Andrea González Mesén.18 noviembre, 2016
Freddo Aventura
Freddo Aventura

El camino desde el centro de San José tarda poco más de una hora. Árboles, hortensias y un clima muy fresco son las señales inequívocas de que estamos cerca del gran coloso del Poás.

Este impresionante volcán es el telón de un paisaje perfecto entre fincas cargadas de pasto de calidad, cientos de vacas de diversas razas, sembradíos y una comunidad con gente pura vida.

Si bien esta es una zona dedicada en su mayoría a la lechería, la realidad es que el turismo también ha ido ganando terreno.

Un ejemplo de esa diversificación es Freddo Aventura, sitio donde se puede pasar en familia, conocer sobre la historia de Costa Rica y comer rico.

Lo ideal es llegar lo más temprano posible para aprovechar el día sin prisa alguna.

Tres kilómetros al este de la escuela de Poasito se ubica la entrada principal de una finca de 570 hectáreas. Es aquí donde empieza la aventura.

La bienvenida está a cargo Tobías o Tobi, el san bernardo que vigila la entrada y que hace más amena la espera de quienes están apunto de iniciar el tour que en promedio tarda dos horas.

La idea de abrir las puertas a la vida de la lechería se dio hace tres años, tiempo después de que el abuelo de Freddo -Freddy Vargas- falleciera y dejara como herencia la unión familiar a través de clásicos días de campo.

Para mantener la tradición es que Vargas se une con vecinos de la comunidad y abren las puertas de esta gran finca para el disfrute de muchas familias.

"Aquí la comida es un valor muy importante, es señal de esa unión familiar", afirma Luis Diego Jiménez, administrador del proyecto.

Mientras espera a que inicien los tours -que salen todos los días a las 8 a. m., a las 10 a. m y a 1 p. m.- puede visitar La Pulpería, que en realidad se trata de una antigua lechería que ahora dispensa bebidas calientes, varios tipos de quesos, antojitos dulces, entre otros productos.

La llegada de la carreta jalada por un tractor anuncia el momento de salida. Juan José es el conductor a cargo de llevar a los curiosos a conocer el lugar.

Los grupos se integran por un máximo de 20 personas, ya que esta es la cantidad de asientos con que cuenta la carreta, que aseguran fue construida con piso de roble y asientos de un antiguo bus de Grecia.

Ahora lo único que debe hacer es relajarse y disfrutar del paisaje.

A paso lento pero seguro, el peculiar tractor recorre algunos de los caminos entre las cuidadas fincas que abastecen de alimento y tranquilidad a más de 700 vacas Jersey.

Según explica Jiménez, los bovinos son animales acostumbrados a seguir rutinas. Se levantan a las 12 de la noche a desayunar, a las tres de la mañana van a "boñiguear", sus desechos son procesados y sus nutrientes aprovechados como abono orgánico; de tres a seis son ordeñadas y luego se las llevan al campo. A las 12 almuerzan y a las seis de la tarde se liberan para dormir, esto todo los días.

Alterar su rutina podría afectar la producción de leche; es por ello que, si bien son parte del paisaje, no necesariamente implica poder jugar o estar cerca de ellas.

"Es cuestión de suerte que los arrieros tengan que mover ganado en el momento en el que va pasando el tour, de esto no se da garantía, ellas siguen con su rutina", afirma el administrador.

Pero tranquilos, para quitarse las ganas de tocar, darles de comer y hasta ordeñar a estos animales es que están Princesa, Rosita, Margarita y Mantequilla.

Estas cuatro vacas se dedican por completo al turismo. Ellas no tienen que preocuparse por producir leche, su trabajo es recibir a los visitantes y permitirles vivir la experiencia de la lechería.

Cada viaje cuenta con un guía quien se encarga en el camino de comentar algunas de las curiosidades de la zona, de contar un poco de historia del lugar y de explicar fenómenos naturales, como que el viento que se siente, pese a ser frío, viene del Caribe y su temperatura cambia gracias a que pasa por el llamado Paso del Desengaño entre los volcanes Barva y el Poás.

Cuando los visite no olvide llevar abrigo y zapatos cómodos. A la mitad del trayecto se toparán con un pequeño bosque húmedo en regeneración. Al internarse en él no podrá resistirse a la idea de fusionarse con la naturaleza y disfrutar de la tranquilidad del momento.

Cada paso en su sendero lo llevará a descubrir algún ave, planta o caída de agua. Según aseguran, en este pequeño refugio se encuentran más de 300 especies de aves.

La siguiente parada será en el sembradío de fresas. Aquí podrá aprender sobre su producción y cómo comerlas, además de saborear unas cuantas. Justo en esta parada en una antigua casa de lecheros se espera habilitar el Gallito, un restaurante que ofrecerá comida tipo gallo (tortilla con todas sus posibles combinaciones).

El tour no termina aquí, aprender sobre quesos es quizá de las partes más entretenidas del viaje. Todo inicia con el encuentro con Margarita o alguna de sus amigas.

La leche que extraenlos turistas es utilizada para dar de comer a los pocos novillos que nacen en la finca.

"Las chiquillas (las cuatro vacas) son súper fotogénicas, están acostumbradas a la gente y a que las ordeñen varias manos. No es necesario amarrarlas", mencionó Jiménez, mientras se preparaba para extraer líquido de las ubres.

La finca ofrece ocho tipos de quesos entre ellos el Poás y el de la casa. Además de los de temporada, como el queso tipo mozzarella relleno de mermelada de fresa con higos.

"Las variantes de queso no son exclusivos ni únicos, pero son locales y de muy buena calidad", afirmó Jiménez.

Este proyecto es parte de Freddo Fresas, el restaurante local conocido por su buena cuchara casera y el famoso "pecado", un postre que fusiona en un solo bocado el sabor del plátano maduro, el queso y las fresas.

Si está dispuesto a irse de paseo y disfrutar de la naturaleza anímese a visitar esta zona que ofrece excelente comida y mucho por hacer.

Referencias:

Freddo Aventura

Tel.: 2482-1024.

Dirección: 3 kilómetros al este de la escuela de Poasito, en Alajuela.

Fotos: Graciela Solís.