Por: José Pablo Alfaro Rojas.  7 agosto

A veces parece fantasía. Lanzarse a la playa de noche, en la oscuridad, en busca de algo que ‘me han contado’ pero es difícil de captar en las fotografías.

La fantasía se transforma en realidad cuando entro al mar con mi snorkel, sin ver casi nada, y me consumo. Ya bajo el agua, muevo los brazos suavemente, y de pronto descubro que cientas de luces empiezan a iluminar el camino.

Cada vez que hago una brazada ligera se activan miles de ‘luciernagas’ que brillan en el mar, o como si se tratara de un cielo repleto de estrellas.

No estoy exagerando. Lo viví en playa Quesera en el Refugio de Vida Silvestre Curú, cuando pagué por el tour de bioluminiscencia y me llevaron en lancha a conocer este fenómeno natural, que probablemente existe desde siempre, pero hasta hace poco se convirtió en un atractivo real para el turista.

Por desgracia, captar las imágenes es casi imposible. Las luces se activan y desaparecen con el movimiento, por lo que se hace realmente difícil de enfocar con una cámara, incluso profesional.

Traté de buscar una fotografía que fuese lo más veraz posible y reflejara la verdadera belleza de la bioluminiscencia. La que coloqué en este artículo se asemeja mucho a la realidad. Según me cuentan, la luna llena puede hacer que la intensidad del brillo sea mayor, y ni que decir bajo el agua, que es donde mejor se observa.

Llegué a Quesera por circunstancias. Me habían hablado de un spot increíble, virgen y rodeado de enormes palmeras.

Nadie me había dicho que el agua es tan cristalina que desde el propio bote se puede ver el fondo del mar.

Quesera está rodeada por dos manglares, lo que provoca que haya mucho plancton a su alrededor. El plancton es un microorganismo que pasa siempre en el agua y genera una reacción químíca que produce la luz.

El plancton se activa con el movimiento, por lo que en la noche se ilumina y causa esta extraordinaria experiencia natural.

Al igual que yo, el tour de luminiscencia llegó a Quesera por circunstancias. A don Luis, uno de lo dueños del Refugio Curú, lo llamó un amigo para pedirle un tour de ‘kayak nocturno’, pues un cliente de Estados Unidos se lo había solicitado.

A la bioluminiscencia se le conoce como kayak nocturno entre los extranjeros de habla inglesa. El día que don Luis guió al turista, se encontró con que el fenómeno podía ser un atractivo adicional y más aún en Curú.

Este refugio forma parte de la Península de Nicoya, en donde muchas de las playas tienen plancton, aunque en otros destinos como Cuajiniquil y Rajada también se puede apreciar en distintas épocas del año.

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Debo reconocer que pagué el tour y me subí al bote con cierto recelo. La lancha se toma a las 5:30 p.m. en un recorrido que tarda poco más de 10 minutos para llegar a Quesera.

Después de disfrutar un rato en la playa, hay que volver a subir al bote, que se moverá algunos metros desde la costa hasta anclarse en medio del mar.

Son casi las 7 p.m. y hay que colocarse el chaleco salvavidas y lanzarse al agua. El bote iba lleno y a más de uno le costó animarse.

Yo preferí no pensarlo mucho. Me puse el equipo de snorkeling y me consumí. Durante casi 15 minutos aprecié una imagen que se guarda en la retina: Miles de pequeñas luces encendidas sobre mis ojos.

Todavía después de salir del agua, reflexionaba sobre lo mucho que queda por descubrir en este país diverso y repleto de historias por contar.

Quedan tantas historias como luciérnagas en el mar.

Otras playas que puede visitar en la Península de Nicoya:

Playa Muertos: https://bit.ly/2KDjfuu

Playa Posa Colorada: https://bit.ly/2LXh76s

Playa Órganos: https://bit.ly/2nervbg