Por: Andrea González Mesén.  27 junio, 2016

Si antes decidir dónde realizar sus vacaciones era complicado, ahora lo es más. Costa Rica está ampliando su oferta turística y la zona de La Cruz de Guanacaste no es la excepción.

Nadar con caballos, realizar snorkeling y conocer sobre la historia de sus habitantes, son solo algunas de las alternativas que toman fuerza en la tierra pronta a la frontera con Nicaragua.

Se trata de una cadena de iniciativas que se empezaron a impulsar desde el 2014, cuando la firma Dreams Las Mareas abrió las puertas al turismo nacional y extranjero; para ello, fue necesaria una inversión mayor a los $125 millones.

Manuel Alán, propietario del hotel Santa Elena Lodge, comentó que La Cruz es un pueblo que pese a que aún se encuentra en los niveles más bajos de pobreza de Costa Rica se transforma con las oportunidades. En su momento, afirma, fue la pesca y ahora muchas de estas personas se especializan para ofrecer servicios vinculados con el turismo.

La Cruz despierta su turismo
La Cruz despierta su turismo

Precisamente es el caso del guía Ólger Cambronero, un baquiano que trabaja para la firma Salve Terra y que dirige el tour de nado con caballo.

Ersel Aguilar, encargado del proyecto, asegura que desde que la empresa abrió sus puertas, hace poco más de un año, todo el trabajo va de la mano con el mejoramiento de la comunidad más cercana: Colonia Bolaños.

"Trabajamos uno a uno con la comunidad. Desde la señora que nos hace el pan en el horno de leña, hasta la que realiza la lavandería de forma muy casera. Incluso el artesano de la zona se ve beneficiado. Visitarnos se traduce en aporte a la comunidad", comenta.

Aventura

Si montar a caballo es por sí solo una aventura, nadar con ellos es una actividad de otro nivel. Todo empieza en una hacienda a unos 45 kilómetros de Liberia, muy cerca del río Sapoá y colindante con la Reserva Forestal Guanacaste.

Gran parte de la acción se desarrolla en una poza natural de cinco metros de profundidad. Para llegar a ella es necesario atravesar un camino secundario, olvidado y rodeado por la vegetación propia del bosque seco.

Luego de un par de bombas, dichos, historias de ancestros, explicaciones sobre la flora y fauna, y una hora sobre el lomo de un caballo se llega al margen del río Sapoa, actor importante del tour. Tardaron cerca de seis meses entre pruebas y desarrollo de la experiencia.

Aguilar cuenta que inicialmente solo incluía la ruta de monta. Luego de conocer la zona y descubrir las cualidades del río Sapoá varios propietarios de tierras decidieron darle marcha a las visitas guiadas.

Cambronero, quien además es experto en entrenar caballos, explica que si bien nadar es una habilidad natural de los animales los que se utilizan son entrenados y aclimatados previamente para poder resistir hasta seis viajes por día.

"Uno los va conociendo. Son como niños, puede que un día no quieran mojarse y su decisión se respeta. Pero también les encanta jugar en el agua y refrescarse, ellos nadan y se divierten", dice Cambronero.

Los caballos son liberados de sus monturas una vez que logran llegar a la orilla del río. Manchas es uno de ellos, con ayuda del guía es dirigido por un pequeño trillo hasta el agua. Con gran facilidad cada una de sus patas se va sumergiendo hasta completar el primer nado de aclimatación.

Una vez en el agua las instrucciones son claras para los turistas: siempre usar el chaleco salvavidas, aferrarse al crin del caballo, acostarse sobre él una vez que el agua lo tape y nunca subirse a su nuca.

La ruta de nado es aproximadamente de 10 metros. En este espacio el caballo es acompañado por el guía, mientras el turista es jalado por el animal.

"Lo importante es mantener la calma. El caballo sabe lo que hace. Si logra entrar en confianza lo mejor es abrazarlo, así se puede sentir cómo mueve sus patas, cómo late su corazón y cómo su respiración se sincroniza con el avance", comenta el experto.

Al llegar al otro extremo de la poza las cosas cambian. La sensación de temor se aleja y da espacio a la conexión necesaria con el animal. En su regreso el esfuerzo es mayor, va contra corriente, y el vínculo más fuerte.

“Hay que tener cuidado con ellos, principalmente quienes no saben nadar, ya que suelen tener nervios. Tenemos que recordar que son animales muy inteligentes que sienten y que también pueden verse afectados por la angustia de los clientes”, comenta Aguilar. Manchas salió del agua no sin antes jugar con su guía y chapotear con sus patas.

Vida en comunidad

La vida de campo no es cosa fácil en La Cruz. Los servicios básicos son escasos y las necesidades parte del pan de cada día. En muchos pueblos las casas siguen siendo las mismas que se construyeron hace más de 150 años con maderas autóctonas cortadas con hachas y serruchos que dejaron marcado el sudor de los antepasados. Esta historia sigue viva y es precisamente la que atrae a decenas de turistas que a su vez empiezan a inyectar aires de nuevas economías.

José Desamo, vecino de la zona, cuenta que ha dedicado su vida a la crianza de ganado, principalmente para el consumo de su familia y lo sobrante para vender localmente. En los últimos años optó por incursionar con la crianza de ovejas, su carne sí es consumida pero "únicamente por los viejos ricos", como dice este hombre, cuyo rostro no oculta el paso de los años.

Su rancho se amplió sin querer y ahora analiza la posibilidad de abrir las puertas a extraños para que le den de comer a los animales, los vean de cerca y hasta los puedan tocar.

"Es parte de mi trabajo. Está buena la idea de que entren y vean a los animales, eso no me afecta en nada; por el contrario, me podría dejar plata", dice mientras vigila a su ganado desde una hamaca.

Otro de los atractivos históricos de la comunidad son las decenas de piedras talladas que guardan en sus mensajes secretos de poblaciones muy antiguas.

Mar y naturaleza

Si lo que desea es ser parte de la naturaleza, de la flora y fauna, La Cruz tiene puntos a su favor.

Dejarse impresionar es fácil con las manadas de monos araña que literalmente vuelan entre las ramas de los árboles sobre la carretera; o los congos que emiten sonidos para llamar a los suyos y los cariblancos que juegan no sin antes ver cualquier posibilidad de interacción, todo camino a Bahía Junquillal, muy cerca de Cuajiniquil.

Estado de senderos en el Refugio Nacional de Vida Silvestre bahía Junquillal, en La Cruz de Guanacaste.
Estado de senderos en el Refugio Nacional de Vida Silvestre bahía Junquillal, en La Cruz de Guanacaste.

Bahía Junquillal es Refugio de Vida Silvestre y ostenta una Bandera Azul Ecológica. Desde su arena blanca y su mar completamente calmo es posible ver la isla Los Muñecos, una formación rocosa en la que es posible realizar snorkeling y pesca artesanal.

"Estar aquí es sumergirse en un mundo nuevo, nuestro mundo es la tierra. Entrar en el mar es tener la oportunidad de ver cosas nuevas todos los días", comentó con orgullo Óscar Rosales, el capitán del bote.

Visitar esta zona de Costa Rica no está tan lejos como se cree, sus bellezas son únicas y su gente inigualable. Anímese a realizar turismo comunitario.

Referencias: Santa Elena Lodge (Tel.: 2679-1038) Salve Terra (Tel.: 8989-2112).