Andrea González Mesén.4 enero, 2018

El camino desde el carrito de golf que nos llevó de la recepción hasta nuestra habitación ya dejaba ver a grandes rasgos lo que detrás de esa puerta estaba oculto. Con tarjeta en mano cruzamos el paral y encendimos la luz para dejarnos sorprender con el lujo de aquella recámara.

Estábamos en la casita 15 del hotel Arenal Nayara, a unos 10 minutos de La Fortuna de San Carlos. A la derecha de la entrada está la cama que no hacía otra cosa que invitarnos a sumergirnos en sus blancas y pulcras sábanas. A su pie una banqueta con piel de cebra y justo al frente las puertas corredizas de vidrio que abre la experiencia a un mundo más natural.

En la terraza con pisos de madera evidentemente pulidos y en absoluta privacidad está el jacuzzi, una hamaca y unos cuantos puestos perfectos para descansar, ya sea perdido en sus propios pensamientos o en la lectura.

Luego de examinar esta ala, y con el deseo de que el amable botones deje la habitación para de una vez por todas dejarme llevar por aquel espacio, caminamos hacia el lado izquierdo de la puerta. Ahí la amplitud del techo de caña brava se funde con el espacio entre el guardarropa, el tocador, las duchas dobles y el infaltable mini bar.

Debo confesar que me sorprendí al entrar en aquella habitación. Era más de lo que quizá esperaba, pero como no serlo si desde el 2013 Nayara ha sido catalogado por Travel + Leisure y Condé Nast Traveller como el mejor destino cinco estrellas de Centro y Sur América.

Debido a que llegamos un poco tarde. No podíamos perder más tiempo. Una ducha de agua caliente y a cenar.

Banquete de reyes

Nayara cuenta con cinco restaurantes. A primera entrada nos sonó visitar Luna Asia, un sitio donde se mezcla la comida japonesa, taiwanesa y china. Pero luego de encontrar al chef Gerardo Méndez la ruta cambió por su recomendación: Nostalgia, la vinoteca; ubicado en medio de la naturaleza, pequeño pero fresco, que invita a tomar una que otra copa de vino mientras se disfrute de una buena tertulia.

Al entrar se siente una atmósfera acogedora de maderas, sin llegar a ser pesado. Lo primero que grita el lugar es su amplia variedad de vinos por copa con inclusiones de todas las regiones del mundo, seleccionadas con mucha precisión.

Nos recibió el sommelier Erick, para ser franca no recuerdo el apellido. Desde ya nos invaden ansias y es evidente de que la vamos a pasar bien.

Empezamos con una cava con notas de almendra, pan tostado y como dirían los expertos con una burbuja en boca muy delicada perfecta para abrir el apetito.

De inmediato lo que estábamos esperando: la comida. Pensando que estábamos en un restaurante de tapeo, imaginé un enfoque más español; sin embargo, en realidad disfrutamos de una delicada selección de productos nacionales que envolvieron nuestros primeros platos: crostines de salmón y prosciutto con una base de un pan tostado con trozos de tomate marinado, sencillo y elegante.

Las entradas seguían con unos montaditos de pulpo con yuca de San Carlos servido sobre hojitas de plátano y crujientes de yuca, acompañados muy ingeniosamente de unos bastoncitos de caña de azúcar que ayudaban a limpiar el paladar.

El maridaje con el vino The Ned de nueva Zelanda, hizo juego perfecto gracias a sus notas de maracuyá en nariz, su frescura en boca sin dejar de ser lo necesariamente seco en el paladar.

También probamos el tartar de salmón, que dejaba relucir la curiosidad y creatividad del chef con un wafle de remolacha y una emulsión de zanahoria, jengibre y sésamo. Un plato ligeramente picante, con una acidez pronunciada. Que junto con una copa del Rheingau, George Müller, generaba un maridaje perfecto.

Estoy segura que a esta altura se pueden dar cuenta que nos están tratando como parte de la realeza. Dudo que sea por un asunto de prensa, creo que se debe más a la misma esencia de Nayara.

Sin esperar más de lo necesario llegaron los platos fuertes. Normalmente en una degustación así puede ser un poco difícil poder lograr que todas las texturas, temperaturas y términos sean elaborados en su perfección, pero en este caso, el chef Méndez lo hizo sentir como si fuera sencillo.

Un risotto de cola de langosta con limones a la parrilla y ensalada de hinojo fresco. Ravioles de cordero con una salsa de hongos porcini, puré de camote con una corvina reina a la plancha, hicieron un mar y tierra bastante diferente.

Para terminar, un digestivo Romate, Pedro Ximenez, que acompañó a un fondant de chocolate caliente que explotaba al cortarlo y un helado de vainilla que se derretía con cada cucharada.

Nuestra degustación de tapeo, con enfoque costarricense y producto nacional, se convirtió en toda una experiencia gastronómica de altísimo nivel.

Otras opciones

Si algo hace falta en este sitio es tiempo para probar a profundidad cada uno de los mundos gastronómicos que ahí se ocultan.

En un espacio que simula un galerón rústico se ubica Altamira, el restaurante principal, especializado en gastronomía local e internacional, y es la opción más familiar. Ahí son comunes las parrilladas con carne y mariscos, música en vivo con artistas locales y los desayunos tipo bufé.

Cruzando los puentes de unos 70 metros de largo se entra a un área más exclusiva: la del hotel boutique Nayara Sprints. Es la zona más nueva de toda la propiedad y donde está el restaurante Amor Loco, la apuesta más novedosa del complejo.

Por fuera aparenta ser otro de los espacios comunes del hotel: una piscina de unos 20 metros de largo, camillas perfectas para leer un libro, un pasadizo que da al spa. Lo que nos recuerda que ahí hay un restaurante son las mesas que hospedan en el corredor principal.

Cruzado el paral es como entrar al otro lado del mundo. La decoración marroquí está impregnada en cada detalle. La forma de las puertas, los ventanales y ni qué decir de las lámparas. Los sillones morados de Polonia, los cuadros en las paredes y la iluminación genera la sensación de convertirse en dos segundos en una estrella de cine. Su propuesta gastronómica es la de un bistró muy europeo, con música en vivo algunas noches.

Para los amantes de lo mediterráneo está Mis amores y para tomarse un café y hasta para aprender sobre tuestes y métodos de extracción está Mi cafecito, un espacio que realmente genera la sensación de estar en una antigua fábrica remodelada, todo en madera y metal.

Al aire libre

Despertar en aquella habitación definitivamente cambia todo. No importa con cuál pie se levante, desde ese momento sabe que todo será perfecto. Abrir las cortinas y dejar entrar la luz, salir a la terraza y terminar de agradecer en una hamaca, tomar una ducha y ponerse las tenis para salir a caminar, son síntomas de un gran día.

Un clima fresco, un cielo nublado y unas cuantas gotas de lluvia me acompañaron durante mi caminata por los senderos de piedra que no nos aleja en lo absoluto de estar inmerso en el corazón de la naturaleza.

A las 8 a.m. es la clase de yoga que no es otra cosa que la conexión directa con el alma.

La mañana se va rápido entre un recorrido por el Spa donde el masaje con piedras calientes y las envolturas de barro volcánico, chocolate y café se convierte en la experiencia Nayara y conocer las habitaciones del lado boutique que no dejan de sorprender con sus espejos belgas y lámparas polacas, muebles de indonesia y piscina con agua termal del volcán Arenal.

El carrito de golf llegó por las maletas. Nos teníamos que ir. Aunque confieso que mi cuerpo y alma necesitaban por lo menos de un par de días más en aquel paraíso. De verdad, no por nada son calificados entre los mejores hoteles del mundo.

Río Celeste, aventura

San Carlos es de esos destinos que es imposible decir que no hay nada por hacer. La catarata de La Fortuna, el volcán Arenal, Cerro Chato, las Cavernas de Venado, ir a nuevo Arenal a comer pizza, y quizá el principal atractivo es Río Celeste.

Nosotros nos vamos a enfocar en este último destino. Un par de horas en carro desde La Fortuna. Por suerte el camino está casi que en su totalidad asfaltado, así que puede ir en cualquier tipo de vehículo.

Llegamos pasadas las cinco de la tarde. Nos hospedamos en el Río Celeste Hideaway, sitio muy similar en infraestructura al Nayara, pero mucho más pequeño.

Río Celeste Hideaway
Río Celeste Hideaway

Su principal atractivo es el sendero natural de uno 700 metros que conecta con el mismísimo Río Celeste, en esta parte sí podrá sumergirse en sus aguas. Recuerde que en el parque está prohibido.

A despertarse temprano, que el tour hacia la catarata inicia a las 8 a.m. Deiner Campos el guía de Terra Tour me advirtió “que el terreno está bien fangoso para que fuera sicológicamente preparada para la aventura”.

Se recomienda llevar botas o tenis que esté dispuesto a embarrialar. El paso de la tormenta Nate en esta zona dejó huella y el Parque Nacional Volcán Tenorio no fue la excepción.

Pese a los árboles que se ven caídos en sus orillas, y los tractos del camino donde realmente es necesario poner las manos en la tierra para seguir el paso, no hay nada que lo detenga.

Río Celeste Hideaway
Río Celeste Hideaway

El guía nos recomendó seguir hasta la zona de los Teñideros, la más alejada pero desde donde se puede apreciar donde nace el tramo al que todos llamamos Río Celeste, que en realidad es una alteración del PH de las aguas del Río Buena Vista.

El sendero de unos tres kilómetros no es agotador, pero sí exigente. Para llegar a los borbollones, donde se puede ver como sale gas de la tierra y genera burbujas en el agua, y a la laguna Azul, donde el río se torna turquesa, es necesario bajar unas 50 gradas mientras se empieza a percibir el aroma a azufre que evidencia que el Tenorio es un durmiente en actividad.

Sería mucha la suerte si llega a toparse con una Danta, este animal familia de los caballos, de aspecto impresionante es ni más ni menos que el ícono de este parque. Aquí se les cuida y venera. Se dice que les encanta bañarse en las aguas celestes y por eso es común encontrar excremento en el camino.

Río Celeste Hideaway
Río Celeste Hideaway

Quizá el punto por el que la mayoría de las personas visitan este parque es por la catarata de unos 30 metros de caída. Pero esté preparado, que verla requiere sacrificio: bajar las 254 gradas que lo llevan a un punto donde casi se puede sentir el salpique del agua.

El cambio en la vegetación se siente a pocos metros de la entrada al parque, se percibe desde que uno se baja del carro. Por fuera no es el mismo, pero en sus entrañas aún sigue siendo una cuna de flora y fauna autóctona, única.

En cuestión de minutos estábamos de nuevo en el hotel. Un descanso, una ducha y llegó el momento de marcharnos.

En tres horas y media por la nueva carretera estábamos en San José. Felices por la experiencia y con ganas de regresar a disfrutar de San Carlos, destino del que aún queda mucho por descubrir.

Contactos:

Nayara Springs Costa Rica (tel.: 2479-1600), Río Celeste Hideaway (tel.: 2206-4000)