Por: Daniella Víquez.  9 febrero

Costa Rica necesita educación sexual pero no lo digo yo, los datos hablan por sí solos:

En el país un 69.4% de hombres y 53.2% de mujeres en Costa Rica inician su vida sexual antes de los 18 años.

En la II Encuesta Nacional de Juventudes del 2013 un 30% de personas entre 15 y 35 años afirmó no haber recibido información en temas tan básicos como el funcionamiento de los órganos reproductivos o el derecho a decidir cuándo tener relaciones sexuales.

47% de los embarazos en mujeres entre 15 y 49 años fueron no deseados según el Segundo Estado de los Derechos Humanos de las Mujeres en Costa Rica.

Solo entre enero y setiembre del 2017, unas 215 personas fueron denunciadas ante el OIJ por tener relaciones impropias con menores de edad.

Por este evidente problema en la educación el Ministerio de Educación Pública presentó programas de Educación para la Afectividad y Sexualidad Integral. Estos programas se aprobaron en el 2012, en el 2016 se fortaleció en primaria y a partir de este 2018 se impartirá como una asignatura en décimo año.

¿Pero qué temas realmente se enseñan en estos programas?

Primer grado: aprenden a conocer su cuerpo y cómo cuidarlo por medio de la higiene, una sana alimentación y la actividad física. Además aprenden a conocer y comunicar cualquier situación peligrosa y que les cause incomodidad.

Segundo grado: comprenden la importancia de las relaciones respetuosas con personas de distintas edades. Se les enseña el respeto y la amistad.

Tercer grado: aprender a evitar conductas violentas para cuidarse mutuamente en la escuela, el hogar y la comunidad.

Cuarto grado: conocen los síntomas del cuerpo humano y cómo mantenerse sanos mediante el desarrollo de hábitos positivos.

Quinto grado: estudian los cambios que ocurren en el cuerpo del hombre y la mujer al pasar a la adolescencia. Se fomenta la igualdad y la equidad entre todas las personas.

Sexto grado: realizan acciones para cuidar su salud y la de las personas cercanas, reconocen procesos fisiológicos relacionados con la reproducción humana y aprenden sobre la responsabilidad que tienen las personas cuando deciden formar una familia.

A partir de sétimo año reciben una lección específica con una dinámica participativa impartida por profesores de ciencia.

Setimo año: Aprenden a convivir con la diversidad de manera respetuosa en el marco de los derechos humanos, entendiendo que cada persona es diferente

En octavo año: conocen sus derechos, entre ellos los sexuales y los reproductivos. Aprenden a respetar y defender sus derechos. Asumen responsabilidades. Reconocen y evitan relaciones violentas y abusivas.

En noveno año: se fomenta la toma de decisiones informadas para la vivencia plena y responsable de su sexualidad. En el marco de los derechos humanos, aprenden a prevenir infecciones de transmisión sexual y embarazos no planeados. Analizan la relación entre placer y bienestar. Además, aprenden a prevenir y denunciar todas las formas de violencia y abuso sexual.

Desde décimo año: Se imparte una asignatura llamada Educación para la Afectividad y Sexualidad Integral, en la cual son los estudiantes quienes expresan sus dudas e inquietudes reales y estas son atendidas por profesores de psicología con quienes construyen el contenido de la clase de manera conjunta.

Además, se analizan los estereotipos de desigualdad entre hombres y mujeres para evitar toda forma de violencia y discriminación. Se les brinda información sobre la existencia de los distintos métodos anticonceptivos. Conocen sus derechos y responsabilidades en la vivencia de la sexualidad. Conocen el rol de las instituciones públicas y privadas en su defensa. Aprenden a evitar relaciones inapropiadas y aprenden a planear sus proyectos de desarrollo personal.