentas y no podemos quedarnos calladas cuando una amiga nos cuente lo celoso que es su novio o que no le gusta que use falda corta o salga sola. ¡Hay que advertirla! Esas son señales evidentes de violencia de género, pero las ignoramos. De nada sirve indignarse con este femicidio si en casa no estamos educando a nuestras hijas e hijos en igualdad. Empecemos con las mujeres cercanas a nosotras –amigas, vecinas y nosotras mismas– y examinemos nuestro entorno y nuestra conciencia. El flagelo de la violencia de género se debe cortar de raíz. Si permitimos relaciones violentas y desiguales, también contribuimos a normalizar este tipo de actitudes.

En Perfil queremos ser parte de la solución y aportar en la creación de una sociedad igualitaria y no violenta. No estaremos tranquilas mientras existan hombres que crean tener el derecho de regir la vida de una mujer o, peor aún, de decidir cuándo darle fin.