Alberto Gatgens.22 junio

Estos lugares están haciendo un esfuerzo adicional para que la experiencia sea lo más cercana posible a comer en el restaurante: empaques para mantener la temperatura y la textura, mejoras en el exprés y servicio personalizado.

Esta es una lista con seis de nuestros restaurantes favoritos, de esa comida que extrañamos tanto y con la cual tenemos una conexión personal y amistosa.

-Casa Piemonte: profesional y casero a la vez. El cuidado en elegir el producto de primera calidad y la técnica del chef Alessandro Lazzara llegaron intactos con mi pedido: un risotto de hongos porcini, una lasaña de ragú con una fresca ensalada y una focaccia con prosciutto.

La focaccia fue el abrebocas: llegó caliente, crujiente, esperando ser mordisqueada. El prosciutto de primera calidad: lleno de umami, saladito, de sabor contundente y maduro.

El risotto, tan bueno como siempre: al dente, con un perfume extraordinario de vino; cremoso, sedoso. Un plato elegante y sencillo. Los hongos, con su textura y sabor marcado, matizaban el arroz.

El cierre fue la lasaña de ragú. Pasta casera, hecha a mano. La salsa, ligera con notas dulces de un tomate bien maduro, guarda entre sus capas carne y queso con el sabor que el artesano de la cocina, con su paciencia, amor y conocimiento, consigue sin trucos. No es una lasaña que esconde sus carencias entre kilos de queso derretido. Rústica, reconfortante, abrigada por finas lascas de queso parmigiano que la llenan de umami y satisfacción.

¡Ah!, Casi se me olvida: en el exprés también pueden pedir la sangría de la casa.

¿Cómo ordenar? En su perfil de Facebook consulte su menú, promociones y métodos de entrega. Su WhatsApp es 8574-7272.

Isla Verde: las hermanas Shum y su mamá, doña Vicky, la matriarca del clan y maestra cocinera, ampliaron su área de influencia y tienen rutas de entrega de comida programada por zona según el día de la semana. Están dedicando mucha atención al empaque: cajas de cartón de buena calidad para que la comidita llegue bien caliente y sin ningún problema durante el transporte.

En esta orden exploré el amplio menú de Isla Verde: arroz vegetariano, sahofan seco con carne de res, camarón con semillas de marañón en nido de tiquisque (comestible hasta la última hebra) y la sorpresa mayor: el Muy Soy Yok.

El Muy Soy Yok es una especie de crepa o tortilla china que uno arma en la casa, con sus vegetales (bambú, frijol nacido, cebolla, berenjena y repollo, aderezados por su salsa de soya) y tiritas de cerdo. Se completa con una espesa salsa de ciruela con notas achocolatadas, muy potente y sabrosa.

El arroz vegetariano me hizo olvidar que soy carnívoro. Me deleité con cada grano que, golpeado contra el calor infernal del wok, adquirió su característico ahumado. Los vegetales, al punto, con la participación destacable del brócoli.

En una bolsita de papel te entregan –como un tesoro– el nido de tiquisque, sobre el que se irán acunando los camarones con las semillas de marañón arropados por la salsa espesita con notas bien medidas de ajo. La porción de camarones es abundante y, el tamaño del plato, generoso y suficiente para quedar más que satisfecho.

¿Cómo ordenar? Mediante plataformas de comida, para pasar a buscar y directamente con su servicio de transporte. Consulte en su Facebook los horarios y las rutas. Su teléfono es 2220-3337.

Phoenicia: Con el mejor sabor de la amplia paleta de la cocina libanesa y mediterránea, Phoenicia ha conquistado paladares y corazones. En casa comimos la parrillada para dos personas con kafta de cordero (pincho de carne molida asada) bien especiada y con abundante perejil, y shish tawook (trozos de pechuga de pollo asada en pincho), con matices ligeros y muy agradables, jugoso, que llega servido con tomate y cebolla asada, hummus y papas fritas. Excelente opción para compartir.

En Phoenicia hacen muy bien el falafel: siempre crocante, cremosón por dentro, cargado de sabor.
En Phoenicia hacen muy bien el falafel: siempre crocante, cremosón por dentro, cargado de sabor.

En Phoenicia hacen muy bien el falafel: siempre crocante, cremosón por dentro, cargado de sabor. Me encanta su textura y lo bien que le sienta la salsa de tahini. El empacado mantiene incólumes sus propiedades.

No podían faltar en la orden el picante de la casa y la maravillosa salsa tum, que es una especie de alioli. La de Phoenicia es espectacular y la podría usar hasta de bronceador si la sociedad me lo permitiera.

El cierre fue la hamburguesa de cordero: una gran sorpresa. Una generosa torta de carne de cordero con un pan suave que la abriga. Va custodiada por un sofrito de tomate y cebolla, y repollo con salsas y hierbas. La guarnición es de papitas semilla horneadas con romero. Porción de gran tamaño, vibrante sabor, buena mordida.

No olvide el excelente hummus casero, su sabroso pan pita. ¡Ah! Y disfrutamos un kenefe de cierre: una base de queso nabulsi, con yema de trigo, crema de leche y se baña con almíbar de rosas con miel.

¿Cómo ordenar? Cuenta con su propio exprés y Manfred, el genial mesero, va a entregar la comida y a explicar como lo haría en la mesa. El teléfono de Phoenicia es 8884-8546. En su muro de Facebook tienen el menú con las ofertas del mes.

Buffalo Joe. Las alitas llegaron a nuestro país, se pusieron de moda y ya nunca se irán. Por dicha. Son una comida de mano de gran sabor, con el plus de ser compartible. Y, si la comida se comparte con nuestros amigos y familia, sabe mejor.

Nos gustan las alitas de Buffalo Joe tanto como sus salsas. Las salsas son inseparables de las alitas, aunque se pidan por aparte. Al final, harán la romería por nuestra boca juntas, unidas hasta el fin.

Una de las partes fundamentales de las alitas, como sucede con el pollo frito en general, es el empanizado. Debe mantenerse crujiente un buen rato, aportar sabor (en la piel es donde se concentra el sabor) y ayudar a que la carne no se seque y esté jugosa. Las alitas de Buffalo Joe cumplieron con estos parámetros. No solo llegaron muy bien empacadas en sus cajas de cartón, sino que se mantuvieron calientes y crujientes.

Las salsas tienen un buen nivel de espesura, se quedan en la piel del pollo, escurren lentamente y son, como decía arriba, la pareja ideal de las alitas. Me gustó mucho la de ajo y me sorprendió la de soja.

Para completar esta comida de amigos, los jalapeños poppers dieron la nota junto a los mozzarella sticks, los apios, zanahorias y su buen salsa ranch. Todo un coro afinado de sabores para encender la diversión y la alegría en la casa, y hacer babear de envidia a los invitados por Zoom.

¿Cómo ordenar? Buffalo Joe tiene el ADN del servicio exprés y ofrece varios canales de comunicación: www.buffalojoe.com, el teléfono 4033-3317 y Uber Eats.

La Tacopedia. Lo dije y lo repito: ¡Viva La Tacopedia, cabrones! Es el restaurante mexicano que vino a cambiarlo todo: acercó los tacos al pueblo, a sus amigos; derribó el muro elitista, y apostó por servir sabor, cantidad y calidad a buen precio en sus taquizas.

No tengan miedo: comprobé que el producto exprés es tan bueno como el de restaurante.

Disfrutamos al almuerzo una taquiza de diez, mixta, de carne al pastor y de cochinita (mi favorita por siempre), con tan generosa porción de carnes que tuve que echar mano del paquete de tortillas que estaba en la refri. Aun así, quedó carnita para el omelete del día siguiente.

Todo estaba ahí: el limoncito; las tortillas de gran sabor y buena textura, ideal para tacos; la cebollita; el generoso culantro. Todo empacado en papel aluminio y biodegradable. Fue un pecado gozoso, goloso, guliento, gordiente. Así son los buenos tacos: sin culpas, porque los antojos y el disfrute no ameritan confesiones.

La Tacopedia está abierta, con todas las medidas de sanidad recomendadas y posibles, con sus promociones habituales –disponibles ahora en el exprés también– o para pasar a buscar.

¿Cómo ordenar? Lo mejor es llamar al 7006-6694 o consultar en su Facebook las promociones, los horarios y las plataformas. Cuentan con exprés propio para las cercanías (La Tacopedia está en La Sabana oeste, 100 este y 200 sur de Cemaco).

Kololo Ramen. Me gusta la gente que se dedica al ramen: son espíritus atormentados por la obsesión, torturados por el ansia de la perfección, poseídos por un Sísifo de la repetición que los hace maestros en el ancestral método del trabajo. Todo ese espíritu está en Kololo Ramen.

Kololo investigó con diferentes empaques hasta que dio con los adecuados para mantener la temperatura, evitar derrames indeseados en el camino y asegurar que la experiencia fuera tan buena como en el local.

Nuestra orden fue de tres tipos de ramen –vegetariano, de pollo y de cerdo–, además de kimchi de mostaza china y pepino, y sus gloriosas alitas fritas al estilo coreano.

El Janchi Gukso: suaves sabores con notas de acidez muy agradables permiten el deleite del conjunto. Los fideos de trigo son delgados, abundantes y se identifica cada bocado: aquí, el huevo en tiras; aquí, los hongos; aquí, los otros vegetales.

En el Chicken Shoyu Ramen, los fideos son igual de ricos que en los otros caldos. Los trozos de pechuga de pollo empanizados, a pesar de empaparse con el caldo, mantienen puntos crujientes; el caldo tiene como protagonista al ajo rostizado, que le suma notas acres y contundentes que se matizan con el cebollino.

El Chashu Ramen con caldo tonkotsu (a partir de huesos de cerdo, 16 horas de cocción) estuvo espectacular: chispazos dulces, ácidos y acres, gracias al ajo rostizado, contundente y grasosito, con un umami que coloniza todo el paladar y se queda en el posgusto durante un buen rato. Los fideos de firme sabor, el verde del cebollino les aporta contraste de sabores ferrosos y frescura. La panzada del cerdo, insuperable, con pequeñas chispas crocantes, suave como mantequilla, buena mordida y notas dulces por la salsa BBQ, alegre en el paladar (el cerdo nos da siempre alegría). Los hongos oreja y shiitake son otro contraste de sabor y textura.

La joya de la corona del Shashu Ramen es el huevo ajitama: se marina durante largas horas en la salsa de soja y adquiere sabores y texturas inimaginables. Los kimchis, tanto el de mostaza china como el de pepino, muy bien logrados. Anímese a probarlos con la mente abierta para que descubra un nuevo mundo.

Por último, las alitas al estilo coreano, con su tradicional doble fritura que eleva el crocante a otro nivel, fueron tan buenas como en el restaurante

¿Cómo pedir? Llame al 2228-2816, consulte su muro de Facebook (donde también avisan de sus promociones) o pida por Uber Eats y otros medios de mensajería o para pasar a recoger.

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Alberto Gatgens es periodista y chef. Su perfil en Facebook e Instagram es El Gastronomista.