Andrea González Mesén.6 marzo, 2018

Cuando las puertas del ascensor se abrieron lo primero y único que se logró ver fue un antiguo barco en el centro de una sala. Sus dimensiones eran reales, el paso evidente de las aventuras en mar estaba marcado en cada costado, pero a diferencia de las lujosas naves que se ubican a unos cuantos metros de ahí, ésta no estaba bañada con agua sino con decenas de botellas que guardan poemas en su interior.

Este barco es toda una joya de arte, recuerdo de la playa olvidada en la que permaneció por años, hoy asilo de una hacienda cafetalera de lujo llamada Los Sueños Marriot.

Saliendo de esta galería con aires de costa se encuentra la realidad que no deja de tener algo de fantasía. Amplios jardines, piscinas con callejones que quisieron ser laberintos acuáticos, restaurantes con terrazas y una vista perfecta a Playa Herradura se exponen a solo dos horas de San José.

El concepto de una hacienda en la playa se respira en cada rincón. Desde el acceso principal donde se pueden ver imitaciones de bebederos para caballo que ahora son fuentes de agua, hasta el detalle de los azulejos, réplicas de los pisos utilizados en las antiguas fincas cafetaleras de los años 30 de Cartago. Los que ostenta este hotel fueron todos pintados a mano.

Se trata de una propiedad con carácter. Sus espacios amplios, con frecuentes sofás y divanes para descansar, dirigidos a un público más millennial, hasta los salones para conferencistas internacionales con acceso directo a las cocinas y vitrina de lujosas lámparas de cristal con acabados en metal que mantienen la misma línea de la finca.

Sus habitaciones son bastante espaciosas con camas suaves y almohadas que dispensan descanso. Los baños, las amenidades y las vistas son propias de un hotel cinco estrellas, aunque claro está que no se trata de un edificio moderno. Lo nuevo vendrá en el 2018 con un proyecto de remodelación.

Quienes acostumbran despertar temprano para realizar ejercicio no pueden dejar de visitar el gimnasio, que si bien se puede ver pequeño dispone de todo lo necesario para desarrollar una rutina: caminadoras, elípticas, pesas...

El desayuno se sirve en el restaurante principal, el cual cuenta con plazas internas y en terraza con vista a la áreas verdes y piscinas.

El bufé detalladamente ajustado ofrece una amplia variedad de frutas picadas. En una pequeña isla yogur, semillas, cereales y leches. Al fondo el chef que complace con deliciosas combinaciones para omelettes, y a su derecha una barra con lo más clásico de la cocina tica: gallo pinto, picadillo, plátano maduro… La oferta no puede cerrar mejor que con un “cortadito doble”.

La mañana se va entre el descanso del desayuno y la visita a las instalaciones. Un refresco a medio día bajo la sombra de una palmera y más tarde una imperdible visita al spa.

Descanso de dioses, evolución de mortales

Sibo es el dios de la cultura bribri creador de cielo y tierra, creador de la sabiduría, de los valores y las cosas positivas. Algo similar significa Sibo en esta hacienda. Es el espacio donde las cosas positivas suceden, donde uno se desconecta de la tierra para luego salir mejorado.

Sibo es el nombre que le dieron al Spa en reconocimiento a la cultura indígena costarricense. Algunos de sus tratamientos están inspirados en sus tradiciones y su ideología de conexión con la naturaleza lo evidencia.

Al ingresar se pueden ver en las paredes esculturas de capullos, naturaleza emergente y finalmente mariposas. Justamente eso es lo que se espera que suceda con quienes se animan a vivir la experiencia de relajación en este lugar: entrar como capullos y salir libre como mariposa.

Mi tratamiento lo realizó Ileana, una joven a la que se le nota la pasión por lo que hace. Ella es fisioterapeuta, al igual que todo el personal que ahí atiende.

Luego de dejar las cosas en un clóset junto al sauna y las duchas, se llega a la sala de relajación, no sin antes disfrutar de un jugo de frutas. Lo ideal es ir únicamente con la bata de spa, pero si no se siente cómodo puede dejarse el traje de baño.

El sonido de un palo de lluvia es el indicador de que algo genial está por suceder. Aroma a lavanda y coco se desprende de las cremas y aceites que se penetran en la piel, en las extremidades, el cuello, la espalda.

La lluvia que genera aquel palo vuelve a alertar de que los sesenta minutos de masaje han terminado. Al abrir los ojos la realidad no se ve pesada, es pura energía positiva y ganas de sonreír.

Un jugo y un té de manzanilla. Unos minutos en el sauna, una ducha fría y en un abrir y cerrar de ojos ya eran las cuatro. Claro que vale la pena una tarde en el spa.

Más que playa

Si por algo es reconocido este hotel es por su campo de golf. Sus 18 hoyos se funden en la selva y la fauna. Ahí es fácil ver lapas que sobrevuelan en pareja y monos en las ramas de los árboles. Cada año este Marriott organiza su propio torneo de golf, de los más apetecidos en la región.

Proyecciones a la comunidad como la limpieza de la playa, reciclaje, ayuda a escuelas y recepción de estudiantes de colegios técnicos son solo algunas de las proyecciones a la zona con las que se contribuye al visitar este lugar.

Realmente este sitio no pudo tener mejor nombre. Lo que ahí se vive es propio de un sueño de esos de los que no se quiere despertar, se recuerdan y se desean volver realidad.