Melissa Hernández.17 agosto, 2016
Gallo Rojo se ubica en Guachipelín de Escazú.
Gallo Rojo se ubica en Guachipelín de Escazú.

Andrés Sandoval Tsao fue un estudiante como cualquier otro: mientras se preparaba para ser chef en varios países del mundo, debió estirar su limitado presupuesto y, para ello, recurrió a la comida callejera. No obstante, para él esa comida sencilla pero deliciosa se convirtió en su motivación culinaria. Misma que ahora explota en múltiples formas en el restaurante familiar, ubicado en Escazú, Gallo Rojo.

Así, le hace honor a su abuelo taiwanés que, al llegar al país, deseó abrir un restaurante. Al final el destino les deparó otro camino pero ahí quedó la "espinita" que Andrés concretó en mayo del 2016 con un local grande y de diseño profundamente estudiado. Gallo por el abuelo -de signo gallo en el horóscopo chino- y Rojo por ser este el color de la suerte en las culturas orientales. El lugar idóneo para una cena casual, un encuentro de amigos junto a bocas y tragos, o un almuerzo en medio de la jornada laboral.

Andrés Sandoval es el chef de Gallo Rojo. El trabajó en Estados Unidos, Francia, España y Perú antes de crear su restaurante de gastronomía urbana. Foto: Nina Cordero.

"El restaurante trata de crear un ambiente bonito, confortable pero al mismo tiempo informar y ahí viene la temática de la comida: elaborada y bien preparada pero sencilla, con sabores sin complicaciones. Esa es la comida callejera, rica pero directa", explica Sandoval.

Esa filosofía se traduce en gastronomía de diversas zonas, sin llegar a comida fusión, ya que los sabores no se mezclan entre sí y se respeta la "genética" de cada platillo. En el menú -pequeño, pero variado- destacan platos con esencia oriental, como el Bo Luc Lac (de origen vietnamita, con trozos de lomito salteado con salsa de soya) y la costilla de cerdo glaseada en salsa dulce de soya. Otros tienen un toque caribeño como el pescado, con croquetas de plátano maduro y ensalada de mango con hilos de yuca frita.

Bo Luc Lac (de origen vietnamita, con trozos de lomito salteado con salsa de soya). Foto: Nina Cordero.

Andrés también trabajó en Estados Unidos, Francia, España y Perú. De ese último país provienen algunas entradas, como las bolitas de yuca o las vainicas con ají amarillo. Un viaje por sabores opuestos pero que se complementan idealmente en el paladar.

El menú, no obstante, no está escrito en piedra. Todo depende de la oferta de productos de temporada. De vez en cuando será posible toparse con un plato fruto de una pesca del día excepcional. Por algunos días habrá pie de chiverre pero, cuando no, los comensales hallarán consuelo en otros postres, como el gelato de jengibre con wantan relleno -de manzana o dulce de leche-.

"La idea es que la gente cada vez que venga tenga la posibilidad de probar algo diferente", añade Sandoval. Mientras otros lugares buscan hacer más accesible los ingredientes gourmet, trasladándolos a pizzas o hamburguesas, Andrés se dirige al camino contrario: le otorga un nuevo estatus a la comida sencilla y urbana. Una decisión que puede resultar en los clientes una exótica sorpresa o el reencuentro con un sabor conocido en un formato inesperado.

La calle, adentro

Gallo Rojo está abierto de martes a sábado, de mediodía a 3 p. m. y de 6 a 10 p. m. Los domingos, puede visitarse de mediodía a 4 p. m. El menú cuenta con opciones sin gluten y variedad de platos vegetarianos.

Página web: gallorojocr.com

Facebook: facebook.com/GalloRojoCR

Teléfono: 2289-5254

Fotos: Nina Cordero.