José Pablo Alfaro Rojas.8 enero

Había que esperar hasta la tarde. Recién llovió y el ocaso presagia un atardecer de esos que se guardan en la retina. Nos espera un mirador. O al menos eso creía yo. El Peñón de Guacalillo es más que un mirador.

Aquel lugar se convirtió en un 'ritual' de convivencia para el visitante. Decenas de carros Land Rover parquean a la orilla del peñón, junto a otros 'pick up' cuyos ocupantes ya encendieron el radio y disfrutan de una cerveza en el cajón de su auto.

El común denominador de la mayoría de presentes es que antes de llegar y reservar su espacio, tuvieron que superar una pequeña pero incómoda cuesta, muy difícil de subir en invierno para algunos carros bajos.

Algunos viajeros prefirieron no subir hasta el mirador y quedarse a la orilla de playa Guacalillo que, en cualquier circunstancia, es mucho menos atractiva que la roca milenaria.

Los 4x4 sortearon aquel obstáculo de barro y piedras para llegar hasta la cima y conseguir un cupo privilegiado en el Peñón. Probablemente, todo el esfuerzo valdría la pena más adelante…

Aunque yo diría que para quien lo visita por primera vez (como fue en mi caso) el paseo se disfruta desde el momento en que se camina hasta la orilla del peñón, se asoma la cabeza y se aprecian las gigantescas rocas milenarias.

Pocas veces en mi vida me asombré tanto con el relieve natural de una piedra gigante como en el Peñón de Guacalillo. Tampoco es que haya visto tantos lugares de este tipo, pero es que el peñón intimida.

Peñón de Guacalillo. Foto: GOPlaya.cr
Peñón de Guacalillo. Foto: GOPlaya.cr

Mi amigo Carlos voló el drone para apreciar la grandeza de aquel lugar que desde las alturas es mágico y asombroso, como lo notará en las fotos.

Aparte del vacío en el estómago que me provocó acercarme al risco (hay que tener cuidado), se genera esa sensación de plenitud que solo se alcanza cuando se tiene el mar de frente, interminable e inagotable.

Desde lejos, aquellas rocas parecen interminables. Se camina de costado a costado y en cada espacio hay un auto que ya se acomodó para disfrutar de la visita.

En medio de mi exploración preliminar, noté que algunos viajeros se robaron los "mejores asientos".

Ya estaban listos para captar con su celular el rosa intenso que empezó a mirarse en el cielo a eso de las 5:40 p. m.

Los selfies y las fotografías de los viajeros son constantes; dos amigas acercan sus cabezas y se acomodan de tal forma que se aprecian sus rostros y las enormes piedras de fondo.

Peñón de Guacalillo. Foto: GOPlaya.cr
Peñón de Guacalillo. Foto: GOPlaya.cr

Otra pareja posa sentada en la cola de su 'pick up', frente a la playa. El valor de su imagen es que captaron la mayoría del peñón, en virtud de su muy buena locación.

En mi caso elegí captar el atardecer, tan intenso y hermoso como el propio entorno, lleno de sonrisas y de un sentido de familiaridad que representa muy bien al tico.

Hay familias, grupos de amigos, parejas y también aventureros entusiastas que alguna vez escucharon de aquel lugar y se animaron a visitarlo.

Es un spot perfecto para guardar en la memoria propia.. pero también en la del celular. El atardecer fue la cereza al pastel. Un postre digno de los reyes.

El otro peñón

Muy cerca de Guacalillo se encuentra el peñón de Bajamar, un sitio oculto pero nada alejado de San José. A solo una hora y media de la capital, en el cantón de Garabito se encontrará este destino porteño que posee una playa con fuerte oleaje. En muchos tramos el camino es angosto y en la mayoría hay huecos y ramas que estorban el paso. Tendrá que superar la ruta hasta llegar al peñón. En verano puede llegar a este destino en automóvil, pero en invierno le sugiero que lo visite en un 4×4, pues conforme se vaya acercando a la roca, las condiciones del camino van empeorando, lo que dificulta el acceso.

Peñón de Guacalillo. Foto: GOPlaya.cr
Peñón de Guacalillo. Foto: GOPlaya.cr

Conforme se acerque a Bajamar, notará el primer atractivo: las hermosas lapas que sobrevuelan la costa. Las lapas rojas se distinguen a la distancia. Un grupo vuela encima del extenso manglar y se columpia cada cuando en algún árbol de almendro. Este lugar está rodeado por un manglar y una laguna. Le sugiero que detenga su auto por unos minutos y la aprecie. Es imponente. Aquí las garzas abundan y el verde intenso también.

Después puede continuar hasta que empiece a notar como el camino se hace más angosto. Quizás, esta es la mejor forma de darse cuenta que en cualquier momento llegará al peñón. Es imperdible. La playa es inmensa y las rocas también. Desde las alturas se aprecia el relieve que predomina en este particular escenario. A los spots que rodean el peñón, los surfistas los llaman ‘mini valor’ y ‘gran valor’. Son playas para ‘surfos’ avanzados que disfrutan de las enormes olas.

Y al final del peñón se puede cruzar la playa de par en par en marea baja y llegar hasta unas increíbles cuevas escondidas.

Recomendaciones

¿Transporte? Preferiblemente 4x4

Ubicación: En el cantón de Garabito, a una hora de Jacó en Puntarenas.

Recomendaciones: Es mejor que lleve tenis, pues puede haber barro.

Atractivos: Un mirador con vista al mar; un peñón gigante e imponente y una playa con un oleaje fuerte.