Andrea González Mesén.18 septiembre

Elegir el vino apropiado es, muchas veces, una tarea complicada. Tintos, blancos, rosados, naranja o azules, espumosos, dulces o con aroma a madera… la variedad de sabores es infinita y puede llegar a ser abrumadora pero nada de qué preocuparse.

Ahora se dice que los vinos van con todo. La justificación de esa afirmación según Victor González, propietario de Wine Town, es el enfoque en la producción de las bodegas y la aparición de nuevas variedades de uvas.

El experto en vinos explica que las marcas dejan atrás aquellos sabores fuertes y tradicionales, y apuestan por variedades más frescas que invitan a las nuevas generaciones a disfrutar aún más de esta bebida.

Un buen vino puede definirse por un sinfín de características y propiedades. Algunos aspectos importantes a tomar en cuenta son el sabor, olor y color.

1. Primero, el color. Su elección dependerá, mucho, de la comida que vaya a acompañar. Para pescados y mariscos, o comidas ligeras como las ensaladas, el mejor es el vino blanco. Para carnes, guisos o potajes, que tienen más grasa, acertaremos con un vino tinto, que tiene más cuerpo. También influye el clima y la hora a lo que se vaya a tomar. Para los días más calurosos y húmedos es recomendable un vino fresco, como un rosado, un blanco o un naranja. Los espumosos triunfan en los días de más calor, ya que son refrescantes y livianos.

2. Leer la etiqueta. Ayudará a saber con qué uvas está hecho el vino, cuál es su añada, y otras particularidades de cada cosecha.

3. ¿Seco o dulce? Esto depende del nivel de azúcar que contenga el vino. Cuanto más seco, menos azúcar tendrá. Los hay secos, semi-secos, semi-dulces y dulces. ¡Para todos los gustos!

4. ¿Caro o barato? No hay que dejarse influir por el precio. Tenemos la suerte de contar con excelentes vinos a un precio muy competitivo. Simplemente hay que saber cuál es el presupuesto y adaptarse a él.

Si piensa en maridarlo puede guiarse por algunos consejos que le ayudarán a realzar a los protagonistas, aquí lo que rige es el gusto de cada persona. El tipo de alimento y la forma en que se prepara también tienen influencia.

1. Orden: Los vinos deben servirse de menor a mayor cuerpo, del más ligero al más fuerte de la mano con la intensidad de los platos. De aquí que se suele servir vinos suaves y frescos como los blancos o rosados en las entradas, seguido de los tintos jóvenes, tintos maduros, generosos y finalmente los dulces.

2. Peso y Equilibrio: En los alimentos, el peso vendrá definido por las materias primas utilizadas para la elaboración del plato, la cantidad de grasas que lleva, la intensidad de los sabores de los diferentes elementos que lo componen e incluso la mayor o menor dificultad con la que los digerimos. En los vinos se determina por el cuerpo y la intensidad del sabor del vino.

3. Asociación: Ligar vinos y comida por asociación se refiere al complemento que logran entre ambos. Para lograrlo, se buscan una relación directa de sabores. Por ejemplo, una ensalada con frutos rojos, se puede acompañar muy bien con un vino que tenga estas tonalidades.

4. Contraste: Se busca el equilibrio a través de sensaciones opuestas. Si el plato es muy ácido se busca dulzura en el vino, por ejemplo.

5. Guíese por el aroma: Los vinos pueden tener aromas de varias familias olfativas, como notas cítricas, de frutas tropicales, de berries, flores, especias, etc. Los aromas se encuentran también en la boca del vino, y de nuevo nuestro objetivo es crear una sinergia con esos ingredientes. Nuestro consejo es: conocer el perfil aromático de su vino, seguir las etapas de degustación (vista, nariz y boca) y tratar de servirlo con un plato semejante.

Fuente: Victor González, propietario y enólogo de Wine Town. (tel.: 2519-9410).