Redacción Perfil.26 febrero

“Muchos de los padres de familia me hacen esta pregunta con frecuencia y si consideramos que la relación entre padres e hijos debe estar basada en el respeto y en el establecimiento de límites, definitivamente no, se recomienda que los padres sean amigos de los hijos”, explica la doctora en educación y fundadora de Saint Gregory School, Rosi Brenes.

Según la especialista sí debe existir un excelente vínculo entre padres e hijos, sin embargo, ser amigos supone un trato horizontal entre ambas partes y esto no es saludable para la formación de los mejores.

“En los hogares debe haber una jerarquía a donde papá y mamá son los jefes de la casa, son los que mandan. Cuando en el hogar no hay cabeza, toda la familia se desordena. La relación con un padre o madre nunca debe ser de igual a igual, amigos encontrarán muchos, pero papá y mamá son únicos y vitales en la formación de niños y adolescentes”, explica Brenes.

Por alguna razón, conforme los hijos crecen y llegan a ser adolescentes, a los padres les da temor negarles permisos, o decirles que NO, porque no quieren que sus hijos se sientan mal, o dejen de amarlos. Lo que no se imaginan es cuánto daño les hacen al no poner límites, y dejarlos hacer todo lo quieran. La tarea educativa en el hogar supone lograr un equilibrio entre la autoridad y el amor, sabiendo poner límites a tiempo, y esto aplica desde una edad temprana de los niños.

“Cuando en un hogar no hay reglas y límites claros, los jóvenes se sienten inseguros, se vuelven déspotas, crueles, lo que llamamos “malcriados” porque tienen que gobernar su vida sin estar listos, y por eso cometen irresponsabilidades y muchos errores. Por eso papás y mamás… ¡Tengan mucho cuidado con lo que les permiten a sus hijos! Ustedes no deben ser un amigo más para sus hijos, pueden tener una buena relación con ellos, conversar de cualquier tema y acompañarlos en todos los momentos que van viviendo conforme crecen, pero bajo una figura de padres, como la autoridad del hogar”, sostiene la doctora en educación.

¿Qué hacer? Recomendaciones:

Es importante resaltar que la forma en que un adolescente se relaciona con sus padres marcará la pauta de sus relaciones adultas. Defina reglas razonables y bien detalladas, que contribuyan con el bien de todos los miembros de la familia. De esta manera el adolescente se convertirá en un adulto con capacidad de conciliar y negociar en sus relaciones futuras.

¿Qué necesita un adolescente de sus padres? Cariño, tiempo, amor, un buen ejemplo que, evidentemente van a copiar en el futuro, reglas y límites claros que les darán seguridad y generará el respeto por sus padres y por su hogar. Los límites claros son necesarios pues dan firmeza a la educación.

Foto: Shutterstock.com
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Doña Rosi enfatiza que “los padres deben saber escuchar ya que poner límites no significa solo prohibir. Algunas normas se definen de manera unilateral, y las establecen los padres, pero en otros casos es posible negociar con los hijos, siempre manteniéndose en el marco de las reglas familiares. Esto repercutirá de manera positiva en la formación de un muchacho abierto a escuchar y conciliar cuando le corresponda vivir situaciones difíciles. Es importante dejar claro que un padre puede ser autoritario, y muy cariñoso a la vez, esa sería la autoridad verdadera, pero no hay que confundir el autoritarismo con la autoridad”.

Desarrollar confianza entre padres e hijos no es lo mismo que ser amigos. Los padres deben ser muy inteligentes como para convertirse claramente en la persona con la que indudablemente sus hijos puedan contar siempre, quien les brinde el mejor consejo, quien los ayude a rectificar cuando cometan un error, quien los escuche sin juzgarlos y pueda responderles con la guía que ellos necesitan. Los padres deben dar apoyo afectivo para que sus hijos resuelvan sus problemas, pero no resolvérselos siempre. La línea del respeto y autoridad no se puede pasar.

“Cuando un hijo no sigue las reglas, los límites o las expectativas definidas en el hogar, es necesario hacerlos responsables de ese comportamiento con las consecuencias o teniendo la experiencia como aprendizaje. Solo así, aprenderán de sus propios actos, si ignoramos la situación o la “tapamos” con amor por miedo a que ellos se enojen, es muy probable que ese error se repita más adelante, incluso con una magnitud mayor de gravedad. Esto provoca una paternidad permisiva teniendo muy pronto consecuencias como: niños rebeldes, sin límites, con problemas ante las figuras de autoridad, baja autoestima, poco control de impulsos, inseguridades, entre muchos otros”, explica.

Si transformamos la relación de padre o madre e hijo por una de amigos, los estamos dejando “huérfanos”, sin ese referente de autoridad que ellos necesitan para convertirse en adultos responsables, sanos, seguros y feliz, que además puedan ser, en el futuro, buenos padres para sus propios hijos.

Por eso, ¡trabajemos en ser más padres y menos amigos!