Andrea González Mesén.6 agosto

En mayo de este 2018 Río Cuarto dejó de ser un distrito de Grecia y se convirtió en cantón. Así que los niños en las escuelas tendrán que agregar este nombre a la lista cuando estudien cantones, y todos deberíamos incluirlo también en nuestros itinerarios de rutas obligatorias por conocer.

Con 11.000 habitantes, su principal actividad es la agricultura y la ganadería, aunque en algunos sectores se vislumbran iniciativas que buscan incorporar el turismo a la zona.

Para llegar a este cantón se tardan cerca de dos horas desde San José. Si bien pertenecía a Grecia, en realidad queda a más cerca de San Carlos.

Nosotros nos fimos por la ruta de Vara Blanca, una zona llena de paisajes únicos, puestos de comida y restaurantes con esencia costarricense, muchos de los cuales surgieron luego del terremoto que azotó a esa zona en 2009.

Sobre la carretera un rótulo a mano derecha le indicará que llegó a Río Cuarto de Grecia; sí, todavía pasará algún tiempo antes de que cambien esta rotulación.

Se trata realmente de un pueblo muy rural. Las casas distanciadas unas de otras, de por medio fincas con ganado y un cruce populoso le dará la bienvenida al centro de la ciudad. Una escuela, una iglesia y el supermercado.

Laguna

La primera parada será en la Laguna de Río Cuarto, se ubica a un kilómetro del centro de la comunidad, en una entrada de lastre, lo mejor es buscar en waze la dirección. No se van a perder, a mano derecha está la pulpería La Laguna, la señal de que va por buen camino.

Desde ahí son unos 10 minutos en vehículo sobre una ruta sin asfaltar, puede entrar en un carro alto, no necesariamente 4x4. Si va con tiempo puede aprovechar y caminar.

Es simplemente impresionante. Se puede apreciar desde lejos, es casi circular y es protegida por una muralla de vegetación que aún no ha sido destruida por el hombre. El color del agua se vuelve turquesa con los cambios de luz.

El camino permite llegar hasta una pequeña playa donde puede aprovechar para hacer una merienda y disfrutar del sonido de las aves. También puede optar por refrescarse en sus aguas cálidas no profundas.

Se cree que esta laguna de unos 600 metros de diámetro pertenece a un volcán ya extinto con una superficie de 34 hectáreas. Por ahora el ingreso es libre.

Cataratas

Casi frente a la iglesia local se abre un cruce y a 50 metros a la derecha se encuentra la entrada de Paraíso de Manantiales, en los Ángeles de Río Cuarto.

Ahí nos atendió Carlos Chacón, el dueño de la propiedad. Luego de darnos las indicaciones seguimos el camino de lastre que nos lleva hasta el restaurante donde los fines de semana ofrecen casados con tilapias de la zona y cerdo de la misma finca.

Un letrero indica la entrada al trecho que lleva hasta las cataratas. Cerca de dos kilómetros de camino empinado, con barro que en algunos tractos se vuelve bastante resbaloso.

La primera catarata es la Serena, impresiona por lo cerca que se puede estar de su caída. Es bastante fuerte y está como en un pequeño nido de vegetación.

Siguiendo a la derecha se baja hasta el río Toro Amarillo, en el trayecto debe pasar por un puente colgante y dejarse rosear por las aguas de La Paz. El camino sigue hasta llegar a una escalera de caracol de unos tres niveles. Un verdadero reto para vencer el miedo a las alturas.

La catarata La Lluvia, unos metros más y se llega al paraíso de las inmensas piedras del río Toro Amarillo. Vaya despacio no hay prisa. Disfrute del sonido del agua, de la brisa, las aves…

Si camina un poco río abajo podrá ver la cascada de 90 metros, es la más alta aunque su corriente no es la más fuerte. Vaya preparada con traje de baño y aproveche para darse un chapuzón en una pequeña poza de agua fresca y cristalina antes de regresar a la salida.

Refugio

Para cerrar la visita nos fuimos a conocer la finca Las Calaveras, un sitio que sin proponérselo se convirtió en refugio de lapas y jaguares.

Una vez en el centro de Río Cuarto lo mejor es que llame a Don Álvaro Otoya, quien atiende en el lugar. Él le dará la dirección exacta, queda a unos minutos del cruce. Una vez en la entrada no va a necesitar mucha guía, el sonido de las lapas será suficiente orientación.

Un árbol de gran tamaño se convirtió en el lugar de descanso preferido de estas aves, ahí juegan y se posan. Las mejores horas para verlas volar son a las 8 a. m. cuando salen a buscar comida y a eso de las 3:30 p. m. cuando estiran sus alas en bandadas, se alimentan y se preparan para pasar la noche.

Son aproximadamente 50 lapas que viven en libertad. Unas rescatadas de cazadores, entregadas por particulares y otras nativas.

Otoya cuenta que con el tiempo nacieron un híbrido de lapas rojas y verdes, que si bien no es lo más saludable para la especie se generó ante la acogida de pocos machos verdes en el grupo.

Además de aquellas fabulosas aves la finca cuenta con dos búfalos de agua, que antiguamente eran utilizados para el trabajo diario de la propiedad y ahora se emplean para el turismo; una familia de jaguares, ganado y un burro llamado conejo.

Si llega desde temprano puede disfrutar de las aguas del río que cruza la propiedad.

Sin pensarlo más tome el bloqueador, las tenis, algo que merendar y anímese a descubrir el turismo rural en Rio Cuarto, el nuevo cantón de Alajuela.

Referencias:

Las Lapas, finca las Calaveras, Álvaro Otoya (tel.:2761-2020)

Paraíso de Manantiales, Carlos Mario Chacón (tel.:8651-3422)