Silvia Artavia, Brenda Alfaro.18 marzo

Nadie se cuestionaría la veracidad de un caso de abuso sexual contra un menor de edad... ¡Sería el colmo, con la atrocidad que supone un acto de tal bajeza! Sin embargo, no pasa lo mismo cuando la denunciante es una mujer, aseguran cuatro especialistas en sociología y sicología consultadas por Perfil.La duda sobre la certeza o no del testimonio pesa más cuando la afectada es una mujer, confirman las expertas.

La tesis de las expertas ha tomado fuerza en las últimas semanas, a la luz de las dos denuncias penales interpuestas en contra del expresidente y Premio Nobel de la Paz, Óscar Arias Sánchez; una por violación y otra por abuso sexual.Junto a ellas, y al cierre de esta edición (15 de febrero), otras siete han compartido sus testimonios sobre presuntos abusos que habrían sufrido por parte del exmandatario. En estos últimos casos no ha mediado un proceso penal.

Esa ola de denuncias contra Arias ha venido acompañada de una avalancha de escarnio público que les ha escupido en la cara a las denunciantes y, a la postre, a nuestra sociedad. “Seguro ella se le insinuó”. “Esa vieja lo que busca es fama”. “Quiere sacarle plata”...Comentarios de ese tipo han hecho estruendo en redes sociales y en conversaciones casuales. ¿Por qué, como sociedad, nos cuesta tanto creerles a las mujeres víctimas de violencia sexual? ¿Por qué las sometemos tan atrozmente al escarnio público?

Cuatro expertas consultadas por Perfil concuerdan en que será un tribunal el que juzgará al exmandatario; no la opinión pública. No obstante, junto a esa premisa, afirman que debe fomentarse una cultura de empatía para con las presuntas víctimas. Las siguientes son las apreciaciones de Montserrat Sagot, doctora en Sociología y directora del Centro de Investigación en Estudios de la Mujer de la Universidad de Costa Rica (UCR); Ana Hidalgo, coordinadora del Área de Atención a la Violencia del Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu); Wendy Cook, psicóloga especialista en violencia contra la mujer, y Carolina Sánchez, socióloga de la Universidad Nacional (UNA).

Foto: Shutterstock.com
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Siempre bajo sospecha

“Las mujeres nunca hemos sido voces autorizadas para hablar; siempre estamos bajo sospecha. Incluso cuando hay femicidios, donde está ahí el cuerpo (de la mujer fallecida), se llega a cuestionar qué fue lo que hizo ella para buscárselo”, opina Montserrat Sagot. “Las víctimas de violación, por ejemplo, dicen que cuando van a un juicio, lo que tienen que hacer es defenderse, porque siempre se parte de que algo hicieron; que llevaban la falda muy corta, que tomaron demasiado licor, que fueron al lugar inapropiado, que anduvieron solas. La gran duda social siempre está sobre las mujeres”, prosigue.

Según la líder del Centro de Investigación en Estudios de la Mujer, esa premisa de dudar siempre del sexo femenino se fundamenta en una sociedad machista que sigue concibiendo a las mujeres como “ciudadanas de segunda categoría”, subyugadas al hombre. “Hay una sociedad completa que se sostiene sobre la base de que las mujeres estemos al servicio de los hombres, que hagamos el trabajo doméstico, el reproductivo, que estemos en los puestos peor pagados, etc. Las ideologías y procesos de socialización ponen a quienes llevan toda esa carga como ciudadanas de segunda categoría, y por eso, la palabra de las mujeres no cuenta”, explica la socióloga.

La violencia sexual es aquella acción que obliga a una persona a mantener contacto de carácter sexual, físico o verbal, o a participar en otras interacciones sexuales sin su voluntad.

Con ella está de acuerdo Ana Hidalgo, del Inamu, quien es vehemente al afirmar que la respuesta a por qué dudamos de las denuncias de las mujeres tiene que ver con la cultura machista de la que no logra despojarse la sociedad. “La respuesta tiene que ver con la cultura machista, que ha naturalizado la violencia sexual contra las mujeres, la ha hecho ver como normal. Si no fuera así, no tendríamos medios de comunicación que objetivizan a las mujeres, no tendríamos publicidad sexualizada”, exhorta.

Según la experta, la duda sobre los testimonios femeninos acerca de abusos se incrementa cuando las presuntas víctimas son mayores de edad.“Cuando se trata de violencia sexual contra mujeres, y sobre todo cuando son adultas, empiezan los cuestionamientos de una manera despiadada”, expresa.

Carolina Sánchez, de la UNA, refuerza esa postura, al afirmar que la sociedad patriarcal en la que vivimos sigue fomentando la falsa creencia de que las mujeres no son seres racionales, sino emocionales. “La sociedad lo que hace es responder bajo esa cultura de la sospecha. Dudamos de la víctima hasta que no se someta al escrutinio absoluto. Eso pasa cuando una mujer alza la voz: por un lado, para avergonzarla, y por el otro, para aleccionar a otra a que no lo haga (denunciar)”, puntualiza Sánchez .

En tanto, la especialista en violencia femenina, Wendy Cook, sostiene que ese juzgamiento al que se somete a quienes denuncian violencia sexual se afianza en que existe un perfil específico en la mente de las personas acerca de cómo debería reaccionar la víctima ante una agresión de ese tipo. Lo esperado es que las afectadas corran a denunciarlo, dice la experta en psicología, quien actualmente cursa un doctorado en Psicología Clínica y Forense en Nova Southeastern University, en Florida, Estados Unidos.

“Pero la realidad es completamente contraria. Cada persona tiene distintas formas de reaccionar a un mismo evento traumático. Algunas se congelan, no saben qué hacer; otras tratan de defenderse, van y demandan al día siguiente, están listas para dar esa pelea, y hay otras que escapan de la situación”, argumenta Cook.

La figura de poder...

En criterio de las expertas, no solo la decisión de denunciar a tiempo -para las presuntas víctimas-, sino también la aversión por parte de la opinión pública ante dicha acción, son mayores cuando el demandado es una figura de poder. Para ellas, la imagen positiva que tienen esos líderes ante el imaginario colectivo pesa mucho más que ese voto de confianza que pide la demandante.

¿Las razones? Ya sean políticos, artistas o deportistas, esas figuras públicas son especies de héroes en quienes se refleja la sociedad y modelos de idiosincrasia. “Como se trata de personajes con una asociación positiva de los valores costarricenses, entonces se considera que aceptar la denuncia es como renunciar a parte de nuestra identidad”, defiende Ana Hidalgo.

Vergüenza, negación, miedo a las consecuencias, intimidación, baja autoestima, falta de información, impotencia, desesperanza, son las principales razones por las cuales una mujer no denuncia inmediatamente una situación de violencia sexual.

Por su parte, Wendy Cook opina que cuando ya existe un precedente sobre quién es esa persona, es muy complicado construir una imagen totalmente inversa. “Ubicarlo en un posible acto criminal, porque quien incurre en violencia sexual es un criminal, es muy difícil. Entonces, es más fácil para la sociedad no creerle a la víctima que hacer una desconstrucción de la idea que tenía sobre esa persona”, explica Cook. Para la psicóloga, cuando se pone en entredicho la integridad de alguien quien es una personalidad, la sociedad entra en un tipo de negación. “No queremos aceptar que esas cosas están sucediendo, no queremos aceptar que un presidente, que se supone que tiene que velar por la seguridad de un país porque quiere lo mejor para este, o porque es un líder o alguien a quien yo quiero que se parezcan mis hijos, de un momento a otro se convierta en un abusador, entonces es preferible negarlo, en lugar de afrontar una realidad que es cruel”, amplía Cook.

Montserrat Sagot estima que el miedo que acompaña a las víctimas de agresiones sexuales se potencia cuando la persona agresora es influyente. “Cuando hay un hombre poderoso de por medio, el miedo a que ese hombre te pueda destruir la vida laboral, que pueda destruir las posibilidades de construir prestigio profesional, que pueda cerrarte todas las puertas, es peor”, expresa. Por ese temor, añade la especialista, es que, en el mundo, solo entre un 15% y un 20% de las mujeres que son víctimas de violencia sexual alguna vez lo denuncian. “Por eso la muchacha que lo denunció primero (a Arias) se fue del país. La mujer siempre es la que tiene que demostrar que no es culpable”, comenta. Silencio cómplice

Parte de la lectura social que realizan las especialistas abordadas por Perfil es la reacción del sector político ante el episodio que atraviesa el expresidente, quien ha sido militante del Partido Liberación Nacional (PLN) desde hace más de 60 años. Para ellas, el silencio que ha caracterizado a la cúpula es otra de las causas que influye en que las demandantes sean cuestionadas.

“En el caso específico de Arias, se nota un silencio cómplice por parte de las jerarquías políticas, y eso hace que la gente esté resistente a creer”, analiza Carolina Sánchez. Además, la socióloga cree que ese nulo pronunciamiento de las partes aludidas es una especie de “encubrimiento”. “Desde la teoría feminista, la doctora Rita Laura Segato habla de la cofradía masculina, que protege desde el sistema político hasta el judicial, a otros hombres que hayan hecho lo mismo, porque es una práctica extendida; sobre todo antes, que no se hablada de esto... Antes no había a quién recurrir, porque era algo demasiado naturalizado”, explica.

Según Ana Hidalgo, hay quienes “hacen cálculo político” hasta en estos casos y, por eso, prefieren callar. “Para quienes se sitúan desde el ámbito partidario-electoral, lo ven como una afrenta a su partido y piensan en el impacto que esto podría tener en una elección, por ejemplo”, concluye la especialista del Inamu.

delito sexual
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La violencia sexual es aquella acción que obliga a una persona a mantener contacto de carácter sexual, físico o verbal, o a participar en otras interacciones sexuales sin su voluntad. Vergüenza, negación, miedo a las consecuencias, intimidación, baja autoestima, falta de información, impotencia, desesperanza, son las principales razones por las cuales una mujer no denuncia inmediatamente una situación de violencia sexual.

Generalmente, las situaciones de violencia sexual ocurren en sitios donde no hay testigos, por lo que la víctima siente miedo para expresar y comentar lo sucedido, se genera temor porque no le van a creer y porque tendría que narrar algo que podría ser vergonzoso o de burla. En Costa Rica, los delitos de ámbito sexual representan aproximadamente el 4% de la totalidad de las denuncias interpuestas ante el Ministerio Público, siendo la cuarta causa de delito por título del Código Penal ingresados como nuevos cada año.

8240: Cantidad de mujeres, víctimas en casos por delitos sexuales ingresados al Ministerio Público durante el periodo 2017.

En Costa Rica, del 2007, año en que se promulgó la Ley de Penalización de la Violencia contra las Mujeres al 31 de diciembre de 2017, hubo un total de 313 femicidios. En 2017, específicamente, según cifras del Subproceso de Estadísticas y conocidas por la Sub-Comisión Interinstitucional de Prevención de Femicidios, hubo 26 femicidios de un total de 58 homicidios contra mujeres; es decir poco más de dos femicidios por mes.

Hay dos tipos de femicidio

El primero es el femicidio legal, tipificado por el artículo 21 de la Ley de Penalización de Violencia contra las Mujeres, el cual sanciona las muertes de las mujeres a manos de sus cónyuges o parejas actuales. Y el segundo es el femicidio ampliado. En éste se incluyen las muertes violentas de mujeres, por género, en donde no había una relación de matrimonio o unión libre: ejemplo, las muertes durante el noviazgo, después de un divorcio, luego del cese de una unión de hecho y las que ocurren en ámbito público, a raíz de un ataque sexual, entre otros.

De 2007 a 2017, se recibieron un total de 177,177 casos nuevos en las Fiscalías Penales de Adultos por delitos contemplados contra la Ley de Penalización de la violencia contra la mujer.

Fuente: Observatorio de Género del Poder Judicia, INAMU.