José Pablo Alfaro Rojas.5 abril, 2018

Cuando un mono se columpia sobre un árbol que está a la orilla de la playa, una tortuga aparece justo a la par del bote cuando se acerca a la costa y un arrecife de coral se distingue a solo metros de la arena, es porque estoy en otro mundo.

En realidad sigue siendo Costa Rica. Simplemente no conocía. Pocos saben que desde el centro de Golfito, se puede tomar una lancha y conocer las playas que rodean el Parque Nacional Piedras Blancas y el Refugio de Vida Silvestre Golfito.

Piedras Blancas es el Parque Nacional menos visitado de Costa Rica. Por eso no me extrañó cuando Luis, el dueño del bote que nos hizo el tour, me dijo que era el primer tico que le pedía conocer estos parajes desolados.

Solo unas semanas antes, un canadiense lo contrató para que lo llevara a recorrer el Golfo Dulce, que es justamente uno de los atractivos de la zona. Aquí, las olas prácticamente no existen y al extranjero le encanta disfrutar del verde intenso y de la pesca (hay marlin, pez vela, atún, dorado, pez gallo y róbalo).

En playa Nicuesa la arena se entremezcla con piedra blanca.
En playa Nicuesa la arena se entremezcla con piedra blanca.

También, en setiembre y octubre, llegan las ballenas y se encuentran con un lugar desolado, lejos del bullicio. Luis me enseñó un video en el que se observa la sombra de una jorobada justo debajo del bote.

Para iniciar el tour de playas tomé una lancha en el “El Muellecito”, en el puro centro de la comunidad. Es desde aquí que salen las embarcaciones con distintos objetivos: Turismo, pesca artesanal y hasta para transportar a algunos lugareños a Puerto Jiménez, que está a pocos kilómetros.

Después de 20 minutos de recorrido por el Golfo, empecé a conocer una por una las playas de la zona, con una predilección por tres de estos parajes vírgenes: Cativo, El Santuario y Nicuesa. Sí, hay hasta ocho playas, pero quiero detenerme en estos tres spots que todavía no me explico como están perdidos en el mapa.

Cativo: La característica de esta playa es que la costa es realmente corta. Hay que visitarla sí o sí en marea baja para sacarle todo el jugo. La esencia es el color del agua. Es como un cristal, en el que puede mirar la punta de sus dedos en el fondo del mar. Aquí, los árboles abrazan la costa. Es el típico lugar por el que los extranjeros visitan Costa Rica: desolado, natural, salvaje y limpio.

La característica de playa Cativo es que la costa es realmente corta. La esencia es el color del agua: es como un cristal.
La característica de playa Cativo es que la costa es realmente corta. La esencia es el color del agua: es como un cristal.

Iba llegando a esta playa, cuando me encontré con una tortuga. Pude apreciarla desde que estaba casi a la par mía, hasta que nadó al fondo del mar. Traté de tomarle una fotografía, pero es que en el agua las tortugas son muy rápidas.

El Santuario: Su nombre lo dice todo. Tanto aquí, como en las otras playas del Golfo Dulce, la esencia es que el oleaje prácticamente no existe. Playa El Santuario está rodeada por una montaña que la protege y a la vez la convierte en un lugar casi perdido. Para los fiebres del snorkel, este es un lugar increíble porque, literalmente, se ve todo bajo el agua.

Fue cerca de aquí donde me encontré los monos saltando en los árboles. Si por alguna razón perdieran el equilibrio, caerían sobre el agua. Se sienten tan en confianza, que se acercan a los últimos árboles que tocan la costa.

Nicuesa: Esta playa se distingue por un pequeño muelle que parece estar abandonado y que adorna la playa. A diferencia de los otros parajes, en Nicuesa la arena se entremezcla con piedra blanca.

Playa Nicuesa se distingue por un pequeño muelle que parece estar abandonado.
Playa Nicuesa se distingue por un pequeño muelle que parece estar abandonado.

A pocos kilómetros de esta playa, hay un arrecife de coral que los lugareños llaman ‘Tortuga’. No me extraña para nada el nombre. A los turistas (casi siempre extranjeros) los llevan cerca de aquí para que se consuman y hagan snorkel.

Un ride de un día por estas playas no es tan barato como comprar un cofee maker en el depósito. Puede costarle entre 30.000 y 60.000 colones, dependiendo del número de playas y lugares que quiera visitar.

Pero lo vale. Es conocer otra realidad de nuestro país. Es quizás, otro tipo de belleza, tan inusual que a veces se menosprecia.